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SOS, mi hijo se toca: cómo hablar a los niños de sexualidad sin morir en el intento

La psicóloga y sexóloga Mamen Jiménez habla con humor en 'Yo te lo explico' de cómo reaccionar y gestionar la masturbación infantil o cómo ayudarles a prevenir abusos sexuales.

Dos niñas sonríen con las manos en la boca.

Cómo hablar con los niños de sexualidad sin morir en el intento. Unsplash

Muchos adultos de hoy crecieron pensando que los niños los traía una cigüeña desde París. Hablar de sexo en la mayoría de las casas era directamente una quimera. Las cosas han cambiado desde entonces pero, como asegura Mamen Jiménez, alias la psicomami, aún queda mucho camino por hacer: «Antes se negaba la sexualidad infantil, porque se veía desde una noción adulta, por las creencias, en general el tema no estaba sobre la mesa. Ahora queda mucho por hacer pero empezamos a ser conscientes de la necesidad de abordar el tema en casa».

Para saber qué, cuándo, cómo y dónde hablar de «eso» con tu peque, la psicomami acaba de publicar Yo te lo explico (Oberon), un manual con mucha psicología, sexología y humor para ayudar a los padres a saber por qué se masturban los niños, cómo prevenirles contra los abusos sexuales, cómo gestionar si sus hijos les preguntan cómo se fabrican los niños o incluso si les pillan intentándolo: «El coito o que les pregunten si ellos lo hacen son algunos de los hits de descomposición para los padres. Por eso lo primero que les recomiendo es que reflexionen primero sobre ellos mismos, sus miedos y tabúes, qué quieren comunicarles a los niños… que a veces decimos cosas que según las decimos nos damos cuenta de que no van con lo que queremos transmitirles».

Sexualidad infantil vs adulta

Para poder abordar la sexualidad de los niños lo primero que hay que entender, según la psicomami, es que no es igual que la adulta. «Es absolutamente exploratoria, egocéntrica y sin significado, es decir, sin erótica. Los niños no tienen excitación al ver un estímulo erótico o hacia otra persona. Los niños van descubriendo las sensaciones que les produce su cuerpo y especialmente los genitales, como son agradables, pues siguen explorando. Todo ello muy ligado al cariño, a los besos de mamá, a quién le doy abrazos, a con quién tengo deseo de proximidad… Por eso hablamos de educación afectivo sexual», explica.

Jiménez compara el cuerpo de los niños con un parque de atracciones. «Desde el momento en que pasan por primera vez la mano por delante de sus ojos y la sienten empieza la fiesta de las sensaciones. La piel y su cuerpo es el soporte biológico que les permite conocer el mundo, los pequeños sienten con todo su cuerpo y los genitales, desde que los tocan cuando no tienen puesto el pañal, también. El clítoris tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas y el glande más de 5.000 la sensación es intensísima», explica, «pero en ellos no tiene sentido hablar de zonas erógenas porque todo su cuerpo es una fiesta de sensaciones.

Que los niños se toquen es un hito del desarrollo

Por eso, ningún padre debe extrañarse de que desde los 18 meses, explica la psicóloga, los niños tengan interés por tocarse los genitales. Lo importante, explica, es saber cómo reaccionar. «Lo primero es no entrar en pánico, porque a veces al ver este tipo de conductas, si nos falta información, podemos pensar que los niños han podido ver algo o que les haya pasado algo… No, los niños se tocan, algunos más o menos, igual que a algunos les gusta más el brócoli y a otros menos. Es normal, es un hito del desarrollo como el aprender a andar o hablar».

¿Cómo actuar? «No reír, no enfadarse, no juzgarles y no ridiculizarles», explica la psicomami, «porque si les regañamos les estamos transmitiendo la sensación de que tocarse esa parte de su cuerpo que le produce unas sensaciones tan agradables es algo que está mal y ese no es un buen mensaje. Además, si les reprimimos le estamos transmitiendo que su cuerpo no es suyo y que tiene que hacer lo que un adulto les diga que tienen que hacer, y eso no es bueno tampoco para la prevención de los abusos sexuales».

Lo que sí se puede decir a un niño que está tocándose hablarles de privacidad e intimidad. «Les podemos decir ‘cariño, te estás tocando, ¿te gusta? ¿sí? Perfecto. Es tu cuerpo, disfrútalo. Pero las personas cuando nos tocamos nuestras partes privadas lo hacemos en el dormitorio, solitos y agustito», cuenta Jiménez. «Para que entiendan la privacidad es fácil hacer la comparación con el desnudo; lo hacemos en la calle, pero no en casa».

En definitiva, la psicomami recomienda «acompañarles sin censura y con seguridad, que lo hagan con las manos limpias, que se laven las manos o que no utilicen objetos o juguetes con los que se puedan hacer daño».

Cómo prevenir los abusos sexuales

Hablar de la sexualidad con naturalidad en casa es la primera herramienta para prevenir los abusos sexuales, según la psicóloga y sexóloga: «Si en casa no lo tratamos, lo evitamos o lo censuramos, ellos perderán información de calidad y la recibirán fuera, donde puede ser información extraña o negativa. La regla de oro es hablar en casa y eso hay que sembrarlo desde que nacen, no se puede hacer con 15 años lo que no se hace antes».

Los niños han de entender también que su cuerpo es suyo y de nadie más. «Hay que empoderar a los niños y la ducha es un buen momento para explicarles cuáles son sus partes privadas, boca, culo o vulva, por ejemplo, y que sepan que nadie más que ellos las puede tocar. Para eso puede ser bueno por ejemplo cuando se van haciendo algo mayores, irles pidiendo permiso por ejemplo para enjabonarles. Porque hay que tener en cuenta que un gran porcentaje de los abusos se da en el seno familiar y por eso hay que tener cuidado», explica.

La psicóloga aboga porque el niño tenga «una red de seguridad», de entre tres y cinco adultos con los que no tenga secretos. «Es muy importante lo de obligar a dar besos, aunque sea con los abuelos… Si les forzamos les transmitimos el mensaje peligrosísimo de que su cuerpo no es suyo y hay que tener cuidado, porque el adulto puede jugar a ese mismo juego, “no me vas a dar un abrazo o un beso… con lo que yo te quiero?». La sexóloga aboga por ofrecer a los niños alternativas como tirar el beso o que les guiñen un ojo.

El porno no es sexo igual que 2Fast2furious no es conducir

Últimos estudios hablan de que los niños acceden al porno cada vez a edades más tempranas, incluso desde los ocho años. Evitarlo es «intentar ponerle puertas al campo» para Jiménez, que sin embargo afirma que los padres pueden «darle al niño herramientas para que se expongan lo menos posible» y ayudarles a entenderlo.

Si ya lo han visto, lo primero que aconseja Jiménez es preguntarles. «Sin interrogatorios policiales, porque si no no vendrán más, hay que averiguar qué han visto, qué efecto ha tenido en ellos. Y después lo más complicado, darles contexto. Explicarles que eso que han visto se llama pornografía, que es algo que hacen los adultos pero que no es sexo. El problema es que si no se les explica pueden creer que el sexo es eso, y no lo es, igual que pueden ver 2fast2furious y eso no es conducir. Es ficción», apunta.

No tener miedo a contar demasiado

Para la psicóloga nunca es demasiado pronto para hablar de sexualidad a los niños. «No hay que tener miedo a darles más información de la cuenta a los niños porque ellos se quedan con lo que necesitan. Si hablas más te das cuenta de que de repente han desconectado», explica.

También aboga por darles información amplia. «A veces cuando hablamos de dónde vienen los niños solo pensamos en el coito pero también se les puede hablar de cómo lo pueden hacer los médicos en un laboratorio o de los niños adoptados».

Y si no sabemos de lo que nos hablan… «A veces nos pueden decir algo de lo que no sepamos siquiera qué es. Hay que tantearles a ver qué creen que es o qué saben, responder siempre aunque sea un no lo sé y un vamos a buscarlo juntos. Nunca una mala reacción, lo importante es ser padres preguntables», concluye.


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