Aún no hay evidencia científica suficiente, pero los últimos estudios publicados sobre la enfermedad de Covid-19 están constatando ciertas deficiencias sensoriales en la mayor parte de los pacientes positivos, tales como la pérdida del olfato (anosmia), así como la de gusto (disgeusia).

«Según los datos que se manejan, entre el 30 y el 85% de los afectados por el nuevo coronavirus presentan alteraciones de olfato y de gusto. Aunque aún no existe evidencia científica suficiente, se espera que el SARS-CoV-2 afecte a la capacidad olfativa de forma similar a otras anosmias virales», afirma el otorrinolaringólogo especializado en olfato de la Unidad de ORL del Hospital Ruber Internacional (Madrid), el doctor Adolfo Toledano.

Desde la Sociedad Española de Neurología (SEN) recuerdan que la anosmia es un síntoma frecuente en las infecciones respiratorias víricas distintas a la Covid-19, especialmente cuando van acompañadas de mucosidad nasal. «Por eso, en el seno de un proceso catarral característico, se le suele prestar poca atención al entenderse como un síntoma habitual», mantiene.

No obstante, la entidad científica llama la atención sobre el hecho de que durante esta pandemia se está verificando que muchos pacientes presentan esa pérdida del olfato y del gusto, y además en muchas ocasiones «de forma abrupta», y asociada en un mayor o menor grado a los síntomas de la Covid-19.

Por su parte, la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC) advierte de que en el caso de la enfermedad provocada por el SARS-CoV-2, la Covid-19, esta pérdida de olfato es «particular», ya que no está asociada a rinorrea o a una inflamación de la mucosa nasal.

Los datos obtenidos hasta ahora no permiten confirmar con exactitud el origen de las alteraciones del olfato y gusto en pacientes con Covid-19

No obstante, según insiste el doctor Toledano, los datos recopilados no permiten confirmar con exactitud el origen fisiológico de las alteraciones del olfato y del gusto en pacientes con Covid-19, por qué se producen estas alteraciones sensoriales. En este contexto, este experto avisa, eso sí, de que el gusto está muy asociado al del olfato, por lo que la pérdida o alteración de ambos puede suponer un impacto en la calidad de vida de las personas, ya que se ven disminuidas sus ganas de comer.

Precisamente, este experto participa en una investigación, junto con la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, para valorar la pérdida de olfato y de gusto, y su relación con la Covid-19 durante el estado de alarma, recogiendo hasta más de 500 muestras de afectados por esta sintomatología.

El otorrinolaringólogo especializado en olfato avanza que, tal y como sucede con las anosmias virales, que provocan la pérdida completa de la capacidad olfativa, sí se está demostrando esta pérdida sensorial y «al cabo de uno o dos meses» se empiezan a percibir distorsiones del olfato.

«Esa fase, que puede prolongarse hasta un par de meses, es muy molesta para los enfermos, pero es un indicador de buen pronóstico. Después se recupera progresivamente. Intuímos que el SARS-CoV2 no debería comportarse de manera muy distinta, pero aún faltan estudios que puedan corroborarlo», asevera Adolfo Toledano.

Estas conclusiones van en la línea de otro estudio científico, que ha sido publicado en la revista científica ‘European Archives of Oto-Rhino-Laryngology’, y en el que ha participado la SEORL junto con otras sociedades científicas europeas del ramo, que observa que cerca del 80% de los pacientes de Covid-19 refiere una pérdida total del olfato, y el 88% tiene dificultades para identificar sabores como el dulce, el salado, o el amargo, según aprecia el otorrinolaringólogo especializado en olfato.

El doctor Toledano destaca que también se ha comprobado que el 79% no presenta síntomas nasales, como obstrucción o rinorrea, que de forma común sí suelen ir asociados a la pérdida de gusto y de olfato, y como sucede en el resfriado común. «Este trabajo concluye también que existe una mayor susceptibilidad de las mujeres a desarrollar estas disfunciones», según advierte el facultativo del Hospital Ruber Internacional de Madrid, centro que acaba de ser certificado por Applus+ con el distintivo ‘Protocolo seguro frente a la Covid-19’, tras corroborar que es un espacio protegido, controlado y alineados con los estándares más exigentes frente a la pandemia causada por el coronavirus.

La buena noticia: se recupera, aunque cuesta

A pesar de todo ello la buena noticia, a juicio del doctor, es que sí se está viendo que los pacientes recuperan el olfato en la mayor parte de casos, aunque muy lentamente: «Hay pacientes que lo recuperan tras superar la enfermedad, aunque otros muchos no lo hacen hasta pasados 12 o incluso 24 meses o hasta más tiempo. Afortunadamente, el Hospital Ruber Internacional dispone, desde hace más de 10 años, de una terapia que acelera este proceso, y que es administrada por terapeutas ocupacionales especializados en anosmias neurosensoriales».

Así, todos aquellos pacientes que padezcan un trastorno de olfato y de gusto debido a causas neurosensoriales, entre ellas un virus (gripe, coronavirus, rinovirus, etc.), traumatismos (TCE, golpes o caídas), o bien por causas químicas (personas expuestas a químicos) pueden beneficiarse de este procedimiento terapéutico.

Hay pacientes que recuperan el olfato tras superar la enfermedad, aunque otros muchos no lo hacen hasta pasados 12 o incluso 24 meses»

Para ello, la terapeuta ocupacional Cristina Gómez Calero, que lidera la investigación con la Universidad Rey Juan Carlos, ve imprescindible que desde el servicio de Otorrinolaringología se derive a este tratamiento rehabilitador del olfato, tras una valoración de los estímulos olfativos cotidianos, y del impacto del trastorno olfatorio y gustativo en el día a día del paciente. Después, se consensuan con éste los estímulos olfativos y gustativos a priorizar, para iniciar el tratamiento terapéutico.

Una de las terapeutas ocupacionales del programa, Nieves Martínez, explica que este procedimiento se lleva a cabo usando olores cotidianos significativos para la persona, con especial atención al proceso de introducción o de retirada de unos olores u otros. Para ello, subraya que hay que tener en cuenta las capacidades cognitivas de la persona, así como su capacidad funcional, la situación emocional, y otros factores que puedan afectar al paciente.

Con todo ello, esta especialista del Hospital Ruber Internacional concluye que el paciente desarrolla unas capacidades olfatorias y gustativas en cada sesión que tendrá que aplicar en su domicilio mediante los ejercicios propuestos desde terapia ocupacional, para mejorar así su capacidad olfatoria y gustativa.