Salud

La elección entre inseminación o FIV no depende del modelo familiar, sino de cuatro factores clínicos

Para una mujer que decide ser madre sin pareja o para una pareja de mujeres, la primera duda en la consulta de medicina reproductiva suele ser qué tratamiento le corresponde, según explicó IVI Institute, que señaló que la respuesta no depende del modelo familiar, sino del pronóstico reproductivo de cada paciente, que se determina mediante un estudio de fertilidad completo.

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“Desde el punto de vista médico, el tratamiento de una mujer sin pareja es prácticamente el mismo que el de cualquier otra paciente que necesita semen de donante. Una inseminación con donante en una mujer sola sigue el mismo procedimiento técnico que en una pareja heterosexual con factor masculino grave”, manifestó la doctora Gemma Castillón, ginecóloga de IVI Fertility Barcelona. “Lo que sí necesitan estas pacientes es un acompañamiento específico que resuelva sus dudas sobre el tratamiento, la donación de semen, los aspectos legales y el apoyo emocional”.

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La recomendación se plantea como orientación inicial en la primera visita y se confirma cuando el especialista ha revisado todas las pruebas diagnósticas. Estas son la edad de la paciente, la reserva ovárica (hormona antimulleriana o AMH y recuento de folículos antrales), la permeabilidad de las trompas mediante histerosalpingografía o HyFoSy, la evaluación del útero por ecografía (3D si procede), los análisis hormonales y los antecedentes ginecológicos y reproductivos.

La inseminación artificial con donante suele ser la primera opción cuando el pronóstico reproductivo es bueno. Eso implica una edad generalmente inferior a 38 años, una reserva ovárica adecuada, al menos una trompa permeable, una cavidad uterina normal y la ausencia de endometriosis moderada o severa. “En una mujer de 32 a 35 años con AMH normal, histerosalpingografía normal y ecografía normal, lo habitual es ofrecer varios intentos de inseminación antes de plantear una FIV”, señala la Dra. Castillón.

La FIV con semen de donante se recomienda desde el inicio cuando existen factores que reducen la probabilidad de éxito de la inseminación. A partir de los 38-40 años, la eficacia de la IAD disminuye considerablemente y se prioriza la técnica con mayor tasa de embarazo por ciclo. También se recomienda FIV directamente en casos de baja reserva ovárica, patología tubárica como trompas obstruidas o hidrosálpinx (la inseminación requiere al menos una trompa funcional), endometriosis significativa, cirugías ováricas previas relevantes o fracaso de inseminaciones anteriores.

“Una mujer de 33 años con una AMH de 3 ng/ml, histerosalpingografía normal y ecografía 3D normal es candidata inicial a inseminación. Una paciente de 41 años con los mismos resultados recibiría, probablemente, la recomendación de FIV desde el inicio, por el impacto de la edad sobre la fertilidad”, precisa la especialista.

Cada técnica tiene sus ventajas. La inseminación es un tratamiento más sencillo, ambulatorio y con menor medicación hormonal. La FIV ofrece una mayor tasa de embarazo por ciclo, más control del proceso, la posibilidad de vitrificar embriones y la de realizar estudios genéticos embrionarios cuando están indicados.

Tras la solicitud de información, la primera visita médica suele realizarse en pocos días. El estudio de fertilidad incluye analítica hormonal, ecografía ginecológica, serologías obligatorias y, si se valora la inseminación, el estudio de trompas. Se completa habitualmente en un plazo de una a cuatro semanas, que puede extenderse hasta un mes y medio cuando la paciente no aporta pruebas previas.

Una vez decidida la técnica, se asigna un donante de semen anónimo, conforme a la legislación española, con compatibilidad fenotípica e inmunológica con la receptora. Los donantes superan controles médicos, genéticos e infecciosos estrictos, y la disponibilidad de muestras hace que esta fase no retrase el inicio del tratamiento. IVI Institute recomienda además el estudio genético de portadores de enfermedades recesivas QCarrier®, que permite seleccionar un donante genéticamente compatible. Sus resultados están disponibles en 15 a 20 días y se coordinan con el resto del proceso sin retrasarlo de forma significativa.

“Una mujer de 32 a 35 años que acude sin pruebas previas suele tardar entre uno y dos meses en iniciar su primer ciclo. Si ya aporta analíticas, ecografías y serologías recientes, en muchos casos puede empezar con la siguiente menstruación, es decir, en dos a cuatro semanas”, indicó la Dra. Castillón.

Un ciclo de inseminación dura entre dos y tres semanas, seguido de unos 14 días de espera hasta la prueba de embarazo. En la FIV, la estimulación ovárica se prolonga entre 10 y 12 días, y el ciclo completo, desde el inicio de la estimulación hasta la transferencia embrionaria, dura entre 16 y 18 días. Durante todo el proceso, las pacientes cuentan con consejo y acompañamiento psicológico, y con la guía “La mejor decisión”, elaborada por IVI Institute para mujeres que desean ser madres sin pareja.

“Si la edad es favorable, la reserva ovárica es buena, las trompas son permeables y el útero es normal, podemos empezar con inseminación utilizando semen de donante. Si la edad es más avanzada o existe un factor que reduzca claramente el pronóstico, recomendamos directamente FIV para maximizar las posibilidades de embarazo”, concluyó la doctora Castillón.

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