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España sobrevive al muro belga con un gol milagroso de Merino y regresa a semifinales 16 años después

Mikel Merino de España celebra un gol decisivo.
Mikel Merino de España celebra un gol decisivo. | EFE/ Lavandeira Jr

España aprendió a sobrevivir en el alambre y a decidir cuando el tiempo ya no parece existir. En Los Ángeles, en una noche atravesada por el recuerdo de las víctimas del incendio de Almería -minuto de silencio antes de empezar-, el equipo de Luis de la Fuente encontró en Mikel Merino su fe tardía: un gol en el 87 que rompe la resistencia de Bélgica y empuja a la selección hacia unas semifinales que se le niegan desde 2010.

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El partido fue, durante largos tramos, un ejercicio de paciencia contra un muro. España gobernó la posesión desde el inicio, con Fabián Ruiz como brújula improvisada en ausencia de Pedri, y encontró pronto recompensa. El andaluz aprovechó un rechace de Courtois tras un disparo de Dani Olmo para abrir el marcador. Era el guion esperado: dominio español, ocasiones, insistencia. Pero el fútbol, que no atiende a la lógica estadística, tenía preparada una grieta.

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Bélgica apenas necesitó una. De Ketelaere, en la única llegada clara de los suyos en la primera mitad, silenció el estadio con el empate. Fue un golpe frío, casi quirúrgico, que desnudó la fragilidad defensiva de España y congeló por unos minutos el ritmo del partido. A partir de ahí, el encuentro se convirtió en un asedio sin remate.

Tras el descanso, España acentuó su control, pero se topó con un rival cada vez más replegado y disciplinado. Courtois sostuvo a Bélgica con varias intervenciones de peso hasta que, en el minuto 70, el guion dio un giro inesperado: el portero cayó lesionado y abandonó el campo entre lágrimas. Su salida no cambió de inmediato el decorado —España seguía acumulando llegadas sin precisión en el último pase—, pero sí alteró el pulso emocional del tramo final.

De la Fuente movió el banquillo en busca de claridad: entraron Pedri, Ferran, Nico Williams. Bélgica, cada vez más hundida, parecía aceptar el empate como destino. España, sin embargo, insistía sin desesperarse, consciente de que el partido estaba en un detalle, en un rebote, en un gesto mínimo.

Y llegó.

Minuto 87. Cubarsí se atrevió desde lejos, Lammens rechazó como pudo y el balón quedó suelto en el área. Allí apareció Merino, que llevaba apenas dos minutos en el campo, para empujar el gol con la naturalidad de quien entiende el momento. Ya lo había hecho ante Portugal. Volvió a hacerlo cuando más dolía fallar.

Los últimos minutos fueron de resistencia. Bélgica, sin De Bruyne -exhausto y sustituido tras ver amarilla-, empujó con más corazón que claridad. España defendió con orden y cabeza durante los siete minutos de añadido, sosteniendo una victoria que vale un salto histórico.

Francia espera en semifinales. España, mientras tanto, vuelve a creer en los finales imposibles y en los futbolistas que aparecen cuando todo parece agotado. Merino, otra vez, fue ese jugador.

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