La muerte de Josep Juanpere y la investigación de su pareja sentimental por su posible responsabilidad en los hechos han vuelto a poner el foco sobre las prácticas neochamánicas y las denominadas terapias alternativas. El caso, en el que se investigan posibles prácticas vinculadas al misticismo, determinados rituales y el consumo de sustancias alucinógenas durante la etapa en la que ambos convivieron, y no como una posible causa de la muerte —algo que el informe toxicológico por el momento habría descartado—, abre el debate sobre los límites de estas prácticas frente a los tratamientos y vías de atención recomendados por la comunidad médica. La cuestión pasa por determinar si, pese a resultar controvertidas, estas técnicas son inocuas o si, por el contrario, pueden entrañar riesgos relevantes. Entre estas corrientes se encuentra el denominado neochamanismo, una práctica que ha ido incorporando elementos de distintas tradiciones y que también se ha relacionado con las llamadas terapias alternativas.
La preparación para su consumo pasa por meses de abstinencia de drogas, sexo, alcohol y tabaco
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Ezequiel González, quien residió durante años en la zona de Marbella y Estepona, enseñó y practicó un tipo de chamanismo derivado de las enseñanzas de personas formadas en la escuela de Michael Harner, un antropólogo que recorrió diversas tribus y estructuró las bases del neochamanismo moderno.
La perspectiva de un ex-chamán: "Uno se cree una gran mentira"
Tras superar un proceso de cáncer en el año 2024 y experimentar un profundo vacío espiritual por parte de su entorno esotérico, decidió romper por completo con su pasado: "He dejado toda práctica chamánica y me he convertido al cristianismo", confiesa González. Al analizar la proliferación de personas que, al igual que la mujer investigada, aseguran poseer capacidades extraordinarias para curar a otros, el ex-practicante es tajante: "Uno se cree una gran mentira, cree que cualquiera puede conectar y que cualquiera se siente capacitado para ejercer una voluntad o un poder sobre los demás".
Los niños son los hongos o setas alucinógenas
González explica que el chamanismo tradicional requiere un compromiso absoluto que dista mucho de los talleres de fin de semana que se ofertan en internet. Pone como ejemplo a los verdaderos maestros de la selva peruana: "Un ayahuasquero dedica su vida a eso. Conoce la planta, la cultiva, la educa, la sabe trabajar". Por el contrario, critica la ligereza con la que se actúa en Occidente, donde "cualquiera que hace un ritual, se dedica a ejercer como guía espiritual".
Las "plantas de poder"
En el centro de muchos de estos rituales se encuentra el consumo de sustancias psicoactivas, catalogadas en este entorno como "plantas de poder". González detalla que existe una suerte de jerarquía familiar en la que "el abuelo de las plantas sería el tabaco mapacho negro –una variedad ancestral de tabaco de la Amazonía que contiene hasta diez veces más nicotina que el tabaco comercial–, la abuela sería la famosa ayahuasca" y, "los niños son los hongos o setas alucinógenas".
Cuando uno toma ayahuasca está alcalinizando su cuerpo en proporciones a las que el cuerpo no está acostumbrado
El ex-chamán advierte que el consumo de sustancias como la ayahuasca, el peyote o el bufo –la droga del sapo– somete al cuerpo a un estrés biológico extremo para el que la mayoría de las personas no están preparadas: "Cuando uno toma ayahuasca está alcalinizando su cuerpo en proporciones a las que no está acostumbrado", detalla. La droga del sapo, por su parte, es de uso cada vez más habitual; entre sus efectos descritos se encuentran distorsiones de la percepción, alteración de la noción del tiempo, intensificación de las emociones y sensación de pérdida o disolución de la identidad. También puede generar ansiedad, miedo, confusión, náuseas y vómitos, según la literatura científica de Journal of Neurochemistry, registrada en PubMed.
Para mitigar el impacto parte de esa "alcanalización" de la que habla Ezequiel, pasa por una rigurosa preparación de meses de abstinencia de drogas, sexo, alcohol, tabaco y lácteos. Sin embargo, en los retiros espirituales modernos esto se suele pasar por alto.
Brotes psicóticos y riesgo de muerte
Desde el ámbito de la medicina científica, el doctor Rafael Ortega corrobora los severos riesgos físicos y mentales que entrañan estas prácticas. Al ser consultado por El Independiente sobre si un preparado herbal o místico aparentemente inocuo puede resultar letal, el facultativo responde sin vacilar: "Por supuesto".
El doctor comparte un caso clínico reciente que ilustra la gravedad de consumir hongos con psilocibina –setas alucinógenas–: "Hace poco tuve que atender a unos pacientes con un brote psicótico; a uno de ellos le anestesié e intube". Al parecer, el paciente presentaba una desorientación severa y un cuadro gastrointestinal agudo con pérdida de conciencia que ponía en riesgo su ventilación.
Es un fenómeno especialmente preocupante en el ámbito de la oncología
El relato del rescate de este joven, que se encontraba en un ático de un dúplex con una escalera de caracol estrecha, evidencia la extrema dificultad de la atención médica en estas circunstancias: "Cuando lo bajamos al piso de abajo, conseguimos intubarlo y mantenerle sin que tuviera una broncoaspiración, arriba no pudimos atenderle, por ejemplo".
El peligro de estas sustancias no se limita a la toxicidad química directa, sino a la pérdida absoluta del control de los propios actos. En este sentido, advierte de forma contundente de que "en un brote psicótico cualquier persona puede hacer actos impensables que puede correr riesgo de vida, por ejemplo, tirarse por una ventana".
Abandono de la ciencia
Uno de los aspectos más preocupantes para la comunidad médica es el intrusismo de estos facilitadores de terapias alternativas que instan a pacientes graves a abandonar la medicina convencional. Ezequiel González reconoce que existe "una negligencia muy grande" cuando se influencia a alguien diciéndole "no recibas quimioterapia".
El doctor Ortega señala que este fenómeno es especialmente preocupante en el ámbito de la oncología, donde pacientes desesperados ante diagnósticos difíciles "se ponen en manos de personas que les prometen 'el oro y el moro', lo único que provoca es que su enfermedad avance es más rápido y se complique". El médico añade con preocupación: "Pierden el tiempo con medidas terapéuticas y en ese momento la enfermedad avanza más rápido".
Lo que más sorprende al personal sanitario es que este engaño no discrimina por nivel cultural: "Es sorprendente cómo puede alterar la la percepción de la realidad en personas aparentemente muy formadas y cultas", reflexiona el doctor Ortega, atribuyendo este comportamiento a la vulnerabilidad del área emocional de los pacientes.
Tanto el ex-practicante como el médico coinciden en que las terapias alternativas y los rituales improvisados están siendo mercantilizados y manipulados, perdiendo cualquier fin noble y poniendo vidas en peligro. Por su parte, el doctor Rafael Ortega concluye con un mensaje directo y vital para toda la ciudadanía, recordando que la formación de un médico requiere al menos 11 años de exigente preparación académica y científica: "Que confíen en sus médicos. Que vayan, que consulten, por absurda que parezca la pregunta, por favor, que consulten a sus médicos".
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