La tortilla de patata tiene un lugar fijo en la cocina española, ya que la encontramos en los desayunos, en la comida de familia, en las barras de bar y en las cartas de restaurantes. El hecho de que sea un plato muy sencillo contrasta con la multitud de detalles que marcan la diferencia en el resultado final. María Lo, ganadora de MasterChef, nos trae algunos trucos para lograr la mejor versión de este plato tan nuestro. El corte de la patata o el tipo de aceite y el fuego o el momento de cuajar determinan que la tortilla sea buena o realmente jugosa. En ese camino hacia la textura perfecta, pequeños gestos técnicos son fundamentales y hacen que mejoren el plato sin que este se vuelva complicado.

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El secreto de la tortilla de patata jugosa

Uno de los pasos más inusuales que se realizan en el hogar consiste en dejar la patata frita reposar en el huevo batido porque, de este modo, la patata absorbe humedad, se empapa bien con el huevo y pierde parte de la sequedad adquirida con la fritura. La diferencia se nota en el interior, que queda más untuoso, más unido, sin zonas secas o tortilla cruda.

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Textura uniforme

El reposo, además, ayuda a una mejor integración de todos los ingredientes antes de pasar a la sartén. La mezcla se va haciendo más homogénea y hace que el cuajado sea más regular. De este modo la tortilla conserva su jugosidad desde el centro hasta el exterior de la tortilla y proporciona una experiencia más equilibrada en cada cata.

Una tortilla de patata con más sabor

La cebolla aporta dulzor y profundidad al conjunto cuando se cocina lentamente, esto es, cuando se deja evaporar el agua de la cebolla, con un control cuidadoso del fuego y pequeñas cantidades de agua durante la cocción para que no se queme ni se oscurezca en exceso, de manera que se obtiene una cebolla crujiente, brillante y de un sabor redondo que acompaña a la patata sin enmascararla.

Ingredientes sin saturar

La chistorra y el queso, una alternativa a la tortilla de patata tradicional, por un lado, rellenan de matices potentes la tortilla. La chistorra, que cocinaremos aparte, desmenuzada, otorga a la tortilla un importante grado de grasa y mucha jugosidad. Mientras que el queso, cortado en dados pequeños y que se derretirá a lo largo del cuajado, proyecta unos pequeños puntos de cremosidad en su interior. La relación entre ambas es clave para no ocultar el gusto del bocado principal, que es la patata.

El proceso final de la tortilla de patata

El proceso de la receta comienza con las patatas troceadas, limpias y chascadas ya que se fríen a temperatura media en bastante aceite, permitiendo que se hagan por dentro y no se doren en exceso. Una vez fritas lo conveniente es escurrirlas bien para eliminar la grasa antes de mezclarlas con el huevo.

Cuajado preciso para un interior meloso

Al agregar la patata a la mezcla que contiene el huevo, la cebolla y los demás ingredientes a añadir (opcionales), la mezcla ya está lista, y debe reposar durante unos minutos. El cuajado, cocido con un fuego controlado y sin prisas, permite que el calor haga lentamente su trabajo. En consecuencia, cuando se ha dorado el exterior, el interior queda suave, cremoso y debidamente ligado.

Gracias a los consejos de María Lo, el resultado es la obtención de una tortilla de patata jugosa, en la que el sabor es intenso y la textura es agradable. Funciona como plato principal, tapa o pincho, por lo que encaja a la perfección a cualquier momento del día. Este enfoque demuestra que la tradición tiene cabida con pequeños cambios que sublima un clásico sin perder su esencia, manteniendo viva una de las recetas más queridas, típicas por otra parte de la gastronomía española.