Economía

Fondos europeos

El gran fracaso industrial de los fondos europeos: el Gobierno recorta un 82% el plan de chips

De los 12.250 millones de euros asignados inicialmente, apenas se han movilizado 2.248 millones

El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo | Eduardo Parra / Europa Press

El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha comparecido este jueves en el Congreso de los Diputados para informar sobre los progresos y avances del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Es decir, el plan del Gobierno para canalizar los fondos europeos del programa Next Generation EU, destinados a reparar los daños de la pandemia y aprovechar el empujón de fondos para modernizar la economía.

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En este sentido, el ministro ha puesto en valor que "el ecosistema tecnológico de España está entre los que más rápido se están desarrollando en todo nuestro entorno". Y para reforzar este argumento ha reivindicado el avance del empleo de alto valor añadido y el papel de los PERTE (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica): con más de 3.100 millones de euros destinados a la modernización industrial, "1.150 millones en 5G, 850 millones en ciberseguridad para la administración, 1.800 millones en servicios sociales, 877 en puertos y terminales intermodales, 2.615 millones en programa de apoyo a la transición ecológica y cerca de 3.000 en hidrógeno renovable".

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Sin embargo, en este repaso de los fondos destinados a transformar el tejido productivo español, el ministro no mencionó el PERTE Chip, el mayor programa industrial del Plan de Recuperación por volumen de recursos. Y no parece casual: es precisamente uno de los programas que presenta una mayor distancia entre la ambición inicial y los fondos que finalmente se han desplegado. De los 12.250 millones de euros asignados inicialmente, apenas se han movilizado 2.248 millones, un 82% menos.

De hecho, la propia Comisión Europea reprendió al Gobierno en su Informe de la Década Digital 2026 sobre este recorte. Desde Bruselas hicieron hincapié en que había supuesto un "retroceso significativo respecto a las expectativas iniciales sobre liderazgo y soberanía digital" de España para lograr convertirse en un actor relevante de la industria europea de semiconductores. Además, la Comisión atribuyó esta circunstancia a los "cambios en la situación geopolítica, la falta de inversiones privadas y a los retrasos en la asignación de fondos", por lo que recomendaba al Ejecutivo "acelerar los esfuerzos para asignar fondos públicos en proyectos estratégicos".

¿Cómo se estructura el PERTE Chip?

El programa se articula en cuatro ejes: el refuerzo científico (1.165 millones), la estrategia de diseño (1.330 millones), la dinamización de la industria TIC (400 millones) y la construcción de plantas de fabricación (9.350 millones).

Este último eje concentra cerca del 76% de los recursos y constituye la principal apuesta para dotar a España de capacidad industrial en semiconductores. Sin embargo, las fuentes consultadas por este periódico indican que la ejecución de la parte destinada a fábricas apenas alcanza el 10%, mientras que en los otros tres ejes el nivel de ejecución se sitúa entre el 60%-70%.

El problema, según explicó para este medio el gerente de la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (AESEMI), Alfonso González, radicaba en el planteamiento inicial del PERTE: "El enfoque estaba centrado en compentir con las fabricas de silicio de EE.UU, China o Taiwán; pero ese modelo no encaja con el ecosistema industrial español". A diferencia de países como Alemania, donde existe una base industrial consolidada tras décadas de desarrollo —con cadenas de valor completas y proximidad entre fabricantes, proveedores y clientes—, España no cuenta con este entorno.

Y a ello se suma la magnitud de los recursos necesarios. El PERTE reservaba más de 9.000 millones de euros para la construcción de fábricas avanzadas de semiconductores, pero "la inversión requerida para este tipo de instalaciones es muy superior", apunta González. Para tomar como referencia, Intel anunció en 2024 una inversión de 32.000 millones de dólares en Arizona para la creación de dos fábricas de chips. Con estos parámetros quedaba reflejado cómo la dotación española resultaba insuficiente para competir con este tipo de proyectos.

Ante este enfoque, el Gobierno decidió reorientar su estrategia industrial de chips hacia iniciativas más realistas, centradas en tecnologías menos intensivas en capital y alejadas de los grandes chips de silicio. Por ejemplo, el proyecto de chips fotónicos impulsado en Vigo, que ha recibido 3 millones de financiación del PERTE. Y en total, según aproximaciones del sector, al menos se han incorporado en España 11 fábricas de chips desde que se pusieron en marcha los fondos europeos (sin contabilizar las plantas de ensamblaje): "Se ha optado por impulsar varias instalaciones de menor escala, más ajustadas al tejido productivo nacional, en lugar de concentrar los recursos en una única gran planta", resume González.

No obstante, esta limitación de escala se está abordando a nivel europeo. La Chips Act fue el primer paso y la Comisión Europea ha planteado ahora una segunda fase, la llamada Chips Act 2.0, para reforzar la capacidad europea en semiconductores, atraer inversión y reducir las vulnerabilidades de la cadena de suministro. El objetivo, según explican fuentes del sector, no pasa por fabricar todos los componentes en Europa, sino por controlar aquellas partes estratégicas de la cadena y diversificar proveedores allí donde no sea posible producirlos dentro de la UE.

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