Una farmacéutica iraní vende medicamentos tras una lámina de plástico para protegerse del contagio, en Teherán. EFE

Salud | Vida Sana

Certezas y dudas sobre la transmisión aérea del coronavirus

Es considerada por muchos expertos como la principal vía de transmisión pese a la reticencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS)

La transmisión aérea es para muchos científicos la principal vía de transmisión del coronavirus. Las teorías que justifican de esta manera el poder de propagación del SARS-CoV-2, son cada vez más numerosas.

Según estos expertos, el contagio se produce cuando emitimos partículas cargadas de virus al hablar, respirar o toser. La dimensión tan reducida de estos aerosoles hace que floten en el aire en lugar de caer directamente al suelo, como las gotículas, por lo pueden recorrer los más de 1,5 metros de la distancia de seguridad.

¿Qué dicen la OMS y el CDC?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció evidencias sobre la transmisión aérea, aunque las consideró insuficientes para atribuirle un valor mayor. El organismo médico acepta la transmisión por fomites, cuando tocamos superficies o personas contagiadas y después nos tocamos los ojos, la nariz o la boca.

239 científicos reclamaron el pasado julio a la OMS la aceptación de la transmisión por aerosoles del Covid-19 a través de una carta. Además, consideran necesarios los purificadores de aire, ya que el contagio se produce especialmente en interiores con poca ventilación.

El CDC apuntó «por error» a los aerosoles como principal vía de contagio

Esta semana, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU apuntó en su guía sobre el coronavirus a los aerosoles como principal vía de contagio de coronavirus. Apenas 24 horas después, indicaba que se publicó por error «Una versión preliminar de los cambios propuestos a estas recomendaciones».

El comunicado original, ya borrado, reconocía «una creciente evidencia» de que las partículas infectadas pueden permanecer suspendidas en el aire y desplazarse hasta llegar a otras personas. También proponía el uso de los purificadores para limpiar el aire de los espacios interiores, como los científicos que plantean esta teoría.

Si la línea de pensamiento de los aerosoles es acertada, la seguridad que con la que se habla de ciertas actividades quedará invalidada. Lugares como colegios o determinados establecimientos cumplen todos los requisitos para que se de la transmisión.

Evidencias científicas

José Luis Jiménez, profesor de Química en la Universidad de Colorado Boulder, es uno de los investigadores referencia sobre la transmisión aérea por aerosoles. Hace hincapié en la importancia de los aerosoles como vía de transmisión, tanto en sus encuentros digitales como en su cuenta personal de Twitter.

Jímenez señala a los purificadores de aire como arma para combatir el virus en interiores. Sus compañeros de la Universidad de Colorado Boulder Sophie Kirkman, John Zhai, Shelly L. Miller apuntan en la misma dirección y, en su estudio Effectiveness of Air Cleaners for Removal of Virus-Containing, analizan el funcionamiento de estos filtros a la hora de purificar el aire y mantenerlo libre de contaminantes.

Cómo afecta el clima al coronavirus

La llegada del estío vino acompañada de cierta relajación en la lucha contra el coronavirus. «El aumento de las temperaturas debilita al virus » fue una de las afirmaciones más repetidas entre la población. Así como eso es cierto, también lo es que hay otros factores climáticos que favorecen la transmisión de Covid-19.

El artículo Impacto del clima en la supervivencia del coronavirus en el aire de Talib Dbouk y Dimitris Drikakis recién publicado en la revista Physics of Fluids, explica cómo favorece la humedad relativa y la velocidad del viento al patógeno.

Las principales conclusiones de este análisis sostienen que con humedad relativa la distancia de viaje y la concentración de la nube de gotas es significativa incluso a altas temperaturas. Asimismo, las bajas temperaturas y las altas velocidades del viento ayudan al virus a sobrevivir. Sumidos en el otoño y con el invierno como siguiente parada, aumenta la preocupación por la fuerza de la temida segunda ola.

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