La calle Alcalá marca la divisoria entre una zona con movilidad restringida y otra sin restricciones

La calle Alcalá marca la divisoria entre una zona con movilidad restringida y otra sin restricciones Ignacio Encabo

Salud

Calle de Alcalá, frontera invisible del coronavirus en Madrid

“¿No puedo cruzar la calle Alcalá?”. Una señora de edad avanzada está a punto de saltarse el confinamiento perimetral que decretó el pasado domingo la Comunidad de Madrid. Va a cruzar la emblemática calle de Alcalá a su paso por Ciudad Lineal, una calle que tiene en su acera sur las zonas básicas de salud de Daroca y Doctor Cirajas -sometidas a restricción de movilidad desde este lunes- y, en su acera norte, la zona de Quintana que está libre de confinamiento. 

La mujer tiene dudas, la mayoría de los vecinos las tienen. La Comunidad fija las primeras 48 de este confinamiento como «informativas», no pondrán las sanciones que se han fijado entre los 600 y los 600.000 euros a quien cruce esta calle sin justificación. A la vista de las dudas de los vecinos de Ciudad Lineal se necesita mucha información. La policía en la calle de Alcalá, durante la realización de este reportaje, no ha intervenido, los viandantes cruzaban la calle de un sitio a otro sin problema, con las prisas de un lunes- los que tenían prisa- y con la tranquilidad de los que echan la mañana haciendo la compra en el super. 

Un señor que va con su carrito de la compra no quiere que le grabemos, pero no pierde la oportunidad de despotricar sobre la gestión de Ayuso: “Ahora vamos a estar peor que en el confinamiento, no vamos a poder ir a la compra: ¡Si los supermercados están al otro lado de Alcalá!”, señala mientras se dirige decidido a cruzar el perímetro del confinamiento.

Quienes sí conocen las medidas se han procurado los permisos necesarios, como un señor que tiene cita en una clínica de implante capilar, “me han dado un certificado”, afirma. El señor es escéptico con las medidas: “esto va a ir a más”.

Calle Alcalá
Las entradas de metro de El Carmen y Pueblo Nuevo se reparten a un lado y otro de la calle de Alcalá. Una parte está confinada y la otra no. Rafael Ordóñez

En la cola del centro de salud

En el Centro de Salud Daroca una chica espera en una larga fila en la que se puede llegar a permanecer cerca de dos horas: “A mi me parece que tenían que confinar en todos los barrios, no me parece que sea una medida buena. Si van a confinar, que confinen todo». Su deseo es que haya “más medios en atención primaria y que contraten a más gente”.

Por delante de ella en la cola del centro de atención primaria un hombre, que lleva hora y media de espera y calcula que le quedan otros 30 minutos, tiene claro que el confinamiento se levantó muy rápido: “Ha habido mucho cachondeo y fiestas sin mascarillas”, afirma. Junto a la cola de pacientes está el quiosquero del barrio, vive al otro lado de la calle de Alcalá y cruza para ir a su quiosco de prensa: “A los vecinos no les gusta nada la medida, no pueden cruzar Alcalá e ir a los supermercados que están en la otra zona y eso le fastidia”.

“La medida no tiene mucho sentido porque si el que trabaja en una zona va a tener que cruzar a la otra el riesgo va a seguir existiendo”, señala un integrador social que trabaja con personas con enfermedad mental. «Hay que tomar medidas más realistas y no medidas de cara la galería, yo vivo en la otra zona [Quintana] pero tengo que venir a la zona que está confinada. De una calle a otra no tiene gran validez”. Se pregunta cómo va a poder explicar a las personas con enfermedad mental con las que trabaja que “no pueden cruzar la calle para ir a por tabaco o lo que sea. Esto les va a limitar mucho”.

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