El alegre estruendo que provoca medio centenar de niños irrumpe cada día a las cuatro de la tarde en esta casona a las afueras de Villalba (Madrid). Unos cincuenta chicos, de entre seis y 17 años, hacen allí lo que la mayoría hace en casa: deberes, risas, estudio, merienda, alboroto, amigos, juegos. Sin embargo, aquí no vive nadie, es uno de los centros de Día que SOS Aldeas Infantiles tiene en España para la “prevención y fortalecimiento familiar”.

Con camiseta azul, mochila al hombro y una tímida sonrisa entra Adrián, de 15 años. Lleva en El tomillar algo más de tres años, aunque por allí nadie diría que es el mismo chaval que entró en 2014, cuando “vivía en su mundo y apenas hablaba”, como recuerda ahora su madre y corroboran los educadores.


Vídeo: G. M. Piantadosi | C. Castro

El objetivo de estos programas es evitar que los padres pierdan la custodia de sus hijos

Los padres de Adri, Mariane y Pepe, cruzaron con él la puerta del centro en un momento complicado de sus vidas, asfixiados por los problemas económicos y al borde de la exclusión social. Porque este centro, al que llegan niños siempre acompañados de sus familias, tiene como objetivo último evitar que los padres pierdan la custodia de sus hijos. “Creemos que el niño debe crecer en un ambiente protector y con una familia que le quiera. Nuestro objetivo es que esos niños no pasen a sistemas de protección y tengan que salir de sus familias”, explica David López, director de los Centros de Día de Madrid.

De la protección a la prevención

López dirige los programas que SOS Aldeas Infantiles denomina de “prevención y fortalecimiento familiar”. La ONG, que este año cumple medio siglo en España, incluyó en 1994 esta línea de actuación que complementaba a la protección de sus aldeas (que funcionan como casas de acogida). Los datos de partida eran más que contundentes y lo siguen siendo: uno de cada tres niños en España en 2017 está en riesgo de pobreza o exclusión social y, cada día, 37 niños son víctimas en nuestro país del maltrato infantil en el ámbito familiar: más de 13.800 menores al año.

Uno de cada tres niños en España en 2017 está en riesgo de pobreza o exclusión social

Con estos nuevos centros, el objetivo era actuar antes y mantener a los niños con sus familias a través de una atención integral, tanto económica, como educativa y social. “Las familias que llegan aquí suelen tener problemas económicos pero no sólo, están al límite de la exclusión y necesitan reforzar su capacidad parental. Cubrir sus necesidades económicas básicas es el principio necesario para que puedan pensar en la educación de sus hijos y mejorar como familia”, explica López.

En 2014, Pepe llevaba ya unos seis años en paro y Mariane solía encadenar alguna suplencia como auxiliar de clínica. Los problemas se acumulaban en una casa en la que, a veces, no entraban más de 150 euros al mes. Con un alquiler de 500. “Adri ha llegado a ir al colegio con una manzanilla caliente y cuatro galletas porque no tenía para leche”, recuerda Mariane. La llegada de los recursos de SOS Aldeas Infantiles fue el respiro que necesitaba esta familia para empezar a poner en orden su vida.

En casa de Adri entraban a veces 150€ al mes con un alquiler de 500€

Como el resto de familias, la de Adri también llegó a El tomillar derivada de los Servicios Sociales del municipio. Ellos proponen a la ONG a la familia, que tras ser evaluada comienza a recibir la ayuda material consistente en una asignación económica quincenal, un lote de alimentos, productos de higiene y ropa para los pequeños. Pero tras la cobertura de esas necesidades básicas comienza la verdadera implicación de SOS Aldeas Infantiles. Los niños se integran en el programa y van cada día a hacer la tarea, merendar y participar en talleres en los que tratan desde habilidades sociales a concienciación sobre la naturaleza o higiene. Mientras, sus padres reciben atención individualizada y colectiva en forma de talleres para mejorar sus capacidades parentales y fortalecer su familia.

Esa parte de la atención, precisamente, la que eligen Pepe y Mariane cuando les preguntan con qué se quedan de estos cuatro años. Él asegura que ha aprendido a entender mejor a su mujer, “a tragar más que antes. Antes a lo mejor te ibas por ahí… ahora te quedas”, esgrime él, “entender mejor a Adrián”, apunta ella.

La crisis no ha terminado para estos centros

Las cifras dicen que la economía crece, el número de desempleados disminuye… pero la salida de la crisis también ha aumentado el número de pobres – y de ricos. La realidad es que López, cuando se le pregunta si sus centros han notado la salida de la crisis, responde que la ONG sigue aumentando su demanda. “El empleo va mejorando poquito a poco, pero con empleos que no son estables y sueldos precarios… esas familias siguen necesitando nuestro apoyo”, añade.

¿Han notado estos centros la salida de la crisis? “La demanda sigue aumentando”

De hecho, en los últimos cuatro años la ONG ha abierto 10 nuevos Centros de Día, hasta los 21 que operan actualmente. En el próximo año, además, está prevista la apertura de otros dos, en Oviedo y Palma de Mallorca. En el total de los centros, se atendió en 2016 a 1.153 niños y 586 familias.

Otra de esas familias es la de Pamela. Ella llegó a El tomillar con 14 años, procedente de Paraguay y sola en España junto a su madre. “Al principio estaba nerviosa porque no estaba acostumbrada a estar con gente, pero obtuve mucho apoyo, nos apoyaban en el colegio pero también nos enseñaban a salir adelante”, recuerda esta joven, que desde los 18 lleva en los programas de jóvenes. “Ahora nos apoyan en lo emocional, en temas de trabajo… me han ayudado a orientarme y a buscarme qué hacer”, añade Pamela, que de momento está en el paro, como más del 40% de los jóvenes españoles, más del triple que la media de la OCDE.

‘Espacio de cambio’ para niños expulsados

Cuando la expulsión del colegio es “un regalo”, poco puede hacer por el chico pasar dos semanas fuera de clase. Al llegar a clase les cuesta aún más recuperar el ritmo y las recaídas son frecuentes. Una realidad a la que SOS Aldeas Infantiles también ha querido atacar y ha sido precisamente el Centro de Villalba el primero de España en poner en marcha Espacio de Cambio. Un programa para niños expulsados, que les atiende para ayudarles a no perder el ritmo pero, sobre todo, a cambiar su actitud frente a lo ocurrido y buscar soluciones.

“El perfil de los que llegan aquí expulsados [llegan derivados de los institutos y con la autorización de sus padres] son chicos con muy baja motivación, que rechazan el sistema educativo y carecen de normas y límites, por lo que la expulsión para ellos es un regalo”, explica Mª José De Arriba, la educadora responsable del programa, al que acuden cada año entre 25 y 30 alumnos expulsados de los institutos de la zona. Aunque en los últimos años han tenido que ampliar la atención también a primaria, ante la proliferación de casos.

El programa para niños expulsados busca cambiar su actitud ante la escuela

“Aquí trabajamos con ellos de forma individual, por un lado les ayudamos en la tarea para que no pierdan el ritmo, pero por otro trabajamos con ellos en habilidades sociales: analizar por qué  han sido sancionados, qué les ha llevado a ese comportamiento… y a tener alternativas para resolver los conflictos de una manera positiva”, añade De Arriba. El resultado de los programas se ve en el número de chicos que consiguen que no repitan, y que es del “70 al 80% o incluso del 100%” en algunos cursos.

Pero este “Espacio de cambio” tiene aún otra utilidad. Los educadores analizan si estos niños pueden estar, junto a sus familias, también en riesgo de exclusión social para integrarlos dentro de sus programas. Un análisis que arroja un resultado positivo, “el 30% de los niños pasan con sus familias a los programas de prevención y empiezan a acudir al centro”, afirma De Arriba.

El 80% de la financiación de estos centros procede de la propia ONG

Tanto éste como el resto de programas que se desarrollan en torno a los centros de Día de Madrid son financiados en un 80% por la ONG, que contó para los tres centros en 2016 con un presupuesto de 600.260 euros. “El 80% de la financiación es propia, hay convenios con las Administraciones públicas pero, por ejemplo, en el caso del Ayuntamiento de Villalba no llega a cubrir el 3%”, dice López. El total de niños atendidos en la Comunidad de Madrid fue de 574 niños y 171 familias en 2016, una cifra que llegó a los 1.153 niños y 586 familias en los 21 centros de España.

Tras una tarde en El Tomillar, es fácil ver que si una palabra se repite cuando hablan Pepe, Mariane o Pamela, esa es “familia”. Algo que no solo se transmite en sus palabras, sino también en el abrazo que Pamela le da a David al llegar al centro después de algunos meses, o en la alegría compartida con Magdalena, una de las educadoras del centro, cuando Pepe cuenta que este mes ha comenzado un trabajo con vistas de estabilidad. La razón, del otro lado, la apunta López: “Nunca les juzgamos, nunca les cuestionamos. Siempre les apoyamos, les acompañamos, les hacemos reflexionar. Desde la escucha y la preocupación. Para nosotros, escucharles decir que somos su familia es una razón para irnos contentos a casa”.