La experiencia con la gripe, donde los niños son supercontagiadores, provocó que al inicio de la epidemia de Covid se les pusiera en el punto de mira. Esa creencia contribuyó al cierre de colegios como una de las primeras medidas, que los pequeños no volvieran durante todo el curso o que fueran los que más tiempo pasaron confinados sin poder salir de casa. Poco a poco, las evidencias fueron demostrando que los niños, especialmente cuanto más pequeños, portan menos carga viral, contagian menos y sufren la enfermedad en forma leve o asintomática en la gran mayoría de los casos.

Estas últimas evidencias han hecho que no se les colocase en un grupo prioritario para la vacunación y que, incluso ahora que van a comenzar los ensayos clínicos para probar las vacunas con ellos (Pfizer y Janssen lo harán en España), se planteen algunas dudas sobre si ellos también deben inmunizarse masivamente.

Para que un ensayo clínico sea ético los propios niños deben beneficiarse de la vacuna, no sólo aportar un beneficio para los adultos. Como apunta la pediatra de la Fundación de Investigación HM Hospitales, Silvina Natalini, que coordina ensayos clínicos desde hace una década y participará en los ensayos de la vacuna de Covid en España, «uno de los aspectos importantes en que los niños se van a beneficiar de la vacuna es porque les va a permitir recuperar la vida social y el contacto físico que tanto necesitan para su desarrollo. Acudir al colegio sin mascarilla, festejar cumpleaños o abrazar a sus abuelos. Además, si bien la enfermedad la sufren en su mayoría de forma leve, hay un pequeño porcentaje que enferma de forma grave».

El pediatra e investigador Federico Martinón, también apunta una de las razones por la que los niños deben vacunarse. «Si no vacunamos a los niños, los convertiríamos en el único reservorio no vacunado del virus y eso no nos interesa, porque el virus podría seguir evolucionando, multiplicándose y generando nuevas variantes genéticas. Además, el riesgo no es cero y los niños tienen tanto derecho como los demás a estar protegidos», explica.

Además, que los niños estén inmunizados puede llegar a ser clave para alcanzar la inmunidad de rebaño, como apuntaba el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EEUU, Anthony Fauci hace apenas unos días: «No sabemos cuál es el punto mágico de la inmunidad colectiva pero puede que requiera de la vacunación a niños». El experto cifraba esa inmunidad de rebaño entre el 70 y el 85% de toda la población vacunada.

Vacunar a menores a finales de 2021

El experto estadounidense afirmó en ese mismo acto que algunos menores de edad podrían vacunarse ya a finales de 2021 (los mayores) mientras que los niños más pequeños podrían empezar a recibir vacunas a principios de 2022. Unas fechas en las que coincide Francisco Álvarez, portavoz de la Asociación Española de Pediatría: «Los adolescentes se podrán vacunar probablemente a partir del otoño. Los datos de los más pequeños tardarán un poco más y se irán, probablemente, a 2022».

Además de que los ensayos se irán haciendo de mayor a menor edad, la importancia de vacunar primero a adolescentes reside en que ellos son también más capaces de contagiar el virus que los más pequeños. «Está ya aceptado que los niños menores de nueve años portan muy poca carga viral y contagian muy poco, pero a partir de nueve años lo hacen ya como adultos», indica Natalini, quien coincide con Álvarez en la previsión de fechas.

Para Martinón, los niños deben vacunarse pero cuando el resto de la población esté ya inmunizada. «Los niños deben estar en el orden de prioridad en el que están ahora, que es el último. Porque el curso de la enfermedad en ellos es afortunadamente más leve y porque su papel en la cadena de transmisión es menos significativo que en otras enfermedades infecciosas, y eso es más cierto cuanto más pequeño es el niño. Pero eso no quiere decir que no se vacunen, sí que deberán hacerlo», concluye.