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Cataclismo adolescente, qué pasaría si cierra Instagram

Imagen de jóvenes con los móviles en la mano y un logo de Instagram desintegrándose

Zuckerberg ha amenazado esta semana con cerrar Instagram y Facebook en Europa. ¿Qué pasaría con los jóvenes? Carmen Vivas

Una hora y 20 minutos al día, 600 horas al año. Ese es el tiempo que pasan de media los jóvenes españoles sólo en Instagram, según un reciente estudio de la plataforma de control parental Qustodio. La red social forma parte de Meta junto a Facebook y ambas son las redes cuyo CEO, Marck Zuckerberg, amenazaba con cerrar en Europa esta semana.

El cataclismo fue inmediato, pero en la Bolsa. La compañía se dejaba 15.000 millones de su valoración con una contundente respuesta de sus inversores. La idea de cerrar el negocio en Europa parecía gustarles tan poco como a los 42 millones de usuarios que aúnan estas dos redes en España. 22 millones en Facebook y 20 en Instagram en diciembre de 2021. Le siguen muy de lejos Linkedin con 14 millones, TikTok con 8,8 y Twitter con 4,1 millones, según los datos de The Social Media Family y Digimind.

El cierre de las redes con las que amenazaba Zuckerberg haría por tanto desaparecer de un plumazo la vida virtual de 42 millones de usuarios solo en España. Perfiles, fotos, vídeos, miles de horas de conversación que los usuarios han acumulado en Instagram desde 2010 y en la versión en español en Facebook desde 2008. «Sería un cataclismo comparable a un terremoto», reflexiona Juan Carlos Ballesteros, sociólogo en la consultora Sociológica 3, especializada en temas de juventud. «La dependencia y el uso uso de redes sociales por parte de los jóvenes es enorme, para ellos es una parte esencial de su socialización».

Instagram, la más utilizada por los jóvenes, sería la que provocaría un peor «desastre», según el sociólogo, «muchos jóvenes tienen parte de su vida social exclusivamente en las redes sociales, allí elaboran una especie de yo digital que puede ser concurrente o diferente a su yo personal». Como explica Ballesteros, muchos adolescentes proyectan en un red social una versión de sí mismos diferente a la que ofrecen en la vida analógica. «Sin la red, se quedarían sin parte de su identidad y de sus formas de expresión», añade.

Esa identidad, además, está en los adolescentes en plena construcción y proceso de consolidación. «Durante este periodo, el grupo de iguales y las relaciones sociales desempeñan un papel protagonista. De ahí que la incursión y expansión masiva de las redes sociales tenga gran importancia en el desarrollo de los adolescentes», explicaba en The Conversation la psicóloga Mónica Moreno, de la Universidad Antonio de Nebrija.

Es comparable a si a los adultos nos quitasen el teléfono o los bares

Ricard Castellet, responsable de transformación digital

Y es que mientras que para los adultos las redes sociales pueden representar un entretenimiento más, para los jóvenes «forma parte de su marco relacional, su día a día pasa inequívocamente por comunicarse en redes sociales, aunque para los mayores sea más difícil entenderlo. Es comparable a si a los adultos nos quitasen el teléfono o los bares, aquellos lugares donde me relaciono», afirma Ricard Castellet, sociólogo y responsable de transformación digital en Gebro Pharma.

Parece indudable que los jóvenes viven en las redes sociales – especialmente en Instagram y con Tik Tok en auge – y que sufrirían la retirada repentina de sus perfiles y datos. «Perder un perfil, como si te suplantan la identidad en una red social, puede tener bastante impacto. Es la ventana por la que ves el mundo, lo que deseas ser o alcanzar, el usuario tendrá una sensación de pérdida y de vacío», explica Abel Domínguez, de Domínguez Psicólogos, quien recuerda que «muchos jóvenes sin ser influencers dedican mucho tiempo al contenido que suben a las redes, hay gente que lo mide, lo cuida y lo edita porque busca aparecer de la mejor manera posible. Esos jóvenes sentirían que están perdiendo parte de su identidad».

Coincide la socióloga Verónica Jiménez Grassi con que «si les quitaran Instagram les quedaría una sensación de soledad y aislamiento, porque en muchos casos tienen unas relaciones que son exclusivas de ese medio, perderían conexión», explica la socia del Colegio Profesional de Ciencia Política, Sociología, Relaciones Internacionales y Administración Pública de la Comunidad de Madrid.

Una emigración rápida

La amenaza de Zuckerberg haría temblar las manos adolescentes que sujetan los dispositivos pero, opinan los expertos, por tiempo limitado. «Los jóvenes tienen infinidad de recursos para seguir creando impacto a través de las redes sociales, hay muchas redes más allá de Meta, como TikTok, Youtube o Telegram, y si no se crearían nuevas», plantea Myriam Fernández Nevado, socióloga y consultora internacional en temas de infancia.

La consultora minimiza la amenaza del impulsor de las primeras grandes redes sociales: «Lo de Zuckerberg lo veo más una llamada de atención a la desesperada que algo con un impacto real. Hay un actor social mucho más importante que las plataformas y son los jóvenes, ellos son los que tienen el know how de la creatividad, de lo que quieren. A los jóvenes no les importa el medio, les importan ellos».

De igual manera, Castellet cree que «rápidamente los usuarios migrarían a otras redes aunque en primera instancia se quejaran, para ellos esto es su entorno y estarían en otras redes igual que están en otros entornos como los juegos, es muy importante el gaming social».

Un camino sin vuelta atrás

En lo que coinciden Castellet, Fernández Nevado y también Ballesteros es en que, más allá de lo que hiciese Zuckerberg, el camino de las redes sociales no tiene vuelta atrás. «Lo que no es posible es quedarse sin redes, volver 20 años atrás. Sería un acto de totalitarismo inadmisible para mucha gente, una catarsis social», apunta Castellet. «Sería imposible que desapareciesen ahora las redes sociales porque aunque sean quienes más las utilizan no solo están los jóvenes, está ya la mayoría de la población y no solo se hacen relaciones personales, también laborales», añade Ballesteros.

«A cada generación se le asocia una tecnología. Las redes sociales son la de los jóvenes ahora, la anterior pudo ser el teléfono y la próxima quizás la robótica o los chips. Pero esta es la vida de los jóvenes y es impensable que desaparezca».

¿Y los problemas que se eliminarían?

Sería factible pensar que un mundo sin redes sociales eliminaría los problemas que más frecuentemente se asocian a éstas. La adicción, los trastornos relacionados con la imagen corporal o el bullying encuentran a veces el entorno idóneo para proliferar en las redes. El problema no es menor, sugiere Castellet, «es necesario ponerlo en el debate. En las redes sociales hay discriminación, adicciones, ataques y otros problemas que se dan en ellas y en el mundo real. Pero no por cerrar estas redes se va a acabar el problema».

Ballesteros cree que «el discurso de dependencia a las redes sociales está un poco exagerado. No quiere decir que no haya casos pero para la mayoría de los jóvenes que hace un uso saludable de las redes sociales, no generan ningún problema y por tanto no creo que haya ninguna ventaja en que desaparecieran».

De la misma manera cree Fernández Nevado que «esto son patologías sociales que sufren los jóvenes igual que lo hacen con otras como el alcohol u otras drogas donde la tecnología no interviene. Pero solucionar el problema no va de cerrar redes sociales sino de educación e información».

Aquí la socióloga apunta directamente a las familias. «Hay que formar en el uso del instrumento y esto tiene que venir de la familia, porque es ésta la que da el móvil, no el colegio. Y aquí los padres tienen que tener clara su labor de educación y de supervisión. Qué es eso de que los padres no pueden violar las comunicaciones de sus hijos, por encima de eso está el deber de cuidado y de protección del menor, y el dispositivo puede estar poniendo en peligro su salud».

En un mundo, por tanto, en que la vida sin redes sociales ya no se contempla, los expertos subrayan la necesidad de fortalecer a los jóvenes para esas relaciones en el marco digital. «Lo que queda es regulación y educación, igual que las normas sociales rigen en un lugar público o un bar, en las redes sociales hay que comportarse de una determinada forma y que los jóvenes conozcan bien sus peligros. Igual que enseñamos matemáticas o a conducir, hay que mejorar esa enseñanza en el uso de las redes», concluye Castellet.

Esa formación será clave en un entorno digital del que no parece que vayan a desaparecer ni Facebook, ni Instagram al menos de momento. Pues pocos días después de las amenazas de Zuckerberg la compañía reculaba. «Ni amenazamos ni queremos irnos de Europa», aclaraban en un comunicado.

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