Ernesto Neto (Rio de Janeiro, Brasil, 1964) es un artista muy particular. En la raíz de su discurso hay un revolucionario, una especie de sabio chamán que viene a recordarnos la necesidad de regresar a nuestros orígenes en la naturaleza para explorar nuestra humanidad. Por otro lado, el interés del mundo del arte en su obra lo convierte en uno de los artistas más celebrados y cotizados del momento, teniendo un amplio mercado especialmente valorado en los Estados Unidos. Gracias a esta interesante combinación entre compromiso social y éxito comercial, la fuerza de su mensaje alcanza un sentido trascendental y cultural tan vistoso como provocativo.

Heredero del movimiento Neoconcreto, sus obras no son meros objetos de exposición estética. Neto fomenta la interacción y la experiencia sensorial a través de instalaciones, esculturas y dibujos, invitando a los espectadores a participar y apreciar la espiritualidad y sensualidad inherente a sus creaciones.

En España, sus obras se han podido ver en Barcelona (MACBA, Fundación Blueproject), Bilbao (Guggenheim), Madrid (Galería Elba Benítez), y últimamente en Córdoba (C3A), donde el brasileño ha hablado con El Independiente, tras la presentación de su BasnepuruTxanaYubé (2015) en el contexto de la exposición Remedios: por los caminos ancestrales, de la fundación TBA21.

Pelo blanco alborotado, barba enredada y mirada incisiva. Ernesto Neto no puede estarse quieto, de hecho, durante la conversación no se sienta en ningún momento. Habla, gesticula y se expresa como un profeta, un artista iluminado que ha visto la luz gracias a una auténtica inmersión en la cultura de los Huni Kuin, un pueblo indígena del Amazonas con quienes el artista colabora desde hace más de diez años.

Instalación BasnepuruTxanaYubé en el C3A de Córdoba.

"El mundo ha cambiado mucho en los últimos años, antes nadie hablaba de temáticas y culturas indígenas, no había voluntad de intercambio con los pueblos indígenas y hoy son protagonistas. Hay una sensación de que muchas cosas han cambiado y, tanto los Huni Kuin como yo mismo, pensamos que esta lucha ha valido la pena. Porque entendemos perfectamente que estábamos trabajando en un campo de mucho rechazo, pero hoy el panorama es mucho más abierto", explica Neto.

En el apartado de aquellos que rechazan esta mezcla de culturas, el artista brasileño recuerda cómo fue criticado en la bienal de Venecia de 2017, por "aprovecharse" de sus compañeros Huni Kuin. "Se dijo que los llevaba como si fuese un circo. Los que me criticaron lo hicieron porque no entienden, tienen miedo. Hablaban de ellos y de mí como si viniésemos de mundos distintos, cuando realmente ellos son 'los otros', porque yo soy brasileño, estoy más cerca de los Huni Kuin que de los blancos europeos".

Protector del pueblo indígena

Neto habla de los pueblos indígenas desde la fascinación y la admiración, erigiéndose a sí mismo y a su arte como un puente entre culturas. "Los Huni Kuin dividen su historia en 5 tiempos, primero fue el tiempo de las malocas, cuando vivían tranquilos en la selva, después el tiempo del contacto, cuando conocieron el hombre occidental, a lo que siguió el tiempo de la correría, cuando comenzaron a correr del hombre occidental. Entonces llegó el tiempo del cautiverio, cuando el hombre blanco los hizo esclavos por el tema del caucho, y no podían hablar su lengua, cantar sus cantos, hacer sus rituales, su pintura y su arte, porque todo era del diablo. Finalmente, en los años 70 comenzó el tiempo de los derechos, cuando echaron afuera a los no indígenas y retornaron a sus tierras. Ahora viven el nuevo tiempo, el tiempo de la cultura, con el principio de que la cultura es protección, es fuerza. Este es el trabajo de puente que comenzamos en Rio de Janeiro y ha llegado a Europa, cuando empezaron a adentrarse conmigo en el mundo del arte, un mundo muy simbólico de la cultura".

El artista carioca centra la charla en detallar sus influencias indígenas, posicionándose claramente como un auténtico protector de su cultura. Insiste en que su trabajo trata de buscar el cambio a partir de la naturaleza, y de ahí nace este proceso de colaboración. "Yo trabajo con la naturaleza, con el cuerpo, partiendo desde el principio de que el cuerpo es tan importante como la mente y que ambos son parte del otro. Investigando en esa fuerza de la naturaleza acabé encontrándome con los pueblos indígenas, que son los más cercanos a ella".

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Ernesto Neto. Fernando Sendra | Photo: © Fernando Sendra

La reivindicación de la naturaleza contra la cultura occidental

El brasileño no duda en acusar la hegemonía cultural occidental como el principio de los problemas de la humanidad. "La cristiandad dejó de ser el centro del mundo cuando descubrió que el sol no giraba en torno a la Tierra. Cuando perdieron la hegemonía natural, se hicieron dueños de la cultura, diferenciándose de los demás seres como seres superiores, hijos de Dios, como está escrito en la Biblia: 'nosotros hemos sido hechos a la imagen de Dios y la naturaleza está aquí para servirnos'. Ahí está el problema".

El discurso de Neto es especialmente anticristiano por su carácter represivo y pecaminoso, una religión que, para él, representa más a los asesinos de Jesucristo que a sus seguidores. "Llevamos siendo engañados desde hace 2000 años, porque la imagen de Jesús en la cruz no es la imagen de Jesús, es la imagen de los asesinos que lo mataron. Si Jesús ha hecho alguna cosa para salvarnos fue vivir, no morir. La cruz es un instrumento de tortura hecho para matar, es tristeza, infelicidad, envidia, rabia, bomba atómica, guerra. Jesús es canto, es danza, es alegría, fraternidad, amor, respeto, consideración, serenidad, paz. Vivimos a la imagen de Jesús en la cruz, por eso a medida que nos descolgamos de esa imagen y empezamos a andar, entramos en un estado de introspección, nos conectamos con el cielo y la tierra, andamos con mayor plenitud, nos damos cuenta que la cultura es importante, pero la naturaleza es muy superior a todo eso".

Acto realizado con los líderes del pueblo Huni Kuin, en la inauguración de la muestra
Acto realizado con los indígenas del pueblo Huni Kuin y el artista brasileño Ernesto Neto, en la inauguración de la exposición 'Remedios: por los caminos ancestrales'. | TBA21

Necesidad de "reencantamiento"

Las esculturas e instalaciones de Ernesto Neto evocan ese momento en el que la vida es un ritual, donde la simbología de la gravedad, las cosmologías y las formas orgánicas toman una posición envolvente, recreando espacios y sensaciones que aluden a un primitivismo y una simplicidad ancestral.

En este sentido, el artista reivindica la forma entender la vida de los Huni Kuin, siempre en contraposición con los valores dañinos occidentales. "Si la serpiente sagrada no hubiese dado la manzana a la mujer para compartirla con Adán, ella y Adán seguirían hoy en el paraíso, sí sería maravilloso, pero sin la serpiente sagrada ninguno de nosotros estaría hoy aquí. Tal vez fuese mejor, no lo sabemos, pero lo que es seguro es que hay un nosotros y que somos hijos de la serpiente sagrada, la madre de la humanidad. Para los Huni Kuin representa la conexión total a la fuerza espiritual, del amor de la Tierra y del hambre de la Tierra. Los Huni Kuin continúan viviendo el mundo encantado, y el principio del encantamiento es fundamental. La cultura occidental es la del desencantamiento, el proceso de civilización fue un proceso de desencantamiento".

Neto se enciende cada vez más a medida que habla sobre los temas que le mueven como artista, la relación perdida con la naturaleza, la opresión de la cristiandad, la desconexión con la vida terrenal... "Este proceso de desencantamiento fue el fin de las tierras comunales, la organización total del cuerpo, cómo estar, cómo andar, cómo hablar, el control del tiempo, la mecanización total del cuerpo y la opresión de las mujeres, que eran las grandes chamanes que trabajaban con las plantas, la medicina, que tenían el control de natalidad. La Iglesia, por el contrario, utiliza la fuerza telúrica para la represión. Lo que los Huni Kuin quieren es que llegue el tiempo del reencantamiento. No hay posibilidad de que tengamos un futuro pleno si no tenemos un proceso de reencantamiento".

Para el artista brasileño "todos somos mineros desesperados, trabajando por un salario corto, ocho horas al día, sin prácticamente tiempo para descansar". "Estamos todos en la misma situación, hay algunos con mucha bonanza, tranquilos, engordando, como yo por ejemplo, y otros raquíticos, muertos de hambre, todo el día en la mina cavando. La desigualdad es el gran problema de la humanidad, solo vamos a acabar con ella el día que juntemos nuestras manos y cantemos juntos, independientemente del del género, de la posición política y de todo lo demás".

Gaiamothertree, una espectacular escultura habitable de Ernesto Neto, tejida a mano por indios del Amazonas, instalada en el vestíbulo de la Estación Central de Zurich por la Fundación Beyeler.

El papel del arte y la continuidad entre cuerpo y Tierra

¿Y qué papel tiene el arte en todo este proceso?, le pregunto para retomar el tema de la entrevista. "El encantamiento es el arte. Es a través del arte como podemos llegar allí, pero el arte también necesita encantarse porque sigue siendo presa de la cultura occidental. Por eso, este trabajo con los indígenas intenta quebrar esa pared cultural, la pared cristiana que hace esa separación entre el hombre y el paisaje. Hace años que mi trabajo reclama la continuidad entre el cuerpo y el paisaje. Siempre he tomado como referencia a Lygia Clark, mi abuela espiritual y artística, que hizo un trabajo llamado A casa é o corpo (La casa es el cuerpo) en los años 70, en plena dictadura militar brasileña. Un día, después de fumarme un porro tuve una visión en la que esa frase se actualizaba diciendo: 'la Tierra es el cuerpo'. Porque cuando vemos la Tierra como cuerpo somos capaces de vernos dentro de ella, como los microbios que forman parte de nosotros. Cuando transformamos la Tierra en paisaje y la vimos separada de nosotros, por eso nos sentimos en el derecho de sacar todo de ella. Esta para mi es la cuestión fundamental, conseguir esa continuidad".

Para él, el fin último de sus creaciones parte de la necesidad de constituir "espacios y posiciones de confort y protección, donde poder entrar en contacto consigo mismo para entender nuestra relación corporal". Chamán, pensador, activista, profeta, la idiosincrasia de Ernesto Neto es tan difícil de clasificar como la naturaleza visual y performativa de sus obras. Su compromiso con la búsqueda de un sentido, tenga o no solución, hace que todas estas acepciones, inquietudes y formas de ser quepan en la amplitud semántica de aquello que conocemos como artista.