Sydney Sweeney ha vuelto a demostrar que ahora mismo no hay nadie en Hollywood que maneje los tiempos de la provocación publicitaria con tanta soltura como ella. La actriz, que ha hecho del impacto mediático su mejor valor de marca –además de su indiscutible talento interpretativo–, ha vuelto a poner del revés las redes sociales al desnudarse por completo para la campaña de Novig, una aplicación de apuestas deportivas que debuta a nivel nacional en Estados Unidos.
En la pieza publicitaria, la protagonista de Euphoria posa completamente desnuda subida a un aro de baloncesto y cubriéndose de forma estratégica únicamente con balones de fútbol americano y baloncesto, antes de dejarse ver con cascos de béisbol, protecciones de hockey o tumbada sobre una mesa de billar. Con un toque de humor irreverente, la intérprete lanza un mensaje claro a los aficionados mientras se tapa con un balón de fútbol: en su plataforma solo hay espacio para el deporte, desligándose de otros mercados de predicción salpicados por la actualidad al recordar que allí "no se apuesta sobre guerras, muertes ni política".
El idilio publicitario de Sweeney con Novig no se limita a poner su cuerpo ante las cámaras. La actriz ha dado un paso más en su faceta empresarial al incorporarse a la compañía como socia estratégica y accionista de la firma. Según ha explicado la propia intérprete, la idea tras el anuncio busca "cortar con el ruido" circundante e ir al grano con una mezcla de confianza y humor, una estrategia que el propio consejero delegado de la firma, Jacob Fortinsky, ha calificado de imposible de ignorar para calar entre el público joven.
Jabones, bragas y vaqueros
Este nuevo revuelo se suma a una lista cada vez más larga de campañas controvertidas que la intérprete ha sabido rentabilizar. El año pasado, su imagen estuvo en el centro de la atención mediática tras su sonada colaboración con la marca de aseo masculino Dr. Squatch, que llegó a comercializar una edición limitada de cinco mil pastillas de jabón elaboradas con el agua real de la bañera de la actriz. Aquella acción, calificada de estrafalaria por unos y de genialidad comercial por otros, terminó sirviendo de escaparate para que la multinacional Unilever terminase comprando la marca por 1.500 millones de dólares. A ello se añaden los controvertidos anuncios de vaqueros para American Eagle o la promoción de Syrn, su propia firma de lencería.
La polémica tampoco le ha resultado ajena en la pantalla chica. Apenas unos meses atrás, el esperado regreso de Euphoria a HBO Max volvió a situar a Sweeney en el ojo del huracán debido a las explícitas secuencias de su personaje, Cassie, abriéndose una cuenta de contenidos para adultos vestida con estética infantil, lo que desató una oleada de reproches de los espectadores hacia la deriva de la serie y las decisiones creativas de su creador, Sam Levinson.
Ajena al ruido y al debate constante sobre la hipersexualización de su imagen, Sweeney continúa consolidando un imperio comercial que camina de la mano con una carrera cinematográfica en pleno auge. Tras reventar la taquilla mundial recaudando 400 millones de dólares con la cinta independiente La asistenta, la actriz, que acaba de pasearse por el Festival de Venecia de la mano de su novio, Scooter Braun, tiene en agenda la secuela El secreto de la asistenta, además del salto al universo de Gundam para Netflix y el drama The Custom of the Country. Polémica o no, la fórmula Sweeney sigue funcionando en taquilla y en pantallas.
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