Los partidos en Alemania se distinguen por colores. El Tageszeitung, un diario berlinés conocido por su audacia, ha cambiado el idílico azul de Alternativa para Alemania (AfD) por el pardo, asociado a la extrema derecha por las camisas de los SA (Sturmabteilung). Para la Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia (BSW) se usa el morado pero en realidad debería ser una combinación de rojo y pardo. Este partido, que surge de una escisión de La Izquierda en torno a la polémica Sahra Wagenknecht comparte postulados con la extrema derecha pero también con la extrema izquierda. Ella se define "de izquierda conservadora". Va a pasar a la historia por romper el cordón sanitario (Brandmauer) con AfD en Sajonia-Anhalt y facilitarles la formación de gobierno. Y por guiñar un ojo a Putin en un país amenazado por el Kremlin.
Esta formación política nacionalista de izquierdas es la única que ha aceptado la invitación a conversar sobre la candidatura de Ulrich Siegmund, líder de AfD en Sajonia-Anhalt, a ministro presidente. Ya se intuía que BSW veía posibilidades de entendimiento cuando coincidieron en un plató de televisión Alice Weidel, líder federal de AfD, y la candidata en el Land, Claudia Wittig. Entre ellas, todo fueron sonrisas y buenas palabras. En realidad, bastaría con la abstención de los diputados de BSW en la tercera ronda en la que se precisa solo la mayoría de los votos.
En Sajonia-Anhalt, la Alianza Sahra Wagenknecht se jugaba su supervivencia, después de un año de crisis en crisis. Apenas unos días antes de las elecciones en Sajonia-Anhalt, el partido saltó por los aires. Sus diputados allí han formado Turingia Justa. En 2025 se quedaron fuera del Parlamento federal. Pero el domingo BSW logró superar la barrera del 5% y sus cinco diputados convierten a Sahra Wagenknecht en una kingmaker.
AfD logró 39 escaños, casi el 44% de los votos, pero se quedó a tres de la mayoría absoluta. Todos los demás partidos que han entrado en el Parlamento regional (CDU, SPD, Verdes y la Izquierda) suman 39 también. Pero entre ellos hay diferencias sustanciales, y el candidato del más votado, la CDU, muy mermado con respecto a 2021, ya dijo que el resultado les situaba en la oposición.
Puntos en común con AfD
Sahra Wagenknecht coincide con Alice Weidel el diagnóstico sobre Alemania: está en una profunda crisis. Y también en el deseo de acabar con el sistema. "¿Por qué hay tanto descontento, tanta ira en Alemania? Porque la vida se ha vuelto notablemente más difícil para la mayoría de la gente en los últimos años. Aumento de los precios de la energía, subida de los alquileres, colegios deficientes, pensiones míseras… ¡y la única respuesta de los políticos: más recortes, más empeoramientos! ¡Y al mismo tiempo se destinan miles de millones a la industria armamentística y a Ucrania! Es totalmente comprensible que la gente esté indignada. Por eso, muchos votan a la AfD", decía recientemente Sahra Wagenknecht en una entrevista en Der Spiegel. En esas condiciones, mantiene que el Brandmauer, o cordón sanitario, es una "idiotez".
"La AfD es un partido legal. Actualmente es el partido más fuerte de Alemania (...) Intentar seriamente mantener a un partido con un 40 % de los votos alejado de toda influencia es antidemocrático y supone una bofetada a sus votantes", añadía Wagenknecht, quien defiende que en Sajonia-Anhalt gobierne un candidato independiente y respetado más allá de fronteras partidistas. En eso no coincide con Ulrich Siegmund.
La propia Wagenknecht explicó en la cadena de televisión alemana ntv lo que unía a los votantes de AfD y BSW: "Se trata de personas que comparten preocupaciones similares: quieren una inmigración controlada, no quieren esta inmigración descontrolada y, sobre todo, quieren que la política vuelva a orientarse a sus intereses, que sus vidas sean el centro de atención". También coinciden en que se terminen los envíos de armas alemanas a Ucrania.
Rosa Luxemburgo 2.0
Sahra Wagenknecth, de 57 años, fundó el partido en 2024, pero en noviembre de 2025 dio un paso atrás y ahora no tiene cargo. Sin embargo, sigue siendo la estrella de la formación en los principales mítines de las campañas electorales. Tiene una personalidad arrolladora y un ego descomunal. Hay quienes la han comparado con Rosa Luxemburgo, cofundadora del Partido Comunista de Alemania asesinada en 1919 y figura emblemática de la izquierda alemana. Como escribía Wolfgang Münchau cuando fundó BSW, "Alemania, con su moribunda base industrial y el romanticismo postsoviético aún vivo en el este, es el país ideal para el populismo de izquierdas".
Curiosamente, está casada con Oskar Lafontaine, quien fuera ministro de Finanzas del primer gabinete del socialdemócrata Gerhard Schröder. Sus discrepancias sobre las reformas necesarias en Alemania le llevaron a dimitir apenas unos meses después de aceptar el cargo. Los dos son las figuras más disruptivas que se han visto en la política alemana hasta la irrupción de Alternativa para Alemania.
Wagenknecht es hija de un iraní que estudiaba en Berlín occidental y una alemana del Este dedicada al mundo del arte. Tiene la nacionalidad iraní. Su padre volvió a Irán cuando ella tenía tres años y ahí se perdió su pista. Pasó su infancia con sus abuelos en Jena, donde confiesa que sufrió acoso por su apariencia: era morena, de piel y ojos oscuros. A los 19 años se unió al Partido Comunista de la RDA (SED) y cuando cayó el Muro siguió defendiendo sus propuestas frente a lo que le parecían contrarrevolucionarios. Después se unió al Partido del Socialismo Democrático, heredero del SED.
Es licenciada en Literatura y Filosofía, y doctora en Ciencias Económicas. Hizo su tesis sobre cómo el joven Marx percibía a Hegel. En los 90 se convirtió en un fenómeno mediático, ya que defendía de forma desapasionada y contundente los principios sobre los que se fundó la RDA. "Mejor una Alemania del Este con el muro que las condiciones en las que está hoy la sociedad", dijo en una entrevista en television en 1996, según recoge Politico.
Alma gemela de Lafontaine
En 1997 se casó con el periodista y productor Ralph T. Niemeyer, un excéntrico, a quien investigaron por "falsificación a traición", un presunto intento de transmitir información falsa a una potencia estatal extranjera que podría poner en peligro la seguridad de la República Federal de Alemania. En 2014 se casó con Oskar Lafontaine, 26 años mayor que ella.
Como escribía en El País, Hermann Tertsch fue Lafontaine quien se convirtió en el adalid del rojipardismo cuando en 2005 dejó el SPD y se unió a Die Linke. "Quién hubiera dicho, sin ser tomado por loco, que el que fuera todopoderoso presidente del Estado del Sarre, presidente del SPD -el partido legendario de la izquierda democrática europea- y efímero ministro federal de Economía volvería a la política cargado de mensajes de resentimiento en los que se mezcla la retórica paleocomunista con el lenguaje más parduzco del pasado alemán".
Ya entonces Lafontaine hablaba de expulsar de Alemania a "quienes no hablen nuestra lengua y no paguen sus impuestos según su capacidad". Y veía al "pueblo alemán" como una "comunidad de destino", se juega "el futuro de la identidad de Europa a finales del siglo". Los populismos se tocan y se atraen.
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