Viktor Orbán ha perdido el poder en Hungría este domingo 12 de abril. Su derrota es también una señal para quienes le habían convertido en su estandarte, desde Vladimir Putin, hasta Donald Trump y sus aliados de la ultraderecha, entre ellos Javier Milei, o los europeos Santiago Abascal, Marine Le Pen, o Alice Weidel. El fin de la era Orbán supone, por el contrario, un alivio para la Unión Europea, ya que el primer ministro saliente se había convertido en un obstáculo en su política sobre Ucrania. "El corazón de Europa late fuerte esta noche en Hungría", ha escrito la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su cuenta de X.
El sistema que había construido Orbán dejaba poco margen a la oposición para llegar al poder, sobre todo por el blindaje del sistema electoral para favorecer al Fidesz. Tampoco quedaban apenas medios independientes. La deriva iliberal de Viktor Orbán ha sido tal que había serias dudas de que aceptara los resultados en caso de derrota. Pero algo queda en Orbán de aquel joven liberal que fue. Cuando aún no había acabado el recuento, el primer ministro húngaro llamó a su contrincante, Péter Magyar, y le felicitó por su victoria.
Con el 96,37% escrutado, Tisza (Respeto y Libertad) ha logrado 138 escaños, seis más de la mayoría de dos tercios. Fidesz se queda con 55. Entra Mi Hazánk, de extrema derecha, con seis diputados. Tisza ha arrasado y ha superado todas las expectativas.
Magyar celebra "la liberación" de Hungría
En un breve discurso, Orbán se ha dirigido a sus seguidores a los que ha agradecido su apoyo. El Fidesz ha recibido 2,5 millones de votos. "Serviremos a nuestro país y a la nación húngara desde la oposición", ha dicho. Ha asegurado que su partido seguirá en la brecha. Por la mañana, tras votar, aseguró que iba a proceder así, aunque pocos lo creían. Aunque no se haya comportado en los últimos años como un líder democrático, al menos ha elegido terminar como tal.
Una hora más tarde Péter Magyar ha salido al escenario en la Plaza Batthyany. "Mis queridos húngaros, lo hemos conseguido. No por un margen pequeño, sino por un gran margen. Juntos hemos liberado Hungría", ha dicho Magyar, quien ha celebrado, especialmente, que Tisza haya conseguido una mayoría de dos tercios. Así podrá desmantelar el sistema creado por Orbán, que ponía en cuestión la separación de poderes y la independencia de los medios. Ha asegurado que Hungría será un fuerte aliado de la Unión Europea y de la OTAN.
Los excelentes resultados que ha logrado Magyar, quien hace dos años empezaba a despuntar con movilizaciones ciudadanas contra la corrupción, se apuntalan por haberlo logrado con una participación histórica, que casi llega al 80%. Los húngaros, como hicieron hace 23 años al votar en referéndum sobre el ingreso en la UE, se han volcado en las urnas. En cierta medida, como señala Anita Orbán, probablemente ministra de Exteriores con Magyar, este 12 de abril también se trataba de un voto sobre la vocación europea de Hungría.
"Ruzkik háza!"
Y los húngaros han gritado en las urnas: "Ruzkik háza! (Rusos fuera)". Orbán creía que convertir a Ucrania en el enemigo al que culpar de los males de Hungría podía sumarle adeptos. Pero nadie ha creído que Zelenski, a quien ha colocado en los carteles junto a Magyar, sea alguien temible. Sin embargo, su subordinación a Putin, demostrada por las revelaciones periodísticas, ha avergonzado a muchos húngaros.
Tampoco ha servido la visita del vicepresidente J.D.Vance a Budapest para apuntalar a Orbán en el poder. El primer ministro húngaro lleva tiempo defendiendo la paz frente a las teóricas ansias belicistas de los que apoyan a Ucrania y su aliado americano acaba de abrir un frente explosivo en Oriente Próximo. Es difícil argumentar que la guerra propiciada por Trump contra Irán no va a provocar un aumento de precios.
A su vez, los Patriotas europeos, entre ellos Santiago Abascal, pierden a un aliado fundamental, a su referente. Como dijo Marine Le Pen en Budapest en el encuentro en apoyo de Orbán, la esperanza era que la victoria de Orbán fuera el preludio de los triunfos en Francia, España, Polonia e Italia. Pero puede ser lo contrario: el principio de la caída.
Razones del éxito de Tisza
El éxito de Tisza está vinculado a la profunda crisis económica que ha afectado a Hungría. El sistema de corrupción y el clientelismo social han acabado pasando factura a Orbán. Y la inflación récord diezmó a la clase media.
Pero también es cierto que no había sido posible esta victoria sin el talento político que ha demostrado Peter Magyar. En esta campaña, prácticamente no cometió ningún error político. Apostó por las redes sociales, ya que los medios de comunicación tradicionales estaban subordinados al régimen. Consideró que la clave de la victoria era la movilización de los jóvenes. Así que se comportó como ellos: con zapatillas deportivas y vaqueros, y se mantuvo accesible en los mítines incluso en las localidades más pequeñas. Les devolvió la esperanza de un futuro mejor.
También emprendió una ardua lucha para recuperar de Fidesz al menos a una parte de los votantes de más edad y residentes en el campo, aquellos que viven en las zonas más pobres del país. Ha hablado de lo que afecta a los húngaros en su día a día: el pésimo estado de las infraestructuras, la sanidad y la educación. Y la carestía de la vida.
Primera visita, Varsovia
En Polonia el Gobierno de Donald Tusk está especialmente satisfecho con la victoria de Magyar. El líder de Tisza ha prometido que su primera visita al exterior será a Varsovia. Es una señal del camino que quiere seguir. En un mensaje en X, el primer ministro polaco ha escrito, en inglés: "Hungría, Polonia, Europa. Juntas de nuevo. Victoria gloriosa, queridos amigos. Ruzkik haza!". Para el presidente, Karol Nawrocki, que apoyó a Orbán, será un momento comprometido. Nawrocki recibió críticas por brindar su respaldo a quien se declaraba "al servicio" de Putin. Luego Magyar irá a Viena y a Bruselas. Es toda una declaración de intenciones.
La llegada de Magyar al poder supone un alivio para la UE, que intentará desatascar todos los asuntos que había entorpecido Orbán. Ahora sabemos que lo hacía coordinado con el Kremlin. El primer ministro húngaro bloqueó el préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania. Lógica la alegría de Volodimir Zelenski con el cambio en Budapest.
También el vigésimo paquete de sanciones a Rusia podría aprobarse. Incluso podrán empezar las negociaciones de adhesión con Ucrania. El cambio de gobierno facilitará que Hungría pueda acceder a los 19.000 millones de euros congelados por incumplimiento del Estado de derecho. Magyar podría recibir estos fondos como voto de confianza. Hungría dejará de ser un factor desintegrador de la UE. Volverá a la casa europea tras gritar, como anoche lo hacían miles de húngaros en el metro de Budapest: "Ruzkik háza!". Como hicieron en 1956. Esta vez sí lo ha conseguido.
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