Cada vez estamos más cerca de la «nueva normalidad». La fase 3 (y última) se ha estrenado este lunes en 13 comunidades autónomas (y Melilla) y una de las actividades que vuelven a estar permitidas es el ocio nocturno en las discotecas. Eso sí, con algunas restricciones: de momento no se no se puede bailar (al menos en las pistas de baile, que se pueden usar sólo para colocar mesas) y el consumo en la barra tendrá que garantizar los dos metros de separación. Las terrazas tendrán que ocuparse, como máximo, al 75% de su capacidad.

Esas son las medidas planteadas finalmente por Sanidad y que no contemplan otras propuestas como la de poner cuadrículas en las pistas de baile o la restricción a vasos de un solo uso, que había planteado el Instituto para la Calidad Turística Española y habían rechazado asociaciones empresariales del sector.

De todas las actividades que vuelven, la del ocio nocturno es «la que más les preocupa» a las enfermeras

En cualquier caso, esta reapertura – y su difícil aplicación – ha despertado la alerta en sanitarios como los que representa el Consejo General de Enfermería (CGE), que han advertido que, de todas las actividades que vuelven, la del ocio nocturno es «la que más les preocupa». «El ambiente allí puede ser propicio a que las personas bajen la guardia, sobre todo la gente joven que está relajándose más a la hora de cumplir las normas y recomendaciones en este proceso», ha dicho el presidente del CGE, Florentino Raya, en un comunicado.

Comparte la preocupación el experto en Medicina Preventiva Xavier Xercavins, quien cree que «aunque falten evidencias, está la lógica. El contacto entre la gente joven en las discotecas va a ser inevitable y en un espacio cerrado y en esas condiciones, un solo portador puede pasarlo a toda la sala».

El médico, perteneciente a Doctoralia, cree que ante la necesidad de ir reabriendo espacios públicos la única solución es la higiene continua y las mascarillas. «Hay que fomentar que la gente joven lleve siempre las mascarillas en las discotecas, promocionar las de diseño para conseguir que se mantengan puestas. Y la higiene continua, los dispensadores de gel hidroalcohólico tienen que estar en los espacios y en la calle al igual que las papeleras. Es la única manera de controlarlo», incide.

En la misma línea recuerdan las enfermeras que el distanciamiento social (evitar el saludo físico, ni besos ni apretones de manos y mantener al menos dos metros de distancia), el lavado de manos frecuente y el uso de las mascarillas son las medidas más eficaces para hacer frente al virus. «Es importante apelar especialmente a la responsabilidad individual de todas las personas que vayan a disfrutar de los locales de ocio nocturno para que, en beneficio de todos, sigan todas las recomendaciones».

Las protestas de los padres: «La nueva normalidad se olvida de la infancia»

La noticia de la apertura de locales de ocio nocturno también ha encontrado la objeción de padres y profesionales en redes sociales, donde se ha denunciado que mientras vuelven las discotecas, los niños continúan sin colegio y sin poder acudir a los parques infantiles. «La nueva normalidad se olvida de nuevo de las familias y de la infancia. Pero ¡tranquilas! Podemos irnos de discoteca hasta las 3 de la madrugada. Y nos lo queríamos perder… #EstoNoEsConciliar«, ha dicho Laura Baena, líder del club de Malasmadres.

También ha criticado las medidas en twitter otros pediatras y divulgadores como Carlos Casabona, Alberto García Salido o José Ramón Fernández, que se preguntan por qué no se está priorizando la actividad infantil.

En la misma línea denunciaba esta «marginación» el psicólogo Alberto Soler, que cree que los niños son los «grandes olvidados» mientras se priorizan otras actividades para adultos. «Falta previsión en cuanto a la vuelta a las escuelas, a los comedores escolares, no se menciona la apertura de parques ni de medidas específicas para un grueso tan importante de la población».

Una apertura para la que, sin embargo, tampoco se pueden olvidar los riesgos. En este sentido, desde el Consejo General de Enfermería advierten también del «riesgo añadido» que entrañan los columpios infantiles. «Nosotros no entramos en el orden con el que se deben desplegar las actividades pero desde el punto de vista técnico pedimos que, para cuando se abran, las familias contemplen los riesgos y tomen las medidas adecuadas. Porque los columpios conllevan un riesgo añadido, los niños lo tocan todo y sabemos que el virus permanece activo en las superficies», indica María Fernández Elorriaga, técnica del Instituto de Investigación del CGE.

Xercavins coincide en ese riesgo añadido de los columpios aunque también lo ve «en otras actividades permitidas como los juegos con la pelota, que al pasar por la superficie puede también hacer que el niño entre en contacto con el virus». Por ello, el experto apuesta también por «la vuelta a los columpios pero con desinfección continua y con esterilización frecuente de los columpios. Requiere recursos pero es la única forma de hacerlo con seguridad y el coste de no prevenir puede ser mayor», concluye.

Para Soler, además, los niños soportan el «el estigma de ser grandes contagiadores, sin existir a día de hoy evidencia al respecto» y están viendo cómo «el resto de actividades sociales pasan por delante de sus necesidades. Cada vez vemos más los efectos que esto está teniendo en los pequeños: problemas de ansiedad, de depresión, obsesiones y compulsiones, conductas regresivas… Es necesario un cambio de enfoque para que el precio que están teniendo que pagar no sea tan elevado», concluye el psicólogo.