Nutrición

Cuando las ganas irreflenables de dulce esconden una enfermedad

Ángela Quintas, química y nutricionista, publica '¿Por qué me duele la tripa?' en el que analiza las distintas causas que están tras las molestias digestivas.

Helado de chocolate.

Helado de chocolate.

En su consulta de nutrición, Ángela Quintas ve dolores de tripa desde hace más de 15 años. Esas y otras molestias digestivas que, asegura, «van en aumento por que las primeras causas de la alteración de la microbiota son el estrés, del que estamos hasta arriba; el sobrepeso, donde las cifras van en aumento, así como el consumo de fármacos como antibióticos, corticoides o antiinflamatorios».

La microbiota, el conjunto de bacterias y microorganismos que pueblan nuestro organismo y que se han dado en llamar «el segundo cerebro» es el centro del equilibrio . «Si cuidas a tus bacterias, ellas cuidarán de ti», afirma Quintas al inicio de su nuevo libro, ¿Por qué me duele la tripa? (Planeta), aunque continúa diciendo «parece muy sencillo, ¿verdad? Pues siento decirte que no lo es».

A veces, el problema puede ser difícil de diagnosticar. El síntoma puede ser tan común como las ganas de tomar dulce, eso sí, a todas horas. «La cándida es un hongo del que las mujeres tenemos un reservorio en la vagina, pero si la cándida coloniza otras zonas que no debería, como el intestino, el síntoma más claro es que tendremos ganas de comer dulce a todas horas», explica la autora. A ello se pueden sumar después otros más graves como fatiga, cansancio, ansiedad o dolores de cabeza. Además, satisfacer a la cándida provocará que ésta prolifere aún más». Cambiar la dieta y tomar antifúngicos ayudará a vencerla.

Sin embargo, si esas ganas de dulce aparecen solo por la tarde, la causa puede ser otra, como explica Quintas en su libro. «Ahí puede intervenir una bajada de la serotonina, que es el neurotransmisor del placer y responsable de la creación después de melatonina. El problema es que la serotonina se fabrica a través de un aminoácido esencial que el cuerpo no puede fabricar, que es el troptífano, y su falta puede provocar esas ganas de dulce por la tarde pero también tristeza y despertares por la falta de melatonina», relata Quintas.

Ángela Quintas, autora de '¿Por qué me duele la tripa?'
Ángela Quintas, autora de ‘¿Por qué me duele la tripa?’ Carlos Ruiz

Otro de los problemas digestivos más habituales es el estreñiminento, que puede llegar a afectar al 20% de los españoles, según datos de Dosfarma. «Tomar laxantes puede ser un parche, lo primero que hay que hacer es analizar la dieta para saber si se consumen los suficientes frutas y verduras. Si aún así persiste, se pueden tomar probióticos o en mi libro hablo de una buena combinación de semillas de chía y lino, que forman un mucílago que es una especie de moco que lo que hace es lubricar la parte final del colon».

Quintas subraya el papel de los probióticos para ayudar a mejorar las enfermedades «siempre que se tomen las cepas y las dosis adecuadas. Su eficacia está probada pero depende cómo se usen tendrán un efecto. Se pueden usar para la cándida, la gastritis o si se toman antibióticos».

La nutricionista subraya que, si no hay un problema, son útiles los alimentos funcionales. «Son alimentos que llevan ya esos probióticos, como el kéfir o el té kombucha y ayudan a regular la microbiota. Pero cuando hay una deficiencia ya hacen falta cepas específicas».

Por último son recomendables, asegura también, los llamados prebióticos. «Para que se entienda, los prebióticos son como la comida de los probióticos y reparan nuestra membrana intestinal, que es una línea de defensa contra muchas enfermedades», explica Quintas. Entre los prebióticos se sitúan el puerro, la cebolla o los plátanos.

La toma de fármacos es otra de las principales causas de la disbiosis que causa muchos de los dolores de tripa y Quintas pone el foco en uno que a veces se toma buscando el efecto contrario al que puede producir. «El omeprazol reduce la acidez de estómago y está indicado en hernias de hiato, por ejemplo. Pero lo que no tiene sentido es tomarlo porque alguien se va a dar una comilona. Ahí hay que ver si lo que estamos comiendo no es adecuado y tener cuidado, porque este fármaco puede tener efectos secundarios, como la aparición de una candidiasis…».

Quintas habla en su libro de otras consecuencias del desequilibrio de la microbiota y acompaña cada una con ideas para solucionarlo y recetas atractivas para comer cuidando la microbiota. «A veces cuando tienes que hacer una dieta y solo te dicen lo que puedes o no puedes comer resulta muy aburrido, quería proponer ideas para que la gente vea que es posible comer bien y que incluso con una patología se pueden tomar cosas que realmente apetecen», concluye.

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