Mientras la Comisión Europea se pelea con AstraZeneca y España padece la escasez de dosis, en Reino Unido respiran tranquilos: sus acuerdos con las farmacéuticas parecen no tener grietas. Las vacunas entran en los centros de salud a un ritmo vertiginoso y son inoculadas casi a la misma velocidad. Toda una victoria moral para Boris Johnson en pleno Brexit.

La estrategia de Johnson de iniciar la campaña de vacunación antes que el resto de Europa está dando resultado. Fue el primer país del mundo en aprobar las vacunas de Pfizer -empezó a administrarla el 8 de diciembre- y AstraZeneca -4 de enero- y las cifras dibujan una diferencia abismal con el resto de Europa.

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Según las cifras de Our World in Data, Reino Unido ha vacunado ya a 7,33 millones de personas, más que Alemania (1,92), Italia (1,52), España (1,29) y Francia (1,18) juntas. «Así se convirtió Alemania en un caracol poniendo vacunas», graficó el diario Bild el martes.

La Unión Europea, que comenzó a pinchar casi tres semanas después que Reino Unido, ha inoculado un total de 9,73 millones de vacunas y al menos el 1,99% de su población ha recibido una dosis. En Reino Unido, esa cifra sube al 10,10%. Al menos 6,85 millones de británicos han recibido ya una dosis y casi 473.000 las dos. En España, 1,17 millones de personas han recibido un pinchazo y unas 124.000 también el segundo.

El ritmo de vacunación en la Unión Europea está estancado y más lo va a estar si no arregla el desaguisado que tiene con AstraZeneca. La compañía británico-sueca, que desarrolló la vacuna junto a la Universidad de Oxford, comunicó la semana pasada que, debido a unos problemas de fabricación, no podía cumplir con los 80 millones de dosis comprometidos con la UE para finales de marzo. Serán apenas 31 millones, lo que quiere decir que 25 millones de europeos (porque se necesitan dos dosis) no se vacunarán en el tiempo estipulado.

La Comisión Europa, la que ha negociado los contratos, no se fía de esos «problemas de producción» que aduce el laboratorio y sospecha que está vendiendo la vacuna a mejores compradores en el mercado. La tensión ha ido en aumento en los últimos días y el miércoles hubo una reunión en la que la Comisión Europea siguió apretando a AstraZeneca para recibir las dosis acordadas.

El problema para Europa, que invirtió 2.700 millones en el desarrollo de la vacuna (330 en la de AstraZeneca), es que la farmacéutica asegura que el contrato firmado no especifica ningún número de dosis. «El contrato era muy claro. Nuestro compromiso fue, y cito textualmente, que haríamos our best effort (nuestro mayor esfuerzo)», dijo el presidente de la compañía, Pascal Soriot, en una entrevista con varios medios europeos. Unas declaraciones que dejan en muy mal lugar al ejército de abogados de la Comisión Europea.

La comisaria de Salud, Stella Kyriakides, señaló el miércoles que si AstraZeneca tenía problemas de producción en sus dos fábricas de la Unión Europea, que le enviaran las dosis desde las dos plantas británicas. «No hay jerarquía entre las plantas. En esos contratos hay cuatro plantas pero no diferencia entre las de Reino Unido y las de la UE». El problema es que los cerca de 450 millones de personas que viven en la UE desconocen la verdad, pues los contratos, aunque se han pagado con dinero de los fondos europeos, son secretos.

La amenaza de Europa: endurecer las exportaciones

Ante la negativa de AstraZeneca y sin conocer los detalles de los contratos, parece que Europa solo tiene una carta que jugar: presionar a la farmacéutica endureciendo las exportaciones desde sus dos fábricas europeas, una en Bélgica y otra en Alemania. Eso afectaría también a los envíos de Pfizer, que salen desde Bélgica también.

Si se aprueba, esta norma obligaría a todas las empresas que produzcan vacunas en territorio europeo a notificar con antelación cuando quieran exportar a terceros países, con excepción de las enviadas por motivos humanitario. «Al final, la UE ha adelantado varios cientos de millones de euros», señaló el lunes por la noche el ministro de Sanidad de Alemania, Jens Spahn, a la cadena Deutsche Welle. «No se trata de ser el primero, se trata de ser justo».

La advertencia gustó poco y menos en Reino Unido, aunque Boris Johnson respondió en tono más que amistoso. «Una de las lecciones que el mundo tiene que aprender de la pandemia es la necesidad de cooperar y trabajar juntos, así que no quiero ver restricciones en las fronteras en la exportación de vacunas», dijo el premier en su rueda de prensa del martes.

AstraZeneca, pendiente de la aprobación europea

Y mientras tanto, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) sigue analizando todos los datos de la vacuna de AstraZeneca antes de decidir el viernes si la aprueba o no. La directora ejecutiva de la agencia, Emer Cooke, señaló esta semana que tiene pocos datos sobre la eficacia en la población mayor y abrió la puerta a una autorización parcial del fármaco.

«Los estudios que se han incluido en el dossier hasta ahora tienen una cantidad muy pequeña de la población mayor», dijo Cooke el martes en una comparecencia ante el Parlamento Europeo.

AstraZeneca solicitó a la EMA la autorización para poder comercializar su vacuna en la Unión Europea el 11 de enero y los científicos de la agencia están estudiando ahora «qué significan estos datos en relación a la población estudiada y qué se puede esperar respecto a la población que aún no se ha estudiado», dijo la directora.