Partidos como Vox, que acostumbran a confrontar políticamente con discursos dicotómicos, bajo la perspectiva nosotros-ellos o nacionales-extranjeros, entre otros, se topan ahora con un dilema respecto a sus alianzas internacionales. En un momento de ligero repliegue por parte de sus socios europeos respecto a Donald Trump y EEUU, los de Santiago Abascal se han mostrado firmes, de la mano con el dirigente estadounidense y, a la vez, con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. La ofensiva en Irán, por las repercusiones económicas en las naciones continentales, ha agudizado ese desmarque de los socios europeos, mientras que Vox ha mantenido hasta hace no mucho una posición poco crítica.

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Pero en esta semana, enfrentamientos como el protagonizado por Trump con el Papa León XIV, a la vez que se autorepresentaba en su red social, Truth Social, como la reencarnación de Jesucristo, y la derivada contra Giorgia Meloni, han levantado ampoyas dentro de Vox: tanto Abascal como la portavoz parlamentaria en el Congreso, Pepa Millán, han cuestionado los últimos movimientos del presidente norteamericano.

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Por un lado, el distanciamiento de Vox con el anterior Pontífice era patente. Sin entrar en críticas abiertas públicamente, las diferencias ideológicas llevaban al partido a mantenerse alejados. Sobre todo, por cuestiones como el tema migratorio o la ligera apertura a cuestiones morales más progresistas. Aunque Vox ha mantenido mayor sintonía con cardenales como Robert Sarah, guineano, de los más conservadores de la Iglesia Católica y uno de los aspirantes a suceder a Francisco I, la llegada del nuevo Papa fue bien recibida el año pasado. Si bien ha habido alguna polémica, como las valoraciones críticas después de que León XIV advirtiera por su preocupación del avance de la extrema derecha. Desde Vox se han reivindicado como los únicos defensores políticos de la doctrina social de la Iglesia.

Además, Vox, para abrirse a nuevos electores en esa búsqueda del voto protesta u obrerista, ha mostrado cierto distanciamiento con la Iglesia -en lo que respecta a la institución-. Con críticas a la Conferencia Episcopal, en materia de inmigración o de regularización extraordinaria, pero también contra "parte de la jerarquía eclesiástica" por su apoyo a la comunidad musulmana en otros enclaves como Jumilla. Llegó a insinuar el año pasado que la pederastia puede tener "amordazada" a parte de la Iglesia "ante la acción de ciertos gobiernos liberticidas". Pese a esos ligeros roces con el nuevo Papa o a esas críticas a la Iglesia en España, desde Vox se ha respaldado al santo padre, Robert Prevost. Aunque sin una crítica profunda a Trump.

Desde el Congreso, la portavoz del partido declaró que el Papa "no debe someterse al escrutinio de ningún político". "Él mismo ha dicho que no va a entrar a debatirle o responder a Trump, y yo me quiero mantener en esa línea". "Lo lógico es que el Papa esté a favor de la paz y no de la guerra", incidió Millán, recordando que el choque entre ambos viene derivado de esa acción militar. Para su segundo, José María Figaredo, Trump se quiso hacer esta semana el "gracioso" con esa estampa en redes, ya eliminada, "y se pasó de frenada". "Nada impide al Papa hablar de cuestiones políticas aunque lo suyo sea propiamente otra cosa. No es admisible el insulto o la burla", se posicionó el eurodiputado Jorge Buxadé en X. Otras figuras como el secretario general, Ignacio Garriga, han preferido optar por el silencio.

Meloni, objetivo de confrontación para Trump

La crítica más directa a Trump ha venido por la ofensiva de este a Meloni, que primero salió en defensa del Papa frente a los reproches del republicano, y que ha derivado a algo personal por negarse la italiana a apoyar directamente a EEUU en el estrecho de Ormuz. La premier priorizó la defensa de la soberanía nacional y los intereses italianos, lo que paradójicamente la pone frente al mismo espejo que líderes como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. También enfadó a Trump que Meloni rompiese un acuerdo de colaboración con Israel.

La clave fue una conversación de Trump con Il Corriere della Sera, en la que se mostró "consternado" porque Meloni "no quiera ayudarnos en la guerra". "¿Les gusta -a los italianos- que su presidenta no haga nada por conseguir petróleo? No me lo puedo imaginar. Me ha sorprendido. Pensaba que tenía más coraje, me equivoqué", expresó Trump, que a la vez ponía en cuestión las políticas migratorias de Meloni.

Millán, en los pasillos del Congreso respaldó a Meloni definiéndola como la política "más valiente" -varias veces- que conoce y apuntó a que cada vez más los movimientos de Trump son "poco comprensibles". "Las naciones tienen derecho a defender su soberanía, es el deber de todos los presidentes de cualquier gobierno occidental que se precie". Durante una visita preelectoral de Abascal en Andujar (Andalucía), Abascal amplió el pasado miércoles. Destacó que no hay por qué compartir una visión similar en todos los asuntos. Lo ejemplificó con el acuerdo UE-Mercosur, defendido por el argentino Javier Milei y repudiado por Vox.

"Trump, a su manera, trata de defender los intereses de EEUU y la señora Meloni, sin ninguna duda, está también defendiendo los de Italia". "Hay que comprender a los aliados, no hay que atacarles y no tengo ninguna duda de que Meloni es una gran patriota". Es una mujer "valiente" a la que no puede "atacarse" por discrepar en algunas "posiciones geopolíticas o internacionales de otro aliado", señaló Abascal. Adentraba a su formación, con ello, en un cuestionamiento público.

Vox, al margen del distanciamiento de los socios

Desde al menos 2016, Trump ha sido referente ideológico de Vox además de los homólogos europeos, incluido Viktor Orbán. En sus primeros años, la mano de Rafael Bardají, ex de FAES y desde hace mucho fuera de Vox, fue clave para entablar contactos con los sectores más conservadores, lo que tiempo después se ha traducido en una asidua participación en la CPAC o de contactos profundos con Heritage Foundation.

El distanciamiento entre los aliados europeos viene dándose desde principios de año. Incluso en el entorno de Patriotas algunos grupos, según ha podido saber El Independiente se muestran reticentes con Trump en conversaciones privadas. No lo ven ya como un valor de prestigio, o de tirón electoral. Clave para ese alejamiento fue la incursión de EEUU en Venezuela y la detención de Nicolás Maduro. Pese a las diferencias ideológicas con el régimen chavista, los socios de Trump vieron vulnerado un principio esencial de lo defendido tanto en Patriotas como en la Europa de las Naciones Soberanas y en los Conservadores y Reformistas Europeos. No gustó ni a Marine Le Pen, ya de por sí históricamente reticente con EEUU, pero tampoco a Alternativa para Alemania, entre otros, con quien se había cerrado filas en las elecciones germanas del año pasado. Incluso por parte de Elon Musk, ahora desligado del presidente.

El desprecio a la soberanía nacional de Groenlandia extendió esas críticas entre los socios, entre Demócratas Suecos, el Partido Popular danés e incluso entre el británico Nigel Farage. Mientras tanto, en Vox aseguraron que no tenía tiempo para pensar en el territorio bajo protección de Dinamarca. Y ese cuestionamiento a Trump por sus tics imperialistas se han sostenido durante este primer trimestre del año, con el último capítulo con la agresión a Irán. Un ataque que no llegan a comprender ni si quiera en el entorno MAGA, cada vez más díscolo con Trump.

Una semana de cambios entre los socios

Este enfrentamiento se da en un momento de desequilibrio en las alianzas. La derrota de Orbán en Hungría deja a Vox y a otros socios de Patriotas sin un referente ideológico, de calado, en el poder más allá de ANO 2011 en Chequia aunque la influencia del húngaro seguirá ahí. Y eso obliga, en parte, extraoficialmente, a volver a mirar a Meloni. Eso entra en contradicción con su situación dentro de Patriotas, grupo al que viraron dejando de lado ECR y esa proximidad directa con Fratelli d'Italia o el PiS polaco. Defienden la alianza con Meloni, la más "valiente" pese a ser una figura de otro grupo y la líder ultraconservadora que más se ha alineado -salvando ciertas distancias- con Bruselas y Ursula von der Leyen. Meloni llegó a mediar con Trump para celebrar una cumbre entre la UE y EEUU con Ucrania en el centro durante los actos por la muerte del anterior Papa.

Con la italiana no se ha querido perder el contacto directo pese a extenderse los rumores de distanciamiento, de descontento de Fratelli tras abandonar Vox la alianza europea en Bruselas. Pero desde verano de 2024 se han dado encuentros puntuales entre Meloni y Abascal, incluido una última cita en casa del de Amurrio, en Madrid, durante la Navidad.

Vox se incorpora sutilmente a la crítica generalizada de los socios europeos. No marca tantas distancias como el resto y eso, en un momento puntual puede conllevar distanciamiento con ellos en un momento en el que el rechazo a Trump y la pérdida de poder de Orbán llevará a un reordenamiento de los ejes de influencia de los ultras en Europa. Incluso con los socios de Patriotas, que están bajo la presidencia de Abascal. Si el choque con Meloni deriva en uno con más socios Abascal deberá ser más contundente con Trump.

Por otro lado, el partido viene presumiendo de un largo listado de socios internacionales con influencia frente a las derechas tradicionales, como una manera de pugnar contra el PP de Alberto Núñez Feijóo, sin muchos más socios como Friedrich Merz o Kyríakos Mitsotakis como socios de peso. Sin caso homólogos en el poder en Latinoamérica. Es otro elemento de confrontación y de relato que pierde fortaleza frente a Génova.

De los aranceles al enfrentamiento contra el Papa

Mientras que otros socios marcan esa distancia a sabiendas de la poca utilidad electoral en sus respectivos países, Abascal y Vox se ha mantenido firme desde que la vuelta al poder del americano comenzó con amenazas de imposición a aranceles. Abascal participó en la CPAC de Washington de febrero de 2025 sugiriendo buena sintonía con países como España, como una petición velada para el dirigente fuese benévolo mientras por otro lado se incentivaba la rivalidad con Sánchez, en cruzada contra Trump y los tecnoligarcas. Figuras críticas dentro de Vox, como el ya expulsado exsecretario general, Javier Ortega Smith, ya advirtieron por entonces de los peligros de hacer seguidismo sin miramientos, especialmente cuando esa amenaza arancelaria afectaba a sectores como al del vino y el aceite, en cuanto a exportaciones.

Al empezar a verse las protestas del sector primario, desde el partido se fue modulando ligeramente el tono hasta situarse en un punto intermedio. Una buena parte del sector apoya a Vox, como se ha venido viendo en Extremadura, Aragón y Castilla y León. La Guerra en Ucrania también ha provocado tensiones internas y juego de equilibrios para mantener una postura pro OTAN y a la vez comprensible con las tiranteces con Zelenski, el acercamiento con Putin, mientras que desde el ámbito de los críticos se vinculaba el paso a Patriotas con una renuncia respecto a Occidente y el sometimiento a directrices de Orbán, caballo de Troya de Rusia en la UE. Mientras Bruselas denunciaba que Hungría era un topo del Kremlin, de las conversaciones de los Consejos Europeos, por ejemplo, Vox celebraba la CPAC en Budapest y daba su apoyo electoral al ya ex primer ministro. No entraba a valorar esas acusaciones.

El seguidismo a Trump se replica con Israel

La alianza de Trump y Netanyahu se replica por igual entre Vox y el Likud, el partido del israelí. Desde los críticos se denuncia la proximidad del lobby israelí ACOM a Vox, y se insinúa algún tipo de interés económico estos días. Así lo hacen desde el ex líder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo, o la concejala expulsada junto a Ortega, Carla Toscano. Más allá de ellos, hay preocupación interna por que el respaldo acérrimo a Israel perjudique electoralmente a la marca como antes pusieron los aranceles en riesgo el voto rural.

Hay sectores en Vox que no entienden la falta de condena a las amenazas de Israel a España o los ataques del Ejército israelí a los cascos azules españoles en el sur del Líbano. Con, incluso, una detención ilegal de uno de ellos. Eso pone en un punto de incongruencia a las capas militares que componen, entre otros, parte de sus listas electorales. Sobre todo, cuando esa condena sí ha llegado por parte del Ejecutivo nacional. Igualmente, se lamenta la persecución a la minoría cristiana en zonas como Líbano, objeto de bombardeos constantes por parte del gobierno de Netanyahu y que el partido tardase en condenar al régimen por dificultar la celebración del Domingo de Ramos en Israel, nuevamente, después de Sánchez.

Machado y Venezuela, otro punto de distancia con Trump

Más allá de ese enfrentamiento con el Papa y con Meloni, el respaldo troncal a María Corina Machado, la líder opositora venezolana, se ha topado con los caprichos de Trump. Tras la incursión venezolana, respaldada por Vox, el mandatario decidió apostar por Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana, como figura de continuidad y no por Machado.

Los de Abascal han tenido que virar su discurso, justificando el apoyo en el chavismo por parte de Trump para una transición democrática. Ésta se ha saldado con algunas liberaciones de presos políticos, mientras que el petroleo y el poder explotar los pozos venezolanos vienen siendo las prioridades de la Administración estadounidense. Trump llegó a considerar que Machado ponían en riesgo la paz en Venezuela para justificar su decisión mientras ella espera en el exilio a tener una oportunidad entre quienes la respaldan para una transición completa.

Abascal se reunió con Machado en la sede de Disenso, en el central Paseo del General Martínez Campos de Madrid, este viernes por la tarde, después de citarse con Feijóo en Génova y antes de recibir la Llave de Oro de la ciudad en el Ayuntamiento. Como crítica a Pedro Sánchez, Abascal mencionó que hay líderes que prefieren "estar junto a los referentes de la opresión, junto a los cómplices de la tiranía en Venezuela", obviando ese respaldo a Rodríguez, la número dos de Maduro, por parte de Trump. El deseo de que la venezolana vuelva pronto en condiciones de "seguridad" a Caracas, aleja a Vox del criterio de la Casa Blanca. La propia líder opositora rebaja la situación asegurando que Trump confía en Delcy porque sigue sus directrices sin pegas.