Economía | España

Cientos de conexiones 'fantasma' colapsan parte de los 43.000 kilometros de red eléctrica

En los próximos tres meses los proyectos con capacidad asignada pero que no estén activos deberán pagar por disponer de esa capacidad de conexión

Dos operarios ante una instalación eléctrica.
Dos operarios ante una instalación eléctrica. | MITECO

Es el corazón que hace palpitar la economía, la que hace funcionar toda su ‘maquinaria’. Es la infraestructrura que aporta y gestiona la energía del país y sin la que empresas y hogares no podrían funcionar. En España hace tiempo que se mueve con cierta fatiga y con alto riesgo de infarto ante las nuevas demandas que debe absorber. La red eléctrica hace tiempo que no puede más, que reclama refuerzos. Lo hace al ritmo que la electrificación de la economía avanza, pide más conexiones, más potencia, más electricidad. En nuestro país las 700 subestaciones y los algo más de 6.300 nudos que conectan la red de 43.300 kilómetros de cableado se ha quedado pequeña.

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Los mapas que desde hace tres meses publica la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) muestran que la saturación empieza a llegar a límites del colapso. Actualmente apenas uno de cada cuatro nudos tiene más capacidad para satisfacer nuevas demandas de conexión. En la mayoría de los casos, la capacidad está agotada o cerca de hacerlo. Las franjas de colores de los mapas de la CNMC muestran cómo en pocas comunidades autónomas por ahora hay margen para conectar más proyectos: algo en Galicia, en el Levante y en la costa andaluza. En el entorno de las grandes urbes el colapso es una realidad. O en zonas industriales con alta demanda como Euskadi.

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Los últimos datos muestran cómo el 80% de los nudos de transporte en España tienen una capacidad nula o residual. Pero la cifra es en realidad algo engañosa. En España existe mucha capacidad concedida que en la práctica es ‘fantasma’. Una suerte de capacidad de demanda comprada de antemano para asegurarse un 'espacio' en la concurrida red electrica y con el que llevar adelante proyectos. Sin embargo, en muchos casos esos proyectos ni siquiera se han puesto en marcha o demoran sine die su conexión efectiva a la red. Retrasos que están limitando la concesión de nuevos permisos de conexión a la red a otras apuestas que pudieran tener plazos reales y más efectivos de llevarse a cabo.

¿El fin de la 'contratación fantasma' de potencia?

La ‘fotografía fantasma’ de la red pronto podría cambiar. El pasado 21 de marzo entró en vigor el Real Decreto 7-2026 que busca terminar con esa suerte de ‘secuestro’ de capacidad de demanda que se está produciendo por parte de empresas y promotores de proyectos. Hasta ahora, solicitar esa capacidad de conexión a la red, a un nudo, era prácticamente gratis. Bastaba con solicitarlo, presentar un proyecto para que fuera concedida y abonar el aval correspondiente. Esa potencia de conexión otorgada era descontada de la capacidad que posee el nudo afectado y así hasta agotar su potencial máximo.

Ahora, quienes reclamen esa 'reserva' de capacidad deberán pagar algo más que un aval. Disfrutar de esa reserva conllevará el pago mensual de una cantidad por cada kW de potencia de la red eléctrica concedido. La medida arranca con un periodo de tres meses en los que se dará la opción a todos quienes tengan concedida una reserva de demanda de capacidad para que o paguen o renuncien a ella. La decisión de pagar o renunciar deberán formalizarla antes del 22 de junio. Unos pagos que además se irán incrementando con el paso de los meses, para presionar y acelerar la ejecución y cumplimiento de los proyectos para los que ha sido concedida esa posibilidad en enganche a la saturada red eléctrica española.

Zonas en colapso y demanda industrial

Con la medida, que se asemeja al pago por reserva de capacidad que ya se aplica para proyectos de generación energética, se confía en que muchas de las reservas de demanda se reconsideren y parte de esa capacidad que ahora no está disponible pueda volverse a ofrecer al mercado. Según datos de la CNMC, actualmente existen 937 nudos en la red dedicados al transporte de energía y 6.151 para la distribución.

Las conexiones a la red eléctrica puede ser para generar energía e inyectarla en el sistema, como requieren los parque eólicos o las plantas fotovoltaicas, o conexiones de demanda, para abastecerse de energía. Existen casos como los de Sevilla o Málaga donde la capacidad de su red está agotada por exceso de plantas fotovoltaicas. En Cataluña o el País Vasco la situación es similar en este caso por la alta demanda que requiere su economía industrial de gran consumo de energía o la proliferación de proyectos relacionados con los centros de datos, grandes consumidores de energía. Además, en el caso de Euskadi, aspectos como su orografía complica aún más el desarrollo de nuevos proyectos para ampliar la capacidad de la red.

“Esperamos con confianza el cambio en un plazo de tres meses. El problema no era tanto de falta de capacidad, sino también de cierto acaparamiento y de exceso de trámites burocráticos y administrativos que se demoran. También de proyectos que finalmente no se llevan a término y las reservas de capacidad que llevan a cabo no se traducían en nada”, asegura Pedro González, director general de la Asociación de Empresas de Gran Consumo de Energía (AEGE).

Inversión necesaria para la descarbonización

Considera que si bien la red requiere de más inversiones y ampliación de capacidad, lo más urgente es que los ‘proyectos fantasma’ desaparezcan y no limiten las apuestas que sí pueden desarrollarse: “Eso nos dejará ver dónde realmente existe un problema en la red, ahora parece que todo está colapsado pero quizá, en la práctica no sea así”.

González apela a la Administración para que al mismo tiempo acelere los procesos y autorizaciones de los permisos, que en muchos casos se convierten en una dificultad añadida. Recuerda que la potencia ‘reservada’ puede superar los 43 GW y que en muchos casos se trata de proyectos que datan de 2020 y que aún no se han ejecutado, “siguen siendo papel”.

Ignacio Ormaetxe, experto del Clúster de la Energía del País Vasco, asegura que la situación de saturación de la red se arrastra desde hace 15 o 20 años y se ha agravado con el proceso de electrificación de la economía. La demanda irá en aumento con la electrificación de la movilidad, la industria o el desarrollo de sectores como los ‘data center’: “Esta realidad es la que se está encontrando en muchos casos con esos problemas de conexión a la red. Empresas que no puede ampliar sus inversiones o proyectos como puntos de recarga a la espera de autorizaciones”.

Una tasa de retribución poco atractiva para invertir

Ormaetxe considera que no se han hecho las inversiones que un proceso de transformación como el que plantea la descarbonización requería. “Necesitamos más capacidad. El mayor problema está en la red de alta tensión. Hay que hacer nuevas subestaciones y eso lleva años de inversión, de permisos, de construcción. Hay que acelerar todos esos procesos. No puede ser una fábrica que quiera instalarse o ampliar su actividad deba esperar tres años a que se complete todo el proceso, para entonces quizá busque otro lugar para invertir”.

Recuerda el impacto que puede tener la tasa de retribución aprobada en España, inferior a la reclamada por el sector. La CNMC acordó incrementarla del 5,58% al 6,48%. Sin embargo, el sector eléctrico había reclamado situarlo en torno al 7,5%. Recordaba que sólo así se podría competir con otros países en la atracción de inversores en una cuestión urgente y necesaria.

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