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¿Tienes vejiga hiperactiva? Ponla en forma con estos impresdincibles consejos

El cambio de hábitos, la fisioterapia y la electroestimulación del suelo pélvico e incluso la activación de un nervio del tobillo nos pueden ayudar a resolver este incómodo síndrome

Los ejercicios de suelo pélvico representan la primera línea de tratamiento para abordar el síndrome de vejiga hiperactiva. MangoStar / Freepik

La International Continence Society (ICS) define el síndrome de vejiga hiperactiva como la asociación de los síntomas de urgencia a la hora de miccionar (cuando tienes ganas de orinar y no puedes esperar) y el aumento de la frecuencia miccional (polaquiuria) con o sin incontinencia urinaria de urgencia (IUU), y en ausencia de patología local, es decir, de otras enfermedades asociadas. Para resolver este trastorno, bastante frecuente en nuestra sociedad, es fundamental el tratamiento rehabilitador. Lo explica la doctora Carmen Urbaneja Dorado, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de la Unidad de suelo pélvico del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

Un primer paso es reconocer cuáles son los factores de riesgo que reúne el paciente, entre los que se encuentran el estreñimiento, la obesidad o el tabaquismo, o de hábitos que aumentan las ganas de orinar como el consumo de cafeína o teína. El especialista debe explorar el número de veces que se produce la micción y la ingesta de líquidos, así como las circunstancias de las pérdidas de orina. Para ello, «contamos con una valiosa herramienta de recogida de estos datos que se denomina diario miccional, diseñado para realizarse durante tres días», apunta la doctora Urbaneja.

Reeducación vesical

Tras esta primera fase de estudio, comienza una segunda fase de reeducación vesical o miccional. Tal y como señala la Asociación Europea de Urología (EAU), representa la terapia de primera línea para adultos con vejiga hiperactiva.

  • Realizar micciones pautadas: vaciar la vejiga a intervalos regulares, por ejemplo, sistemáticamente cada dos horas, tengamos o no deseo miccional, para ir ampliando este intervalo progresivamente.
  • Usar técnicas de inhibición de la urgencia para, de alguna manera, tranquilizar la vejiga entre micciones con el objetivo de disminuir el número total de micciones y de episodios de incontinencia urinaria a lo largo del día.
  • Realizar modificaciones de conducta con una ingesta correcta de líquidos; lo adecuado es que oscile entre 1,5 y 2 litros de agua al día, que se deben distribuir adecuadamente en pequeños volúmenes a lo largo de la jornada. A partir de media tarde se recomienda restringir la ingesta de líquidos con el fin de disminuir el número de micciones nocturnas.

Fisioterapia del suelo pélvico

La siguiente fase implica el tratamiento de fisioterapia del suelo pélvico. Esta zona anatópica presenta «un sistema interrelacionado de huesos, músculos, fascias-ligamentos y órganos. Por ello, el tejido conectivo es un elemento constitutivo fundamental y el más vulnerable en el caso de lesiones. Se encuentra situado en la zona inferior del tronco, cerrando la anatomía del mismo por la parte inferior. Soporta, sujeta y sostiene los órganos abdominales, sobre todo los órganos pélvicos», detalla la experta de la Fundación Jiménez Díaz.

Una lesión en alguna de las estructuras que componen el suelo pélvico puede afectar a órganos como la vejiga, la uretra, el recto, la vagina o el útero, produciendo dolor o disfunciones en el aparato urinario, el tracto intestinal y en la función sexual. Para evitarlo, la fisioterapia resulta fundamental. La doctora Urbaneja señala tres ejes de tratamiento: los ejercicios Kegel, la terapia conductual y la electroestimulación.

Kegel, primer nivel terapéutico

Los ejercicios de la musculatura de suelo pélvico (EMSP) datan de 1948 y fueron creados por el doctor Arnold Kegel. Su objetivo es restaurar el tono y la función de la musculatura perineal laxa mediante horas de trabajo sobre los mismos, entre 20 y 40 horas de ejercicios progresivos de resistencia repartidos entre 20 y 60 días. Es el tratamiento de primera línea de la vejiga hiperactiva, aunque no es el único capaz de abordar sus síntomas. La farmacología juega un papel importante como segunda línea de tratamiento.

Con los EMSP se busca inhibir la urgencia miccional. Los ejercicios se realizan en diferentes posiciones. Es importante coordinarlos con la respiración y evitar contraer los músculos adyacentes como abdominales, glúteos y aductores. La supervisión del tratamiento y el aumento de intensidad aportan mayor beneficio. El principal problema que influye negativamente en los resultados es la mala adherencia a los ejercicios por falta de motivación del paciente, sobre todo si no es supervisado.

Biofeedback, un complemento muy útil

Biofeedback (BFB) es un tipo de terapia conductual que permite trabajar de una manera precisa sobre una determinada musculatura, pudiendo diferenciar un lado sobre otro. El objetivo principal es localizar, potenciar y relajar la musculatura mediante un estímulo visual o auditivo que sirve de feedback para disociar la musculatura del suelo pélvico del resto de músculos cercanos que pueden llegar a contraerse de forma sinérgica al activarlos.

El BFB puede ser un complemento adicional muy útil. Para aplicarlo se pueden utilizar electrodos de superficie que se colocan en zonas concretas de la musculatura perineal o intracavitarios (sondas vaginales adecuadas para problemas de suelo pélvico anterior y sondas rectales para problemas de suelo pélvico posterior).

La eficacia de la electroestimulación

La electroestimulación (EES) está indicada sólo para algunos casos de vejiga hiperactiva. Consiste en la aplicación de una corriente eléctrica no dolorosa, similar a la que emiten los nervios de nuestro cuerpo, sobre una zona determinada de la anatomía, provocando la contracción del músculo tratado. 

Está indicada para estimular a baja frecuencia los nervios del suelo pélvico, inhibiendo así las contracciones involuntarias del detrusor y produciendo un efecto relajante sobre ella. Con la EES, entre el 60 y el 70 por ciento de los pacientes obtienen una mejoría en los síntomas, y entre el 30 y el 50 por ciento quedan libres de ellos.

Una cura a través del tobillo

Estimulando un nervio en el tobillo se puede conseguir que, de manera retroactiva, se produzcan acciones sobre la musculatura del suelo pélvico y la vejiga. Tras el abordaje fisioterapéutico, los especialistas pueden considerar la neuromodulación del tibial (NMT). La estimulación de este nervio en la zona medial del tobillo logra que, de forma retrógrada, se estimulen las raíces del plexo sacro, relacionadas con el control visceral y muscular del suelo pélvico, produciendo una inhibición de las contracciones del detrusor.

La NMT se realiza mediante la inserción de una aguja de acupuntura o un electrodo de superficie. Las sesiones duran 30 minutos, y se programan semanalmente durante un periodo de 12 semanas. Se pueden realizar sesiones de recuerdo en el caso de producirse empeoramiento de los síntomas.