Educación | Sociedad

Iniciarse en el sexo con porno "es como aprender a conducir viendo 'Fast and Furious'"

Ante la falta de una fuente de información que instruya en el respeto mutuo, en la autonomía y en la igualdad, los jóvenes convierten a la pornografía en profesora

Los niños están habituados a acceder al entorno digital desde los 7 años. Entran en páginas web de su interés para responder las dudas que les abordan y, en algunas ocasiones, se topan con imágenes que no son aptas para su edad. El 51% de los jóvenes se exponen de forma involuntaria a contenidos sexuales y violentos al realizar búsquedas en páginas web o al descargar archivos que vienen acompañados de material inapropiado para la infancia, según un informe Violencia Viral, análisis de la violencia contra la infancia y la adolescencia en el entorno digital de Save the Children.

Cuando los más pequeños tienen preguntas relacionadas con el ámbito sexual y afectivo, ante la falta de una fuente de información que instruya en el respeto mutuo, en la autonomía y en la igualdad, convierten a la pornografía en profesora y «empiezan a educarse con unos referentes confusos y dañinos», tal y como afirma para El Independiente Cristina Sanjuán, técnica de violencia contra la infancia de Save the Children. Normalmente, los menores tienen su primer contacto con el sexo hacia los ocho años, aunque «la media de consumo habitual suele estar en torno a los 14 años en niños y a los 16, un poco más tardía, en niñas», declara la psicóloga Vanessa Rodríguez.

La media de consumo habitual de porno suele estar en torno a los 14 años en niños y a los 16, un poco más tardía, en niñas»

Vanessa Rodríguez, psicóloga

El porno que suelen consumir es el llamado porno mainstream, es decir, aquel al que acceden de forma gratuita y a través de una simple búsqueda. Toman como referentes a los protagonistas de un contenido «irreal, violento, basado muchas veces en la desigualdad de poder», indica Sanjuán, en el que además, en muchas ocasiones, el consentimiento brilla por su ausencia. Esto «puede afectar a la propia construcción del deseo sexual y a cómo entienden las relaciones personales», señala la experta de Save the Children.

Este tipo de pornografía de masas representa «a un hombre cis [persona cuya identidad de género está alineada con el sexo que le asignaron al nacer], heterosexual y blanco», y retrata «la representación de su placer», expresa la periodista y escritora especializada en sexualidad Noemí Casquet, que aclara que éste «se ha normalizado como el porno que nos tiene que gustar a todo el mundo», cuando realmente «debería ser específico para un tipo de fantasía» concreto.

Yo tuve una clase de Reproducción en la que nos enseñaban los órganos internos y, obviamente, el clítoris ni aparecía»

Noemí Casquet, periodista

Los niños empiezan a asumir como normales «ciertos patrones en el sexo, como que a nosotras nos encanta el sexo anal y que no necesitamos ningún tipo de preparación», así como «la falta de consentimiento o que para ellos es importante que el pene esté siempre súper duro y que eyaculen en ciertas zonas del cuerpo de la mujer, porque nosotras estamos siempre dispuestas», sostiene la escritora de la trilogía de novelas eróticas compuesta por Libres, Malas y Zorras, por lo que, reflexiona, el placer de las mujeres «queda relegado a un segundo lugar».

Aunque cada vez las mujeres consumen más pornografía, todavía no llegan a las tasas de consumo de los hombres. El 33,1% de los hombres busca este tipo de contenidos de «forma activa» -es decir, no llegan a él a través de ventanas emergentes, por ejemplo, sino a través de una búsqueda-, mientras que, en el caso de las mujeres, sólo el 17,4% accede de esta manera.

A pesar de que el cine mainstream para adultos exhibe el trato vejatorio hacia la mujer, Casquet se aleja de la idea de que este tipo de porno ‘cree’ a nuevos violadores: «Señalar al porno es dejar de señalarnos a nosotros como sociedad, cuando seguimos perpetuando las acciones de abuso, acoso y maltrato y los roles de género».

Campaña del Gobierno de Nueva Zelanda acerca del consumo de porno entre los niños.

«A la pornografía se le ha dado un papel que no le corresponde. Es como si de repente aprendiéramos a conducir viendo Fast and Furious. Tú nunca has visto conducir y, de repente, te sacas el carnet viendo esa película», compara Casquet, que hace además una analogía entre la ficción de la cinta protagonizada por Vin Diesel y la del porno: «Tienes unas expectativas de velocidad, competición, adrenalina, fuerza y de esos pedazo de coches. Cuando te ves conduciendo un cochecito en un atasco en la M-30 con un calor que te cagas, dices: ‘¡Vaya mierda, esto no es Fast and Furious!'».

Necesitamos programas de educación sexual completos y actualizados en la escuela, para ayudar a los adolescentes a tomar decisiones inteligentes con respecto al sexo y la pornografía»

Erika Lust, directora de porno independiente

Durante sus primeras experiencias sexuales, la perspectiva «distorsionada» que habían asumido los adolescentes a través de la pornografía se viene abajo y se encuentran con que las relaciones «no son ni tan frecuentes ni de tanta duración», sostiene el psicólogo Gerardo Castaño. Esta situación puede llegar a producirles «una decepción muy grande», que desencadenaría ciertas «disfunciones y problemas de eyaculación precoz». Al no ver cumplidas sus expectativas, «se van a generar muchos complejos que van a dificultar la forma de relacionarse con el otro íntimamente», indica el psicólogo, dado que «en la pornografía se diluye mucho todo lo que es el papel de la intimidad, la emocionalidad y el vínculo con el otro, y se centra en la mecánica más básica de las relaciones».

Noemí Casquet asegura que «todos sabemos que Fast and Furious es entretenimiento y que no podemos conducir de esta forma». Sin embargo, para unos jóvenes ansiosos de conocimiento en este campo, el porno se convierte en casi la única fuente de conocimiento, ya que, por lo general, las instituciones educativas no informan sobre sexo y, cuando lo hacen, llega «tarde y mal».

Lust, pionera en el movimiento de la pornografía feminista, hace hincapié en la necesidad de que se instauren «programas de educación sexual completos y actualizados en la escuela para ayudar a los adolescentes a tomar decisiones inteligentes con respecto al sexo y la pornografía».

«Yo tuve una clase de Reproducción en la que nos enseñaban los órganos internos y, obviamente, el clítoris ni aparecía. A los 16 años, tuve otro contacto con la educación sexual reglada, cuando me llevaron a la Cruz Roja y me enseñaron con un palo de plástico a poner un preservativo», además de explicarle qué eran las ITS [Infecciones de Transmisión Sexual] y «el embarazo no deseado, que era mi responsabilidad como mujer y persona gestante, porque la del otro no iba a ser», recuerda la periodista. «¿Qué pasa con el placer, con conocer mi cuerpo, con la interacción, con el consentimiento y con la gestión emocional?», se pregunta retóricamente Casquet.

A su vez, la cineasta refleja la importancia de que «los padres hablen con sus hijos e hijas y tengan una conversación abierta sobre sexualidad y porno». Vanessa Rodríguez recomienda que deben proporcionarles «información de calidad sobre el sexo seguro e igualitario» e incide en la importancia de una «comunicación afectivo-sexual coordinada con todos los agentes educativos». «También en casa hay una escuela», indica Cristina Sanjuán.

Es indispensable explicarles a los menores que su cuerpo es suyo desde muy pequeños»

Vanessa Rodríguez

Los adultos tienen que hacerles ver a los niños que con el porno en internet ocurre lo mismo que con otras disciplinas, dado que «también se encuentra mucha desinformación», asegura Gerardo Castaño. «Los adolescentes no tienen constancia de que lo que ellos ven a lo mejor de forma inconsciente no puede ser tan inocente visto desde otros ojos», afirma Rodríguez, y alerta de que los pedófilos y pederastas «están usando muchísimo las aplicaciones que utilizan los menores con total inocencia por su parte, como pueden ser Instagram, Tik Tok o alguna app de esas características».

«Es indispensable explicarles a los menores que su cuerpo es suyo desde muy pequeños, porque nos encontramos con que muchas veces los abusos sexuales se cometen en el propio entorno familiar. Desde muy pequeños es importante enseñarles qué partes son suyas, qué partes son íntimas, qué partes no se tocan e irles facilitando información de acuerdo a su edad de lo que se debe hacer, de lo que no, de lo que tienen que respetar y de lo que no pueden consentir», expresa la psicóloga.

Con la información no termina el problema. Los niños y adolescentes siguen teniendo acceso a internet. Si los padres observan que sus hijos están comenzando a hacerse adictos a los contenidos pornográficos, «lo ideal es intentar de alguna forma cortar con la fuente», dice Castaño, para lo que recomienda «trabajar con filtros parentales». Dado que no se trata de prohibir el uso de internet, sino de enseñarles a navegar bien, Rodríguez recomienda que cuando los menores «usen los dispositivos, lo hagan en sitios de tránsito y no en habitaciones cerradas, que tengan unos límites horarios, revisar las páginas en las que ellos entran y tener un diálogo fluido sobre con quién hablan».

El porno de las niñas

Noemí Casquet considera que «la pornografía siempre ha sido algo que consumían los tíos». Por el tipo de cine que normalmente se produce, las mujeres «no vemos representado nuestro placer» y no se activan «nuestras neuronas espejo», que son aquellas que hacen que nuestro cerebro reaccione cuando ve a una persona realizando una acción, como ocurre se ‘contagian’ los bostezos.

Hay una gran falta de películas que retraten la seducción, la química, el juego, el consentimiento mutuo y la comunicación en el sexo»

Erika Lust

Si las neuronas espejo de muchas mujeres no se activan porque el cine para adultos tiende a reflejar el placer de los hombres, «¿para qué vamos a ver pornografía?», se cuestiona la periodista. «De ahí que muchas mujeres vean porno lésbico, porque su placer sí que está representado, aunque sea mainstream también», dice Casquet, que insiste en que «no encontramos una ficción que represente lo que a nosotras nos gusta».

No obstante, el cine independiente de productoras como las de Erika Lust, XConfessions y LustCinema, puede convencer a quienes aún no han encontrado algo que vaya con ellos. Con él intenta «retratar relaciones sexuales sexy, divertidas y respetuosas, donde el consentimiento se muestra claramente y tanto las mujeres como los hombres son conscientes de su poder y de sus límites en el sexo» y busca alejarse de «una sesión ‘mecánica’ de cómo ‘debería ser’ el sexo«.

«Hay una gran falta de películas que retraten la seducción, la química, el juego, el consentimiento mutuo y la comunicación en el sexo. El sexo no es sólo un acto mecánico centrado en los genitales. Puedes tener sexo hardcore con respeto y confianza, al igual que puedes tener sexo casual que es juguetón y lento», expresa esta directora, que afirma que quiere «hacer un porno con el que me sentiría cómoda mostrándolo a mis hijas», para que puedan conocer una alternativa al «porno estereotípico de los sitios gratuitos, que la mayoría de las veces es sólo nocivo en lugar de sexy«.

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