El cuidado del sistema nervioso central y de los mecanismos de la memoria se ha convertido en una de las prioridades esenciales para muchas personas que buscan mejorar su calidad de vida a largo plazo. La ingesta de alimentos, bebidas, y otras pautas de conductas por parte de las personas, incide de forma muy directa en el sistema cognitivo, y no se suele tener en cuenta lo que se ingiere diariamente. Algunos tipos de bebidas están muy presentes en los hábitos cotidianos, pero cuando se lleva a cabo un consumo continuado de ellas, pueden acabar perjudicando el rendimiento mental, el descanso y la capacidad de atención.

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Diferentes expertos en materia de salud y longevidad advierten de que determinadas bebidas inducen a la inflamación y provocan alteraciones del metabolismo que al final pasan factura al cerebro.

Bebidas alcohólicas y su impacto

El daño que se produce en el sistema nervioso central tras el consumo crónico de alcohol directo. A largo plazo, altera los circuitos neuronales, disminuye la capacidad de memorizar y limita la atención. Y también interfiere con los procesos de regeneración del sistema nervioso central que ponen en marcha el sueño, empeorando el descanso y contribuyendo a un deterioro cognitivo progresivo con el tiempo.

La cerveza y la inflamación silenciosa

Entre las bebidas alcohólicas destaca la cerveza en los procesos que generan inflamación. En su consumo más habitual, la cerveza está vinculada a alteraciones intestinales que pueden llegar al cerebro y favorecen la acumulación de grasa abdominal además de aumentar ciertos parámetros que son adversos para la salud metabólica, lo cual se ha relacionado con la memoria y la agilidad mental.

Bebidas que dañan la memoria

Los refrescos son un elemento habitual de la dieta de muchas personas, pero dado su importante contenido energético debido a su alto contenido en azúcares, son un factor de riesgo para el cerebro. Estas bebidas producen oscilaciones rápidas de glucosa e insulina que, si se mantienen con el tiempo, generan inflamación cerebral. Esto se relaciona con un mayor riesgo de daño cognitivo y una progresión de la pérdida de memoria.

Falta de nutrientes y efectos a largo plazo

Junto con su elevada glucemia, los refrescos son también deficientes en nutrientes valiosos, carecen de fibra dietética, así como de elementos que garanticen el ajuste del proceso de absorción de la glucosa y el metabolismo de la misma, lo que influye, en gran medida, en su efecto adverso. Su consumo habitual desplaza la ingesta de alimentos más saludables y colabora en el establecimiento de un entorno metabólico muy poco favorable para el cerebro.

Otras bebidas estimulantes

Ciertas bebidas industriales que contienen café pueden contener dosis de cafeína excesivamente elevadas, lo cual puede hacer variar el sistema nervioso, inducir a un aumento del nerviosismo y provocar dificultades para una concentración que permita mantener una determinada actividad durante un tiempo prolongado. De la misma manera, a largo plazo podría dar lugar a un efecto de distorsión de los patrones del sueño, el cual es necesario para el aprendizaje y la memoria.

Azúcares y grasas poco saludables

Gran parte de estas bebidas incluyen en su composición azúcares añadidos, así como grasas poco recomendables. La combinación causa perjuicio tanto a la circulación de la sangre como a la actividad del cerebro. El consumo habitual provoca inflamación y disminuye la lucidez de las personas, lo que puede llegar a alterar en la rutina de quien las consumen.

Disminuir el consumo de estas bebidas y elegir otras de más calidad y con origen más natural ayudará a proteger la memoria y mantener el cerebro en buenas condiciones. Cambios nada drásticos, pero sí mantenidos, marcarán la diferencia con el tiempo.

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