Parece que han transcurrido siglos, por la frenética concatenación de episodios, crisis, elecciones, escándalos, tensiones, crispación. Pero no. Este lunes, 1 de junio, se cumplirán ocho años del triunfo de la moción de censura que encumbró a Pedro Sánchez y tumbó a un Mariano Rajoy al que dejó KO la sentencia de la Gürtel que condenaba a su partido como partícipe a título lucrativo. Una moción que presentó José Luis Ábalos —hoy a la espera de fallo del Tribunal Supremo por el caso mascarillas— y que abrió paso al llamado Gobierno bonito, el primero del líder socialista que había reconquistado el trono de hierro de Ferraz apenas un año antes, en las primarias de mayo de 2017. Sánchez quiso marcar su impronta desde el principio, con gestos como la acogida del Aquarius, tendiendo puentes con los independentistas para superar el procés e ir cerrando una crisis territorial que puso en jaque al Estado, robusteciendo su perfil internacional. Enseguida vinieron los éxitos electorales de 2019 —las dos generales, las municipales, las autonómicas, las europeas— y la formación de un Ejecutivo de coalición con Unidas Podemos que había rechazado al principio. La pandemia, la profunda remodelación del Gabinete de julio de 2021, el volcán de La Palma, la guerra de Ucrania, la debacle de las regionales y locales de mayo de 2023, la resurrección imprevista de las legislativas de julio. Y justo después se abrieron las compuertas del infierno. Las de esta legislatura. La amnistía, la asfixiante fragilidad parlamentaria, el repicar incesante de los casos de presunta corrupción que afectaban al entorno directo del presidente y a su partido. Los desastres electorales en Extremadura, Aragón y Andalucía y el aguante en Castilla y León. La sorpresiva imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. El enredo del caso Leire Díez.
Ahora, ocho años después, nada es igual para Sánchez. Nada. Las señales de fin de ciclo son alarmantes; los golpes judiciales, continuos. Y nada es claro. El partido continúa en estado de shock. No sale de él. La investigación al expresidente, en quien todos siguen confiando, ha caído como un mazazo para dirigentes y cuadros. La descripción en un auto del magistrado Santiago Pedraz de una presunta trama criminal que operaba desde el corazón de Ferraz para boicotear casos en los tribunales que implicaran al PSOE ha sido recibida con espanto pero también con mucha indignación. El Gobierno se ha abrazado a la teoría del complot, de la conspiración, para intentar mitigar el impacto y apretar las filas. Todo es espesura alrededor del presidente, de su partido.
Y son esa incertidumbre y esa conmoción los que explican que el PSOE no sepa, no pueda responder a la pregunta de cuál es la mejor ventana de oportunidad para encajar las próximas elecciones generales. Han de celebrarse de aquí a poco más de un año como máximo, ¿pero cuándo? La presión de la oposición no cesa —pero es soportable para un presidente que ha hecho de la resistencia su marca personal—, la de los socios sube —pero rechazan una moción de censura—, la interna se oye más —pero no es relevante en términos cuantitativos—.
La decisión corresponde solo al jefe del Ejecutivo, es su atribución exclusiva, pero ni siquiera en su partido hay una idea diáfana de qué hacer. De cuándo es mejor arriesgar. Ferraz lo sabe, es consciente de que sus cuadros no tienen una visión unánime, y también prescribe esperar. Porque lo que muchos responsables esgrimen es que primero es necesario saber la hondura del caso Zapatero, escuchar las explicaciones del expresidente, para a partir de ahí recalcular la hoja de ruta. No aprieta demasiado la prisa, ya que si hay algo que todos comparten es que este es el peor momento para el partido, y como es inviable una convocatoria electoral en agosto, solo tendría sentido empezar a pensar en urnas del otoño en adelante. El debate no es baladí, porque se trata de calcular si conviene cortar la agonía y evitar un mayor desgaste adelantando los comicios o si es mejor, por el contrario, aguantar hasta el final, confiando en que el partido se recupere de sus múltiples y graves heridas en el año que queda de mandato. Esta última es la tesis oficial.
"En mi equipo hay opiniones diversas, y yo prefiero no pronunciarme hasta tener más información, hasta tener explicaciones", asegura un barón regional. "No hay una respuesta clara, efectivamente", completa otro máximo líder territorial. Ambos expresan ese mar de dudas que muchos otros dirigentes consultados —secretarios autonómicos y provinciales, alcaldes, candidatos, responsables territoriales— comparten. No es fácil apostar por una fecha cuando la perspectiva es sombría, ya que todas las encuestas hechas antes del escándalo Zapatero ya pronosticaban una amplia mayoría de PP y Vox en el Congreso, y quedan todavía, justifican, muchas piezas que colocar en apenas unas semanas.
Tras la catástrofe de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, sobrevino, martes 19, primero la imputación de Zapatero. Y cuando aún se estaba escrutando el sumario de miles de folios, un nuevo golpe, el miércoles 26: el requerimiento de información a Ferraz —los agentes estuvieron 16 horas recabando papeles— y el demoledor auto de Pedraz sobre el caso Leire. El jueves 28 arrancó la vista contra el hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez, en la Audiencia de Badajoz. Este lunes, 1 de junio, previsiblemente, se conocerá el sumario de la causa que tiene imputada a Díez y también, entre otros, a Santos Cerdán, exsecretario de Organización, y a la actual gerente, Ana María Fuentes. El 9, la esposa del líder socialista, Begoña Gómez, deberá comparecer en audiencia previa al juicio ante el juez Juan Carlos Peinado. El 17 y 18 de junio, la declaración de Zapatero ante el magistrado de la Audiencia José Luis Calama —iba a ser el día 2, pero el exmandatario socialista pidió un aplazamiento y se le concedió—. Posiblemente el miércoles 24, la comparecencia de Sánchez ante el pleno del Congreso. Y el sábado 27, reunión del comité federal del PSOE para fijar el calendario de las primarias para las autonómicas y municipales de mayo de 2027.
A casi un mes de las explicaciones del presidente en la Cámara baja, los socios empiezan a mostrar más nerviosismo. A la petición de elecciones de PNV y Coalición Canaria se sumó este viernes Junts a través de su portavoz parlamentaria, Míriam Nogueras. En su formación, aseguró en sendas entrevistas en TVE y Telecinco, no esperan "nada más que no sea" que Sánchez convoque ya los comicios. Pues que le digan "esto se ha acabado", retó a esos partidos la dirigente del PP Alma Ezcurra. "Quien mañana quiera decir que ayudó a limpiar la corrupción en España no puede lavarse las manos hoy como Poncio Pilatos", afirmó. "Frente al ruido mediático, la realidad del país", aseveró Sánchez ayer viernes en un mensaje en X para presumir de los buenos datos económicos. Él mismo repitió el miércoles desde Roma, mientras en la sede del PSOE estaban los agentes de la Guardia Civil, que no tenía en mente ningún anticipo porque las investigaciones judiciales "no impugnan" la acción del Gobierno y porque hay que priorizar la "estabilidad" y culminar el trabajo hecho, como el despliegue del tramo final de los fondos europeos.
"Primero, aclarar los juzgados"
Pero en el PSOE no inquieta tanto ni el malestar creciente de los socios ni el llamamiento de "cuestión de confianza o elecciones" que reiteró esta semana el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, el barón más enfrentado a la Moncloa y a Ferraz. Lo que sigue pesando como una losa es el caso Zapatero.
—Es que no tenemos ni idea de qué es mejor. Todo el mundo estamos más o menos igual ahora mismo —manifiesta un alto mando territorial que conoce bien a Sánchez—. Desde luego, convocar ahora mismo no. Como pronto, sería para diciembre o enero. Pero es que todos estamos en lo que sucedió la semana pasada con la investigación a Zapatero. La gente espera que pueda demostrar su inocencia. Hay que tener en cuenta que él se reconcilia con el partido en la campaña de 2023 [cuando moviliza a las bases y se erige en un reclamo electoral eficaz], porque hasta prácticamente entonces había perdido el cariño y no tenía relación con el Gobierno. Ahora mismo, es prematuro saber cuál es el mejor escenario para los territorios. Dependerá de Zapatero, también de cómo acabe lo de Santos [el caso Leire].
Desde otra punta del mapa, una candidata a una alcaldía de una capital provincial expresa esa misma prudencia: "De momento, cada dirigente con el que hablas te dice una cosa. Hay que esperar a que se aclare esto un poco. La gente no es capaz de decirte una fecha porque está esperando a valorar a ver qué pasa con Zapatero, que es lo que más nos afecta. Porque lo de la trama de Leire... Vamos, Mortadelo y Filemón son catedráticos de Metafísica al lado de estos. Lo que toca ahora mismo es Zapatero". "Primero, aclarar los juzgados. Después, ya hablaremos de elecciones", tercia un destacado responsable territorial, con una larguísima trayectoria.
Un relevante barón provincial —y alcalde a su vez— coincide: "Todo dependerá del día a día... En política no existe ya ni el medio plazo. Hay demasiadas cosas, demasiados frentes: ZP, Leire, Begoña; los socios, que tienen también sus estrategias; la presión del PP, la interna... y ojo, que todavía puede haber repetición electoral en Andalucía". Y este último no sería un elemento menor, porque Juanma Moreno "tiene una bala que puede utilizar perfectamente" para crujir al PSOE e intentar conseguir a la segunda la mayoría absoluta que no conquistó el 17-M y así poder desembarazarse de Vox. En ese remoto caso, Sánchez tendría que decidir si acude en auxilio de su federación y convoca las generales con esa repetición en Andalucía, hipótesis que es "la única que hace dudar" al presidente de la Junta.
Hace un año, cuando cayó Cerdán empujado por un devastador informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, en varias federaciones se sintió de manera más aguda el miedo y apuntaban a la necesidad de adelantar las generales. Sánchez cortó el debate rápidamente. Lo descartó y, tras el parón veraniego, pudo recuperar —siquiera por unas semanas— la iniciativa política. Pero ahora no se percibe esa misma pulsión. Rige la cautela. "Es que esto es un tsunami. Lo arrastra todo y no deja títere con cabeza. La imputación de Zapatero ha conmocionado a la gente", argumenta una veterana. "El tema de cuándo ubicar las elecciones es todavía tabú, y la gente aún está en shock. Además, los nuestros piensan qué para qué van a especular si la decisión la tomará Pedro, y sus pensamientos son inescrutables. En todo caso, yo no veo generales antes de las midterms americanas [que se celebrarán el próximo 3 de noviembre]", opina un responsable con hilo con la Moncloa.
En el partido no esperan que tras su declaración del 17 y 18 de junio el juez levante su imputación a Zapatero, pero al menos confían en que pueda "desmontar" las acusaciones y dar sus explicaciones. Algo que no ha hecho por consejo de su abogado, que le pide que primero se las dé al magistrado Calama. Esperar al expresidente "es un elemento importante", admite incluso un barón provincial convencido de que hay que agotar el mandato y llegar hasta julio de 2027.
Para un jefe de un aparato regional, hay que meter muchos elementos en la coctelera para calibrar qué es mejor: "Es un debate que se va a dar en el próximo comité federal. Desde luego, hay muchos matices y no lo tengo del todo claro. Creo que las palabras del PNV son un punto de inflexión. En la situación actual, si además estás sin ninguna capacidad legislativa se puede hacer muy duro. Si no se recompone la mayoría parlamentaria para sacar adelante algunas medidas, entiendo que convocar antes de julio de 2027 puede ser lo más inteligente para el país y para el partido. Y tenemos las causas judiciales. Si tras el verano se calman las aguas y se consigue tomar la iniciativa...".
Lo expresa así otro secretario de Organización autonómico: "La pregunta no es solo ZP. Es cómo van a evolucionar los socios, si vamos a poder hacer algo más que resistir en el Gobierno o peor, si vamos a seguir estirando el chicle de los pactos con ERC o Junts, que tanto nos tensionan. Y una cosa adicional, qué relato estamos construyendo para ir a elecciones". "Yo creo que la sensación general es que esto es insostenible, que ya no hay un escenario bueno", indica una portavoz autonómica del partido, "no es vendible que todo sea una persecución judicial, que aquí nadie conocía a nadie, que nadie se enterara de nada".
¿Cuánto antes?
Lo que es evidente es que la ventana de oportunidad para cuadrar unos comicios se estrecha, porque Sánchez tiene que intentar escapar de la atmósfera actual, con todo en contra. Porque "este es el peor momento de la legislatura", conviene un líder provincial. Entre los dirigentes que defienden que las generales deben celebrarse antes de las municipales —y autonómicas en 10 CCAA— de mayo de 2027, los hay que creen que es mejor separarlas varios meses. Es decir, que las legislativas tengan lugar entre finales de 2026 y primeros de 2027. Por dos motivos. Uno, para que si se pierde la Moncloa, el partido tenga tiempo de lamerse las heridas y recomponerse mínimamente de cara a mayo. Y dos, para no saturar ni fatigar de más a las bases, que son el pulmón de cualquier campaña y que llevarían peor encadenar dos convocatorias sin apenas respiro, y más en un contexto a la baja, a diferencia del escenario de subida de 2019, recuerda una candidata local.
Otros responsables, sin embargo, apuestan por aproximar las generales a las municipales y autonómicas. Es decir, que las agende para marzo o abril, como ocurrió en 2019. "Mi cálculo es que serán antes de las de mayo, porque nadie podría decir así que Pedro endosa las críticas a su Gobierno a los líderes autonómicos. Y si se pierde, daría tiempo para que se pudiese ver el pacto PP-Vox, lo que perjudicaría a las derechas de cara a las autonómicas y municipales. Generales en marzo sería la opción más probable", explica un expresidente regional. "La mayoría de mis alcaldes —señala un jefe de un aparato regional— duda si conviene otoño o marzo, pero lo que sí consideran es que las generales deben ser antes de las municipales. Incluso hay gente que piensa que Pedro debe presentar unos Presupuestos supersociales, y si se rechazan convocar con un discurso político social".
Quienes han venido defendiendo la necesidad de que las legislativas se ubiquen antes de las municipales han sido, precisamente, los alcaldes (y candidatos) socialistas. En ellos opera mucho el temor a que se repita lo que ocurrió en 2023, que fueron barridos del mapa y apeados del poder por la ola de castigo ciudadano a Sánchez, ya que el PP logró convertir en plebiscitarios aquellos comicios y el presidente no supo combatir la fortísima emocionalidad de aquella campaña, atravesada por las listas de Bildu (con terroristas condenados en ellas) o por la presunta compra de votos. "Ellos quieren elecciones cuanto antes mejor", sentencia un jefe de un aparato provincial. "Ya no es solo por temor a una hostia, es que yo quiero tener derecho a mi debate en mi ciudad, sobre mis temas", añade una candidata. "Lo que no puede ser es que aquí termine hundiéndose en la trinchera toda la infantería para que simple y llanamente siga existiendo cuartel general", dijo García-Page a primeros de año, una oposición que sigue reiterando.
Ir al calendario previsto
No todos los regidores comparten esa opinión. Un primer edil de una ciudad media defiende que "cada uno se enfrente a las urnas cuando le toca": "Después de que cada uno se haya enfrentado a sus elecciones, es más fácil que todo el mundo se implique más en las generales, aunque la implicación debería ser igual. Pensar que si vamos nosotros antes vamos a ser castigados es una idiotez. Cada uno tenemos nuestra responsabilidad, y yo si pierdo no le echaré la culpa a Pedro, me la echaré a mí y a mi equipo. ¿Por qué a Abel Caballero [alcalde de Vigo] no le afecta [la ola negativa]? Lo fácil es culpar a los demás".
El calendario que siempre ha preferido Sánchez es, precisamente, primero municipales y autonómicas en mayo y después generales, como en 2023. El presidente entiende que esa es la mejor fórmula para preservar la Moncloa, que es ahora mismo el tesoro más valioso de que disponen los socialistas. El discurso sería análogo al de hace tres años: si hay una nueva derrota territorial en mayo, pondría en guardia a los electores de izquierdas que, temerosos de la réplica de un pacto PP-Vox en toda España, reaccionarían y salvarían a la coalición progresista. "Hay que pensar en modo presidente. Aquí cada comensal escoge su plato", señala un asesor de Sánchez, que cree que se inclinará por esa fórmula. Un máximo dirigente, que trata mucho con el presidente, insiste en que siempre que habla con él le traslada la misma impresión, que resistirá hasta 2027. "Que la legislatura iba a ser complicada ya lo sabíamos", indica, "pero la economía va bien, el país va mejor territorialmente, y el tema judicial es puro acoso y derribo. No se pueden tomar decisiones en base a indicios. Sabemos que la pareja de Isabel Díaz Ayuso defraudó a Hacienda, y eso no es un indicio, sino la realidad, porque lo dijo a través de su abogado, y nadie le ha pedido a ella que convoque elecciones. Y es una realidad que su jefe de Gabinete, MÁR [Miguel Ángel Rodríguez] ha mentido. Eso tampoco es un indicio".
La idea de llegar hasta el final —y aprovechar el año por delante para intentar remontar— también tiene adeptos dentro del PSOE, y no solo en Ferraz y en la Moncloa. "Yo creo que hay que estar a lo que hay que estar ahora. Las normas dicen que hay que votar cada cuatro años. Pues ya está", asegura un alto mando territorial. "Tenemos que estirar, aunque el año que nos queda sea una putada. Pero no hay que subestimar a Pedro. Hay que esperar que nuestra izquierda se recomponga. Y vamos a ver, si la economía va bien y la agenda de la extrema derecha se impone, y la política internacional y Trump ayudan. Este país es de izquierdas si los progresistas salen a votar", apunta un secretario de Organización de una federación de mucho peso. "Agotar mandato, sí", prescribe un barón de una provincia muy simbólica para los socialistas. "Que agote mandato... pero sin superdomingo", espera una importante alcaldesa.
¿Y el 'superdomingo'?
Porque esa, en efecto, es otra opción. Que Sánchez haga coincidir municipales y autonómicas con las generales. El 23 de mayo de 2027. Ya el presidente tuvo esa alternativa sobre la mesa en 2019 y la desechó, y la descartó en rueda de prensa tras la caída de Cerdán. Pero ahora Ferraz no la rechaza con tanta fuerza. Esa alternativa, sin embargo, sí que recibe mucha contestación interna. Muchísima. Una superconvocatoria directamente se comería, creen, todo el debate territorial. Solo existiría una contienda: Pedro Sánchez frente a Alberto Núñez Feijóo. Un duelo a dos. A vida y muerte. Con la pretensión, claro está, de tensionar y polarizar al máximo y de incentivar la máxima participación.
La principal desventaja, según expresan muchos, es que sería jugárselo todo a una carta. Todo el poder. En un momento de gran debilidad para el PSOE. María Chivite, la presidenta de Navarra, ya dijo hace unos días que el superdomingo tiene "muchas aristas", que es un camino "muy arriesgado", aunque a ella le podría beneficiar porque los socialistas tienen mejor resultado en generales que en forales. "Yo no lo veo tan mala opción —contrapone un jefe de Organización autonómico—. Así como vienen las cosas, igual nos conviene poner toda la carne en el asador. Si movilizamos, podemos ganar al PP".
En Ferraz saben que dentro del partido hay debate, que no reina una única visión. "Nadie tiene una opinión formada ahora mismo. Incluso hay gente que te dice una cosa y luego te dice otra porque se lo ha pensado mejor. Y yo creo que Pedro no está en esto ahora —sostienen desde el corazón del cuartel general—. Pedro está en resolver todo lo que tenemos por delante. Y en ir saliendo poco a poco de esto. Lo que sí estamos notando es que nuestra gente siente que con esta sucesión de investigaciones judiciales, todas a la vez, se han pasado de frenada".
Es la vuelta a la tesis de la operación de "derribo" del Gobierno de la que hablaba el ministro Óscar Puente este jueves y que sirvió para animar a bases y cuadros. El mismo hilo conductor que utilizaba este viernes otro miembro de Gabinete, también muy cercano a Sánchez, Óscar López —"He visto cómo se redactan sumarios que podrían presentarse al Premio Planeta como mejor obra literaria", aseguró en el acto por los 120 años de Juventudes Socialistas de España—. No se habla de lawfare, no se cita esa palabra, pero se señala a una persecución por tierra, mar y aire. "Y como se aguanta es estando de pie. Los que no quieran que aguante", remata un presidente autonómico, "que hagan una moción de censura".
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