Por qué no hay razones para preocuparse por la llegada del 5G en términos de salud. EP

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El 5G reaviva los temores sobre los efectos de la radiación en la salud

Salud

El 5G reaviva los temores sobre los efectos de la radiación en la salud

Llevamos 30 años rodeados de tecnología móvil y wifi. Tres décadas de debate sobre los posibles daños de la radiación electromagnética de estas tecnologías y tres décadas sin que la evidencia científica haya demostrado, a los niveles habituales de exposición, efecto dañino alguno sobre la salud.

Sin embargo, la irrupción de la tecnología 5G vuelve a despertar los temores entre algunos sectores de la población que han alertado sobre los posibles daños sanitarios de esta tecnología.

Ecologistas en Acción es una de las organizaciones que lideran la alarma. La ONG enviaba un comunicado la pasada semana en el que aseguraba que “el despliegue de la tecnología 5G se está haciendo sin evaluar sus posibles efectos sanitarios y ambientales, a pesar de los contundentes y numerosos llamamientos científicos a aplicar el principio de precaución”.

Pero, ¿tiene sentido la alerta? ¿Existen razones para preocuparse? Por teléfono desde el Congreso Internacional de Bioelectromagnetismo, que se celebra estos días en Montpellier, el profesor de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Castilla-La Mancha, Alberto Nájera López, desmiente la mayor: “La mayor prueba de que esta alarma no tiene sentido es que en este Congreso, donde están la mayoría de los expertos internacionales sobre radiación y salud, no hay alarma”.

Qué significa el cambio de 4G a 5G

El 5G es la nueva tecnología de comunicaciones móviles que va a cambiar sustancialmente la forma en la que se conectan los equipos y que está considerada una auténtica revolución tecnológica porque permitirá conexiones mucho más rápidas.

El quid de la cuestión a nivel radiación, explica Nájera, es que “la señal ya no se emite de forma dispersa, como lo han hecho el 4G y las anteriores 3G o 2G, sino que en el 5G va más focalizada y direccional”. Por tanto, la radiación ya no estará en cualquier parte del ambiente sino que fluirá a través de rayos o haces de forma controlada, para lo que necesitará más puntos – antenas – de emisión. «Va a cambiar la forma en la que recibimos la radiación pero no la cantidad. Harán falta más antenas y algunas estarán incluso dentro de los edificios. Pero al estar más cerca tendrán que ‘chillar’ menos, por lo que finalmente no se espera que haya un aumento. Además, si no estás en la dirección del foco no recibirás radiación”, explica Nájera. Así lo establecen los estudios que, hasta el momento, han recogido experiencias reales en entornos reales, ya que lo cierto es que la tecnología 5G aún está por implantar.

La tecnología 5G utilizará, de momento, frecuencias similares a las actuales, por ejemplo una utilizada hasta ahora para la televisión digital terrestre. «Es una radiación muy similar a la de la radio o la televisión, la del microondas o el propio wifi», explica Nájera, «son de las consideradas poco energéticas, menores que las de la luz visible, el mando de la televisión y por supuesto la luz del sol», añade. Sí está previsto que después, el 5G utilice nuevas bandas con más gigahercios (GHz), «pero estas tienen un poder menor de penetración en el cuerpo humano», añade.

Es cierto también que esta tecnología será la encargada de soportar la extensión del internet de las cosas, con el que se prevé que nuestras casas (y demás espacios donde habitamos) se llenen de objetos conectados. «Al ser el 5G una radiación corta y menos intensa, no se espera que aumente la cantidad de radiación. Si todos los objetos estuvieran conectados por 4G sí aumentaría la radiación, pero no con el 5G», afirma Nájera, que afirma que según un estudio de Narda Technologies, una empresa de medición participante en el Congreso de Bioelectromagnetismo que se celebra estos días, la exposición a la radiación en una casa con 20 aparatos conectados tanto en 4G como en 5G es similar.

El negocio del miedo

Nájera advierte del gran negocio que está surgiendo en torno a este miedo a la radiación, incrementado ahora con el 5G. «Existen pijamas antiradiaciones, pegatinas, todo tipo de cachivaches para protegerse», afirma el experto, que lamenta que quienes hacen negocio con esto encuentran a sus mejores víctimas en las personas con electrohipersensibles. Esta «enfermedad», que quienes padecen aseguran verse afectados por las radiaciones, no ha mostrado sin embargo ir más allá de la propia sugestión. Según las últimas revisiones sistemáticas, no se ha podido establecer una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y los síntomas que reportan los afectados. «Lo cual no quiere decir que las personas no experimenten síntomas, pero son incapaces de detectar si hay o no un campo electromagnético», añade.

Nájera denuncia también que sean los ecologistas los que muevan un mensaje de alerta contra la tecnología que la comunidad científica no comparte. «Los ecologistas utilizan información sesgada, de estudios y científicos a los que la comunidad científica que está en este Congreso está cuestionando». En cuanto al medio ambiente, Nájera reconoce que algunos estudios han relacionado el 5G con un perjuicio mayor a los insectos, aunque mantiene la cautela: «Es en estos días en los que se está intercambiando la última evidencia científica e, insisto, no hay razones para la alarma».

Como recordaba Mario Viciosa en un reportaje sobre la inocuidad de las redes wifi y móviles, la OMS, que es extremadamente cauta, considera que, en tanto es una tecnología reciente y hay estudios en desarrollo, es una radiación tipo 2B desde el punto de vista cancerígeno. Es decir, causante poco probable del cáncer, similar a la del café o los encurtidos. De hecho, tal como han mostrado en el Congreso estos días, desde el anuncio de la OMS «la Epidemiología no ha mostrado un incremento de incidencia de cáncer de cerebro ni de neuroma acústico», tal como señala Nájera.

Con estos datos sobre la mesa, Nájera incide en que «no hay razón alguna para preocuparse». «¿Para qué hay que tener precaución de algo que no ha demostrado tener riesgo? La ciencia no demuestra negaciones, no se puede demostrar que algo es inocuo. Se demuestra el efecto», subraya, a la vez que va más allá y afirma que «de quien es necesario protegerse es de quienes están haciendo negocio a costa del miedo al 5G.»

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