Política

Sexo, el "hecho biológico" que enfrenta a Carmen Calvo con las 'queer' de Podemos

Irene Montero, este miércoles en el Congreso. EFE

Sexo y género. TERFs, radfems y la importancia de la I en unas siglas. Son ingredientes de la próxima gran batalla en el seno del Gobierno de coalición, que une con hilo a Carmen Calvo con J.K.Rowling, la autora de la saga Harry Potter, y a Irene Montero con Emma Watson, que en la ficción cinematográfica actuaba como Hermione. Es una guerra internacional por la supremacía dentro de los movimientos feministas y LGTBI, con voces mediáticamente poderosas en las trincheras. Se disputará también en Moncloa y amenaza con tensionar tanto a la coalición como a los partidos que la componen. Más al PSOE que a Podemos.

Pablo Iglesias sacaba pecho esta semana por la aprobación en Consejo de Ministros del anteproyecto de la nueva Ley de Infancia. Un texto que a buen seguro no sobrevivirá intacto a su trámite parlamentario. La espada de Damocles socialista pesa sobre algunos artículos, como el 9.3, que dice que «los niños, niñas y adolescentes tendrán derecho a que su orientación sexual e identidad de género, sentida o expresada, sea respetada en todos los entornos de vida, así como a recibir el apoyo y asistencia precisos cuando sean víctimas de discriminación o violencia por tales motivos».

La redacción abre la puerta a la libre «autodeterminación sexual», un concepto que genera malestar en un amplio sector del PSOE, encabezado por Carmen Calvo como secretaria de Igualdad de la Comisión Ejecutiva Federal de los socialistas. Ese es el contexto en el que Ferraz emitió esta semana un argumentario a sus cargos en el que carga contra este y otros postulados de la ‘teoría queer’, mayoritariamente implantada en Podemos, aunque el partido no establece ninguna relación directa entre la aprobación del anteproyecto y el envío de este texto. El escrito acompañaba a un comunicado firmado por la propia Carmen Calvo, José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.

«Estamos en contra de los posicionamientos que defienden que los sentimientos, expresiones y manifiestos de la voluntad de la persona tienen automáticamente efectos jurídicos plenos. El denominado ‘derecho a la autodeterminación sexual’ carece de racionalidad jurídica», dice el argumentario de los socialistas. A quien acusan de carecer de ‘racionalidad jurídica’ es por tanto a Podemos, que ha defendido esta ‘autodeterminación’ en varias propuestas registradas en la pasada legislatura, entre ellas la ley LGTBI y el propio germen de la Ley Trans.

La del PSOE es una postura firme que no casa con el mencionado artículo de la Ley de Infancia, cuando dice que la identidad de género sentida o expresada debe ser «respetada en todos los entornos de la vida». No, al menos, sin un proceso previo reglado, pautado y sostenido en el tiempo. Requisitos que son percibidos como trabas desde los colectivos, que reclaman su eliminación en la futura ‘Ley Trans’ que Pedro Sánchez se comprometió a aprobar en su investidura, pero que anticipa graves choques con Unidas Podemos.

El sexo y las ‘TERF’

El texto del PSOE también incidía en la descripción del sexo como un «hecho biológico» irrebatible que divide a hombres y mujeres y que sienta las bases de la discriminación desde el nacimiento. «El sexo con el que nacen las mujeres determina su lugar en el mundo», añade el argumentario, que achaca al sexo y a los genitales de nacimiento situaciones como la mutilación infantil, las bodas forzosas, la asignación de tareas desde edades tempranas o la desigualdad económica y laboral. «Si se niega el sexo, se niega la desigualdad que se mide y se construye en base a este hecho biológico», dice el escrito de los socialistas.

En el comunicado, los altos cargos del partido critican la «utilización y confusión, en ocasiones interesada de algunos conceptos fundamentales en el feminismo como son el sexo y el género». También que «hay teorías -concretamente la teoría queer- que van ganando terreno en el mundo académico y activista y que niegan la existencia del sexo biológico, por lo que desdibujan y difuminan la realidad de las mujeres».

Es una crítica que hace por escrito el PSOE, pero que está extendida en círculos amplios del feminismo que denuncian el borrado del concepto biológico de «mujer» a base de fórmulas como ‘personas menstruantes’. Desterrar el sexo para atender sólo a la construcción del género autopercibido -mujer es quien se siente mujer- y legislar únicamente en base a él, denuncian estos sectores, sepulta la lucha de las mujeres bajo una maraña de causas minoritarias con intereses cruzados.

Que el PSOE haya asumido esta postura -cuyo debate reactivó esta semana la escritora J.K. Rowling, para enfado de Emma Watson– en un documento interno ha generado un terremoto en el colectivo. La Federación Estatal LGTB, la asociación más numerosa de España, señalaba al partido por «atentar contra la dignidad de las personas trans» y acusaba directamente a Carmen Calvo de hacer prevalecer dentro de la formación los postulados de las TERF. Unas siglas que significan «feministas radicales transexcluyentes», de uso común en las discusiones sobre el asunto, aunque quienes las reciben prefieren nombrarse a sí mismas como feministas clásicas, radicales o con la fórmula anglosajona radfem.

La reacción del ‘ala Montero’ del Gobierno no ha sido ni lenta ni discreta. Este jueves, la cuenta oficial de la Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI tuiteaba la bandera del colectivo trans junto al texto: «En la sociedad por la que trabajamos, cabemos todas». Tras el revuelo inicial, la cuenta oficial añadía horas después otro mensaje: «Los derechos de las personas trans son derechos fundamentales. Lo dice la ONU, la CEDAW, el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa, el Tribunal Constitucional… y están recogidos en el pacto de Gobierno. En esta Dirección General lo tenemos claro, ni un paso atrás».

Las críticas, también desde dentro

El mensaje contra Calvo es nítido y no llega sólo desde las proximidades de Podemos. El miércoles la diputada socialista y activista trans, Carla Antonelli, estallaba en Twitter tras la filtración del argumentario. «A mi no me representa un panfleto transfóbico envuelto de seda, no emanado de ningún congreso, repugna y atenta contra la dignidad», escribía en su cuenta, recordando la intervención de Pedro Sánchez ante el Congreso en la que se comprometía a aprobar la Ley Trans en esta legislatura.

Las acusaciones de «transfobia» las cimientan los críticos del argumentario en la parte final del documento, en la que los socialistas trasladan a ejemplos prácticos la discusión teórica.

«Si basta con que un hombre exprese en un momento determinado que se siente mujer sin ninguna otra consideración:

-¿Cómo afecta a la recopilación de datos estadísticos?
-¿Cómo afecta a la ley de violencia de género? ¿Podría un hombre maltratador señalar que se siente mujer y por tanto no poder ser juzgado por ese delito?
-¿Cómo afecta a las políticas de paridad y de representación equilibrada?
-¿Cómo afecta al acceso a recursos y servicios como casas de acogida, centros de reclusión?
-¿Cómo afecta a la participación en eventos y competiciones deportivas?»

En efecto, varios de esos argumentos los han esgrimido tradicionalmente tanto la derecha como sectores de la izquierda feminista encarnada en el PFE de Lidia Falcón, recientemente expulsado de Izquierda Unida y por extensión de Podemos. También otros como la seguridad de las mujeres si personas con genitales masculinos comienzan a utilizar sus mismos aseos, o entran a convivir en sus mismas cárceles. Los colectivos trans se defienden de todas esas hipótesis asegurando que están basadas en prejuicios y que son estadísticamente marginales, aunque su implantación en el debate público es elevada.

Que el PSOE las utilice ha llevado a que parte del colectivo compare el texto de los socialistas con el polémico autobús que Hazte Oir hizo circular por varias ciudades de España: «Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen». Contra eso, la teoría queer argumenta que el sexo es No Binario y que existen otras realidades, como las personas intersexuales, aunque sean poco representativas a nivel estadístico.

El propio presidente de Hazte Oir, Ignacio Arsuaga, calificó este miércoles de «alucinante» el documento del PSOE, aunque la extraña ‘confluencia’ no tenga prácticamente ningún punto más en común. El portavoz de Vox, Jorge Buxadé, definió la polémica como un «duelo a muerte entre progres por un argumentario que dice que el sexo biológico existe y que las mujeres no son una identidad y que el discurso trans, queer e intersexual no solo es un invento sino que les desmonta el chiringuito».

Lo cierto es que ese ‘duelo’, a muerte o no, no tardará en emerger en el Consejo de Ministros, como antes han emergido otros silenciados por la pandemia. Carmen Calvo ya puso objeciones a la Ley de Libertad Sexual que el ministerio de Irene Montero se apresuró a presentar antes del 8-M. La postura respecto a la prostitución también genera fricciones recurrentes entre ambos entornos, y el debate sobre la gestación subrogada sigue latente.

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