Ante la aparición de rebrotes fomentados por personas que «se saltan las normas», se están tomando «decisiones a la ligera» como la restricción de la movilidad y el contacto de aquellos que viven en residencias. En una entrevista que ha concedido a El Independiente la vicepresidenta de la SEGG (Sociedad Española de Geriatría y Gerontología), Lourdes Bermejo, ha explicado que, en función de la Comunidad Autónoma, las residencias están decidiendo las restricciones a la hora de permitir o no las visitas a los residentes, o la salida al exterior de los mismos.

«Si una persona no está incapacitada legalmente y es tan dueña de sus actos como podemos serlo nosotros, ¿por qué no va a poder salir», denuncia Lourdes Bermejo. Critica, además, que «unos puedan estar en la calle, donde no cumplen las recomendaciones, poniéndose en riesgo a sí mismos y a los demás, y que la solución sea confinar a los mayores». Es por ello que la geriatra subraya que el relativo cierre de las residencias tiene un coste de salud, de bienestar físico y psíquico de personas que llevan aisladas desde marzo. «Para ellos, el sufrimiento es muy grande».

Entre los efectos negativos que pueden sufrir los ancianos, está el deterioro físico, puesto que muchos han dejado de andar y puede que no vuelvan a hacerlo, o que, incluso, se caigan. «En caso de que se tropiecen, pueden fracturarse la cadera y quedar limitados de por vida». Por el lado contrario, hay personas con total movilidad que pueden tener el ánimo por los suelos, lo que puede derivar en una depresión o una situación de abandono en la que no hacen nada. «Hay tantas personas diferentes, que las consecuencias pueden ser varias».

Hay que proteger la salud de las personas que tienen más riesgo de mortalidad por el coronavirus

Lourdes Bermejo, Vicepresidenta de la SEGG

Más allá de sus dolencias, las personas mayores que viven en residencias tienen las necesidades de todos: «Además de las básicas, desean que su vida tenga sentido, y ese sentido es, normalmente, ver a sus familiares y amigos». Lo que da más bienestar y placer a los ancianos es reencontrarse con sus seres queridos, quienes tienen un papel «vital» en sus vidas. Lourdes Bermejo expone que, si no pueden hacer esto, es posible que sufran secuelas a nivel afectivo y psicológico. «Recordemos que el aislamiento supone distanciarnos de las personas a las que queremos».

Al haber multitud de tipos de ancianos, la geriatra no quiere olvidarse de aquellos que tienen deterioro cognitivo y no pueden comprender por qué no reciben visitas. Estas personas, simplemente, «creen que les han abandonado».

La importancia de proteger a las personas con más riesgo de mortalidad

En estos meses de confinamiento, ha habido un descenso «muy importante» en los aportes de vitamina D, la cual se sintetiza y genera por el contacto con la luz natural. Ahora que muchos españoles han aprovechado para ir de vacaciones y disfrutar de las terrazas, entre otras cosas, los ancianos han podido salir más tiempo a tomar el sol, lo que les permite «reestablecerse física y psíquicamente».

Sin embargo, si ahora cierran las residencias, que es cuando «mejor estamos», «¿qué va a pasar cuando llegue el invierno?», reflexiona Lourdes Bermejo. Considera que limitar las visitas y salidas en residencias es una medida «sencilla» y, que, en su lugar, habría que testar a residentes y trabajadores en caso de rebrotes.

«Hay que proteger la salud de las personas que tienen más riesgo de mortalidad por el coronavirus», exige la geriatra. Sin embargo, considera que esto no se conseguirá aislando a gran parte de la población. «El sistema sanitario tiene que evitar que estas personas se contaminen y eso solo se consigue con una atención sanitaria adecuada. Nuestra primera obligación es proteger la salud e integridad física de las personas, y eso no se conseguirá tomando el camino más sencillo».

Lourdes Bermejo pide que se hagan tests a las personas con más riesgo de mortalidad y, si es necesario el aislamiento, que sea «fuera de la residencia». En cuanto haya un caso, habría que llevar a ese enfermo a otro equipamiento para no contagiar al resto. Y es que, los contagios en los centros de cuidados «son muy rápidos», ya que «el personal no puede distanciarse, ni tiene los recursos de protección».

No niega que puede que haya que cerrar, en algún caso, pero pide que esta no sea una «medida genérica», puesto que es como «volver a confinarnos todos otra vez» y, «¿quién querría un confinamiento de nuevo? No puede ser que parte de España esté de vacaciones y el resto sufriendo».