La sombra de la desigualdad de género se extiende sobre el deporte. Afecta a gran escala por la falta de visibilidad, subvenciones, promoción y a los mismos equipos directivos. Pero también a la práctica de ejercicio físico. Y por ende, en la salud. Un informe publicado en el estadounidense Journal of Public Health acaba de revelar cómo la desigualdad de renta afecta a la práctica deportiva de ellas. Aunque no a la de ellos.

El estudio ha recabado datos de más de 350.000 adultos en Estados Unidos y ha asociado la desigualdad económica con una menor práctica de ejercicios aeróbicos, estiramientos y todo tipo de ejercicios. Los datos resultan extrapolables y no sorprenden a la psicóloga y consultora deportiva Ainhoa Azurmendi, que sitúa las raíces del problema en la infancia: “El deporte se fomenta en los niños desde pequeños, desde la misma forma en que se les invita a explorar el espacio, con mayor libertad. La práctica de deporte espontáneo está reservada para ellos”. Para Azurmendi, esta situación se ve por ejemplo en los gimnasios, donde “ellas copan las clases dirigidas, mientras que apenas están en las zonas de máquinas o en las pistas” o en la calle,  donde la práctica también es espontánea.

La práctica de deporte espontáneo está reservada para ellos desde pequeñitos”

La desigualdad en la renta entronca sin embargo con la asunción de otras responsabilidades. El estudio apunta al aumento de horas de trabajo, los cuidados de familiares y el número creciente de hogares con las mujeres como cabeza de familia con el problema, que desliza la falta de recursos hacia una falta de tiempo. “Los hombres siempre unen su tiempo de ocio al disfrute, mientras que las mujeres lo asocian más al cuidado de la familia”, incide Azurmendi, “cuando hay un empobrecimiento la mujer es siempre doblemente vulnerable, también en la práctica de ejercicio”.

El tiempo es, precisamente, el primer factor que los españoles aducen, en general, para no hacer deporte. Así lo dijo el 43,8% de los participantes en la última encuesta sobre hábitos deportivos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2015. Era la primera barrera a la hora de prácticar deporte, muy lejos de la falta de interés (20%) o motivos de salud (11,9%).

La recomendación, dos horas y media a la semana

El estudio alerta sobre cómo esta carencia de actividad física y su mayor pronunciación en las mujeres con menor renta puede afectar a la salud, tanto en los niveles de obesidad como de enfermedades coronarias.

La inactividad física es, según la Organización Mundial de la Salud, el cuarto factor de riesgo para la mortalidad mundial y responsable del 6% de las muertes en todo el mundo. Un factor evitable para el cuál la OMS recomienda, como mínimo, 150 minutos de actividad física moderada a la semana para los adultos.

La inactividad física es responsable del 6% de las muertes en el mundo, según la OMS

La OMS, que responsabiliza la inactividad con un cuarto de los casos de cáncer de mama y colon o el 27% de los casos de diabetes, relaciona esa práctica de actividad física con un menor riesgo de hipertensión, cardiopatías coronarias, depresión, mejora de la salud ósea y funcional, así como la clave para el control del peso.

El ejercicio como factor de desarrollo global

La revista Fortune publicó en 2015 que las 500 mujeres ejecutivas “más destacadas” habían practicado deporte en edades tempranas. También, que las niñas deportistas gozan de mayor movilidad social, mejor desempeño académico y menos propensas a las adicciones a las drogas. Y también que tres de cada cuatro mujeres con historial deportivo progresan más fácilmente en el ámbito laboral. “Se establece un doble círculo virtuoso entre educación y participación laboral femeninas respecto a la inserción saludable en el deporte”, decía sobre ello un artículo publicado en la revista de la Universidad Autónoma de México y liderado por el investigador del Laboratorio de Psicología del Deporte, Rodrigo Dosal.

Las 500 ejecutivas “más destacadas” por Fortune habían practicado deporte en edades tempranas

Dosal recoge en el artículo como la igualdad en la práctica deportiva está también en la agenda de las instituciones internacionales como parte del desarrollo. “La ONU reconoció en 2015 la importancia del deporte en el desarrollo global y en especial para transferir el poder decisorio a las mujeres. Su nueva agenda, de 2030, reconoce explícitamente la contribución potencial del deporte al mejoramiento social”. Una agenda que, sin embargo, solo funcionará, reflexiona el investigador, “si se combinan acciones como la promoción del deporte femenino de las instituciones con otras como las ayudas al trabajo doméstico”.