El ascenso de Jacob Elordi en Hollywood ha sido tan rápido como medido. En apenas unos años, ha pasado de ser un rostro asociado al éxito adolescente de Mi primer beso (2018) a convertirse en uno de los nombres más recurrentes del cine de autor contemporáneo en proyectos como Priscilla (2023) o Saltburn (2023). Sin embargo, en pleno punto álgido de su carrera, una de las voces más influyentes del cine español ha introducido una duda que ha reabierto el debate: ¿es ya un actor consolidado o sigue siendo simplemente un icono?
La pregunta no viene de cualquiera. Pedro Almodóvar, siempre preciso -y a menudo incómodo- en sus valoraciones, ha dejado una de las frases más comentadas de estos últimos días durante su participación en el pódcast La Pija y la Quinqui. Su afirmación sobre el actor funciona como punto de partida para una reflexión más amplia sobre el propio "fenómeno Jacob Elordi" y sobre cómo se construyen hoy las estrellas en la industria global.
El ascenso de Jacob Elordi
La trayectoria de Jacob Elordi encaja casi de manual en la narrativa del "nuevo galán" que busca legitimarse como actor serio. Su salto a la fama llegó en 2018 con la trilogía de Netflix Mi primer beso, donde encarnaba al arquetipo romántico adolescente. Aquella imagen, masiva pero limitada, pronto encontró un contrapunto en Euphoria, donde da vida a Nate Jacobs, un personaje mucho más oscuro, violento y psicológicamente complejo. Ese giro fue clave para ampliar su rango y, sobre todo, para cambiar la percepción que la industria tenía de él.
A partir de ahí, Elordi comenzó a encadenar proyectos con directores de prestigio. En Saltburn, bajo la dirección de Emerald Fennell, consolidó su presencia en el cine de autor contemporáneo. En Priscilla, dirigida por Sofia Coppola, asumió el reto de interpretar a Elvis Presley desde una perspectiva íntima y desmitificadora.
El salto definitivo llegó el pasado año con Frankenstein, de Guillermo del Toro, un trabajo de gran visibilidad que le valió su primera nominación al Oscar por Mejor Actor de Reparto (que terminó llevándose Sean Penn por Una batalla tras otra). Este reconocimiento parecía sellar su transición de ídolo juvenil a actor respetado, pero es precisamente en ese punto donde el director manchego ha introducido el matiz.
La duda de Almodóvar sobre el éxito de Jacob Elordi
Todo empieza en la entrevista del pasado domingo en el pódcast La Pija y la Quinqui. En esta entrega acudieron de invitados Pedro Almodóvar y su hermano Agustín. Allí, Mariang mencionaba a Jacob Elordi y el deseo del actor de hacer cine español. Le hacía entonces una petición al director -que ha estrenado recientementeAmarga Navidad-, al afirmar que debía ser él quien "empezara" con el protagonista de Euphoria: "Tienes que ser tú el que haga una película con Jacob Elordi". Almodóvar respondía con la frase que ha marcado la polémica: "¿De verdad pensáis eso? O sea, que el estrellato de Jacob Elordi ya veo que es cierto, está basado en la realidad. Porque yo todavía estaba dudando si era simplemente un sex symbol o si era un actor respetado".
No tiene por qué tratarse de una descalificación, sino de una evaluación en proceso. Almodóvar no niega el fenómeno Jacob Elordi -de hecho, lo reconoce-, pero sí da a entender que aún no ha visto un papel que le permita medir de forma definitiva su nivel interpretativo. En otras palabras, no duda de su potencial, sino de si ha tenido -o elegido- los proyectos adecuados para desplegarlo por completo. En esto puede estar de acuerdo hasta el propio Elordi. Hace un tiempo afirmó haberse sentido incómodo por su papel en las entregas de Mi primer beso, catalogando las películas como "ridículas".
Este tipo de juicio encaja con una visión muy concreta del cine que Almodóvar ha demostrado tener. Un actor se define por su capacidad de transformación, por su riesgo y por la intensidad emocional que es capaz de sostener en pantalla.
"Es que es muy mala": Almodóvar opina sobre '"Cumbres borrascosas"'
Otro de los puntos más contundentes de las declaraciones de Almodóvar fue su valoración de "Cumbres borrascosas", la versión protagonizada por Elordi junto a Margot Robbie que se estrenó el pasado mes de febrero. El director no se anduvo con rodeos calificándola de "muy mala".
Sin embargo, en su crítica exculpa a los intérpretes. Según su visión, ni Elordi ni Robbie son responsables del resultado final. Ambos "hacen lo que pueden" dentro de un material que, en su opinión, no les permite desarrollar matices ni construir personajes complejos.

La adaptación de la novela de Emily Brontë ha sido, en general, objeto de debate por su enfoque contemporáneo y por la dificultad inherente de trasladar a la pantalla una obra marcada por la intensidad emocional, la ambigüedad moral y la densidad psicológica de sus protagonistas.
Para Pedro Almodóvar, el problema radica precisamente ahí. Lo ve como una película que no ofrece el espacio necesario para que los actores brillen. La consecuencia directa es que no sirve como prueba válida para medir el talento de sus intérpretes.
'Frankenstein' y el papel "cómodo"
La lectura del director sobre Frankenstein añade otra capa al análisis. Aunque reconoce la relevancia del proyecto, considera que el personaje de la Criatura, en su concepción actual, puede resultar "cómodo" para un actor. Su argumento apunta a una evolución de figura monstruosa y trágica a presencia estilizada, casi estética. En este contexto, la interpretación se apoya más en el físico, la voz o la atmósfera que en un desarrollo emocional más complejo.
Esto no implica que el trabajo de Jacob Elordi sea malo, sino que, desde esta perspectiva, no representa el tipo de desafío que permite evaluar plenamente a un actor. De esta manera y paradójicamente, el papel que le ha dado mayor reconocimiento es también, para Almodóvar, el que menos información ofrece sobre su verdadero rango.
En ese contexto, el atractivo físico o el magnetismo no son suficientes. Lo que define a un actor es su capacidad para ir más allá de sí mismo, para transformarse y para sostener emociones complejas en pantalla. La duda sobre Elordi, por tanto, no es aislada, ya que responde a su criterio concreto y exigente.
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