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Diario de una enfermera: "A una compañera le lanzaron huevos"

Salud

Diario de una enfermera: "A una compañera le lanzaron huevos"

El área sanitaria es uno de los pocos cuyos trabajadores continúan saliendo a trabajar fuera de casa, al ser uno de los sectores esenciales en la lucha contra la pandemia. Para conocer de primera mano cómo es el día a día de estos profesionales, El Independiente se ha puesto en contacto con Inés de los Reyes, enfermera tanto de centro de salud como de hospital en la Comunidad de Madrid.

En los primeros días, comenta que no notó mucha diferencia con respecto a los anteriores: «Cuando entro a trabajar por la mañana no suele haber mucha más gente, ya que salgo de mi domicilio a las siete de la mañana». El momento en el que empezó a percatarse de que gran parte de la población estaba recluida en sus hogares, fue al subir al autobús, ya que se pasó de haber unas veinte personas a solamente tres, aproximadamente. Sin embargo, «los días que voy de tarde, hay bastante movimiento».

Una vez en el autobús, entre las medidas de seguridad se incluye la mampara que protege a los conductores, y el aislamiento de los dos asientos grandes que hay al principio, que «están precintados para que la gente no se pueda sentar». Además, tanto en el autobús, como en el tren y el metro, la gente intenta mantener la distancia. La enfermera cuenta que en los asientos de cuatro suele ir sentada normalmente solo una persona. En relación al personal de seguridad que hay en el transporte público, «los días de la semana pasada en los que se repartieron mascarillas, había agentes del UME o miembros de la Policía. Pero ya no hay nadie».

En el hospital «todo el mundo lleva mascarilla, trabajes donde trabajes». Inés de los Reyes trabaja en el servicio de urgencias, «que era el foco principal», y nos cuenta que han montado unas taquillas para que los sanitarios se cambien «sin pasearse por todo el hospital». Los que no disponemos de taquillas, «nos acercamos a la lavandería para dejar el pijama sucio y cambiarlo por uno limpio».

Por su parte, en el centro de salud las cosas «han cambiado más». Desde una semana antes de que se declarase el estado de alarma, «cancelaron todas las consultas y se crearon nuevas agendas: enfermera de respiratorio, triaje, visitas a domicilios… ha cambiado por completo la forma de trabajar», comenta.

Cuando alguien llega al edificio, debe permanecer en la puerta donde le espera un enfermero o enfermera que pregunta al paciente «el motivo de su visita». En caso de que tenga un problema respiratorio, se deriva a una zona que le lleva directamente al médico que «tiene el EPI». En caso de acercarse por otra razón, pasa a la consulta médica normal o a la urgencia. La enfermera recalca que «han aumentado las agendas de teléfono, y se va a los domicilios de las personas mayores de 70 años con patología cardíaca».

Cuando Inés de los Reyes llega a casa, inmediatamente comienza a quitarse «zapatos, abrigo y ropa», los deja en la puerta y «su madre los recoge y mete en la lavadora a una temperatura de 60 grados». A diferencia de los trabajadores que han sido víctimas de posibles delitos de odio protagonizados por sus vecinos, no ha recibido ninguna carta invitándole a que cambie de vivienda.

En relación a estos casos, dice que «afortunadamente son pocos, pero se hacen notar. Hacen daño y llegas al punto de desear que tus vecinos no sepan donde trabajas». Dentro de este «acoso» que están recibiendo algunos trabajadores que están en la primera fila de la lucha contra la epidemia , recuerda que «a una compañera del centro de salud le lanzaron un par de huevos». Ella defiende que esto no es sinónimo solamente de mala educación, sino que refleja el aburrimiento de algunas personas.

Por otro lado, Inés de los Reyes sostiene que hay gente que hace todo lo contrario, «que anima a sanitarios o a trabajadores de supermercados. Están las dos versiones, pero la que hace más daño, es más molesta y negativa», concluye.

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