Opinión

Líbano, el laberinto abandonado

Tropas de la UNIFIL desplegadas en Líbano
Tropas de la UNIFIL desplegadas en Líbano | UNIFIL
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En realidad, el llamado Acuerdo de Alto el Fuego en el Líbano no es exactamente eso. Se trata de un acuerdo de uno de los beligerantes, Israel, con el gobierno institucional de Beirut para avanzar en la neutralización y, si se puede, el desarme de la milicia terrorista Hizbullah apoyada y financiada en parte por Irán y a veces con oficiales de la Guardia Revolucionaria iranís dirigiéndola sobre el terreno. En los propios términos del acuerdo se acepta el derecho de Israel a seguir actuando militarmente si Hizbullah mantiene sus acciones ofensivas como está haciendo, Por lo tanto, en las acciones israelíes no hay técnicamente violaciones del acuerdo.

Al fin y al cabo el citado acuerdo trata de ratificar y de hacer cumplir la resolución 1701 de la ONU, de 2006, que establece un marco fundamental para el cese de hostilidades entre Israel y Hizbullah en el Líbano, exigiendo “el desarme de grupos armados, el despliegue del ejército libanés en el sur y la retirada de fuerzas israelíes”. En base a esta resolución están en territorio libanés las fuerzas de la ONU para supervisar la seguridad en la Línea Azul, misión de escasa eficacia desde la firma de aquella resolución en 2006.

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Entonces, ¿qué es lo nuevo? Pues que, por primera vez, el gobierno legítimo de Beirut reconoce que el enemigo de aquel Estado es Hizbullah, que la milicia terrorista es la parte agresora y que es necesario un acuerdo con Israel para acabar con esa amenaza y establecer relaciones estables y duraderas. Sólo que el Estado libanés no tiene capacidad militar para aplicar esa resolución ni hay voluntad de que la fuerza internacional se implique en eso tras dotar al Ejército libanés los medios necesarios.

Hizbullah es, desde hace mucho tiempo, mucho más que una milicia terrorista con disciplina, organización, medios y despliegue propios de un ejército nacional paralelo. Hizbullah tiene una existencia institucional, posee bancos y empresas, y cuenta con un grupo parlamentario en el parlamento libanés y una cuota en el reparto del poder político. Estas cuotas pactadas implican un reparto del aparato político militar y administrativo entre las minorías étnicas del país, cristianos, musulmanes sunnitas, musulmanes chiitas y drusos, y Hizbullah se ha apropiado de la cuota chiita. En estas cuotas entran la presidencia del gobierno, un reparto de los jefes del ejército nacional libanés y otras instituciones. Precisamente este reparto por cuotas de la cúspide del ejército libanés es un obstáculo más a la hora de implicarse en el desarme de Hizbullah. Aunque hay que subrayar que, también por primera vez, varios generales chitas han denunciado que Hizbullah es el principal enemigo de la estabilidad en Líbano. A Hizbullah sólo puede desarmarla una fuerza dotada de medios y voluntad de hacerlo y, sobre el terreno, solo las Fuerzas de Defensa de Israel están en situación de hacerlo aunque con grandes dificultades y un enorme coste en vidas y medios. Hizbullah considera alta traición las conversaciones del presidente libanés con Israel.

Una inestabilidad crónica

Hasta 1970 Líbano era un país relativamente estable y próspero en un entorno fracasado. Pero el intento de las facciones palestinas dirigidas por Yaser Arafat establecidas en Jordania de derrocar a la monarquía jordana y fundar allí un embrión de Estado palestino que desató una guerra civil en Jordania. El rey Hussein derrotó a los palestinos y a fuerzas sirias que acudieron a ayudarlos y los expulsó rumbo al Líbano (Septiembre Negro) y hay que decir que Israel atenuó la matanza de palestinos abrieron un corredor para su paso a territorio libanés.

Es obvio que estabilizar el Líbano sería una gran baza estratégica, fundamentalmente para Europa"

Pero la llegada de los palestinos al Líbano transformó radicalmente la región. Los palestinos, divididos en una decena de organizaciones distintas y armadas se convirtieron en poderes reales en los campos de refugiados y provocaron que cristianos, chiitas, sunnitas y drusos formaran milicias propias de defensa. A eso siguió un periodo altamente inestable, una guerra civil libanesa y una invasión israelí en 1982 que expulsó a Arafat y los suyos hacia Túnez aunque quedaron en Líbano miles de palestinos bajo influencia de Siria que también armaba y protegía a los chiitas. De ese magma nació Hizbullah, entrenado por oficiales iraníes, financiado por Irán y protegido por la Siria de Al Assad. Loa integrantes de Hizbullah no son palestinos aunque colaboren con ellos y sus objetivos eran y son acabar con el poder de los cristianos maronitas y de los sunníes, las élites urbanas que gobernaban, y comenzar a atacar a Israel desde el sur del Líbano y el Valle de la Bekaa, en la frontera con Siria.

Y éste sigue siendo hoy el contexto de la situación libanesa. Un Estado débil ante Hizbullah, un ejército sin medios ni capacidad, una milicia terrorista muy golpeada pero con capacidad de agresión y una potencia, Irán, aplastada pero no rendida, que necesita que el frente libanés siga abierto como elemento de presión para mejorar sus condiciones de rendición.

¿Tiene Europa alguna responsabilidad?

Donald Trump está empeñado en acusar a Europa de haber abandonado a EEUU y, en lo que respecto a a la OTAN, parece claro que Oriente Medio está fuera de sus escenarios y previsiones. Pero Europa es más que la OTAN.

Francia fue potencia administradora del Líbano y y Siria tras repartirse la región con Gran Bretaña al final de la I Guerra Mundial y reforzar el reparto tras la II. Y Francia es hoy un país con influencia en el Líbano y ha estado implicada en el acuerdo actual. Es obvio que estabilizar el Líbano sería una gran baza estratégica, fundamentalmente para Europa, y el rearme del ejército libanés, el apoyo a un aseguramiento de las fronteras entre Líbano e Israel alejando el terrorismo de la divisoria es una necesidad en la que Europa debería aportar algo más que proclamaciones supuestamente humanitarias. No debería valer eso de participar cuando haya alto el fuego sino intervenir para que lo haya y funcione.

Tal vez sea el momento de recordar las palabras del que fue Secretario de Defensa de EEUU, Colin Powell, nada trumpista por otra parte, cuando dijo que “en los grandes conflictos, cuando EEUU lanza un misil, Europa lanza un comunicado”.

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