El cambio climático ya no es una amenaza lejana. Sequías prolongadas, inundaciones, olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos se han convertido en señales cada vez más frecuentes de un planeta sometido a una presión que va en aumento. La crisis climática ya se percibe en situaciones cotidianas, como garantizar agua, mantener infraestructuras críticas funcionando durante episodios extremos o asegurar el suministro energético en momentos de máxima demanda.
Frente a esta realidad, Naciones Unidas (ONU) recuerda en el Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado cada 5 de junio, que actuar frente al clima es urgente. Bajo el lema "Por el clima ya", la organización invita a escuchar "las señales que la Tierra nos envía" y subraya que la adaptación es ya indispensable para proteger tanto a las personas como a los territorios. La mitigación, al mismo tiempo, sigue siendo clave para limitar el calentamiento global.
Pero actuar frente al cambio climático no consiste solo en reducir emisiones, va más allá. Implica transformar sistemas básicos como la energía, el agua o la gestión de residuos, cada vez más condicionados por un entorno climático cambiante.
En este contexto, empresas como Veolia trabajan en la gestión del agua, la energía y los residuos con el objetivo de descarbonizar, descontaminar y regenerar recursos naturales esenciales para el funcionamiento de las ciudades y la actividad económica.
Seguridad ambiental: el acceso a los recursos se convierte en prioridad
Uno de los conceptos que va ganando cada vez más relevancia en este escenario es el de "seguridad ambiental". Se trata de la capacidad de garantizar que recursos esenciales como el agua, la energía o la gestión de residuos sigan disponibles de forma continua y fiable, incluso en contextos de crisis climática.
La idea está directamente relacionada con la vida cotidiana. El agua es salud, higiene y prevención de enfermedades. La energía permite el funcionamiento de hospitales, hogares e infraestructuras críticas. Y la gestión de residuos actúa como una barrera frente a la contaminación y los riesgos sanitarios.

Cuando el clima se vuelve más extremo, estas necesidades se vuelven todavía más urgentes. Garantizar el acceso a esos recursos se ha convertido en una cuestión estratégica tanto para las administraciones como para las empresas que gestionan servicios esenciales.
Tres grandes desafíos conectados
La actividad de Veolia, que ya es referente global en iniciativas para la transformación ecológica, se articula en torno a tres grandes desafíos. El primero es garantizar la disponibilidad y calidad de los recursos naturales, especialmente el agua, en un contexto de creciente escasez y variabilidad climática. En 2025, la compañía suministró más de 1.139 hm³ de agua y prestó servicio a 13,5 millones de personas en más de 1.000 municipios españoles.
El segundo desafío pasa por impulsar una economía circular capaz de dar una segunda vida a los residuos y reducir la presión sobre los recursos naturales. El último se centra en la reducción de emisiones y la mejora de la huella ambiental mediante soluciones de eficiencia energética, energías renovables y valorización de recursos.
Cómo transformar energía y residuos en recursos útiles
La transición ecológica exige adaptar infraestructuras y modelos productivos a un entorno más incierto. Parte de esa transformación requiere desarrollar sistemas más eficientes y circulares en ámbitos como la energía, el agua o los residuos.
En materia de mitigación, Veolia desarrolla soluciones orientadas a reducir emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la huella ambiental de ciudades e industrias. Un ejemplo es Ecoenergies Barcelona, un proyecto que recupera energía residual para generar frío y calor mediante redes urbanas de baja emisión de carbono.
La biomasa es otro de los ámbitos en los que trabaja la compañía. Veolia integra toda la cadena de valor, desde la gestión forestal hasta la producción energética. En 2025 gestionó más de 357.000 toneladas de biomasa y abasteció a más de 1.440 clientes particulares, contribuyendo a impulsar modelos de autosuficiencia energética basados en recursos locales.

También desarrolla proyectos de geotermia, una tecnología que aprovecha el calor del subsuelo para climatización y agua caliente con bajas emisiones. Según datos de la compañía, estas instalaciones evitaron el pasado año la emisión de más de 800 toneladas de CO₂, equivalentes a la absorción anual de aproximadamente 42.000 árboles.
Economía circular: reducir residuos y recuperar recursos
La gestión de residuos se ha convertido en otro de los pilares de la transición ecológica. En 2025, la empresa trató en España más de 1,2 millones de toneladas de residuos y evitó la emisión de más de 363.000 toneladas de CO₂ equivalente mediante procesos de valorización y reciclaje.
Entre sus infraestructuras destacan las plantas de Badajoz y Sevilla, especializadas en el tratamiento de plásticos, que procesaron alrededor de 130.000 toneladas durante el último año. Este modelo se complementa con la valorización energética de residuos no reciclables, que permite producir electricidad y calor reduciendo el vertido y reforzando la economía circular.
Adaptarse a un escenario con menos agua
La adaptación climática es ya uno de los principales retos ligados a la gestión del agua. La escasez hídrica y la irregularidad de las precipitaciones obligan a desarrollar soluciones capaces de garantizar el abastecimiento incluso en situaciones extremas.
En este contexto, el agua de mar y el agua salobre se han consolidado como alternativas clave para asegurar la continuidad del suministro y reducir la vulnerabilidad frente a sequías prolongadas. Veolia desarrolla tecnologías de desalinización que buscan mejorar la eficiencia energética y reducir el impacto ambiental de estos procesos. Según la compañía, sus innovaciones han permitido mejorar la eficiencia energética un 85% y reducir un 90% los costes operativos.
Las ecofactorías y el nuevo ciclo del agua
Las ecofactorías representan una evolución de las depuradoras tradicionales hacia instalaciones capaces no solo de tratar agua, sino también de regenerarla, reutilizarla y generar energía. Estas infraestructuras permiten producir agua regenerada para usos urbanos, agrícolas e industriales, además de valorizar residuos y producir energía renovable.

La ecofactoría BioSur de Granada produjo en 2025 cerca de cuatro millones de kilovatios hora, superando su propio consumo energético. Por su parte, la ecofactoría del Baix Llobregat genera dos metros cúbicos por segundo de agua regenerada destinada a la recarga de acuíferos, el riego agrícola y distintos usos industriales.
Proteger recursos para proteger a las personas
La crisis climática ya no afecta únicamente al medio ambiente. También condiciona el acceso al agua, la energía, la salud pública o el funcionamiento de las ciudades.
Garantizar esos recursos básicos en un contexto climático cada vez más complejo se ha convertido en uno de los grandes desafíos de los próximos años. En ese escenario, conceptos como la seguridad ambiental empiezan a ganar peso dentro de la estrategia de compañías e instituciones vinculadas a la gestión de infraestructuras esenciales.
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