"Sin forma de saber cuándo están siendo observados y grabados, enfrentándose a riesgos desconocidos para sus familiares y amigos, y temiendo la humillación pública o incluso el encarcelamiento si alzan la voz, el coste de la disidencia en Marruecos es cada vez más alto". Las conclusiones del informe Dentro de la maquinaria de vigilancia de Marruecos, elaborado por Amnistía Internacional, son demoledoras. Y es que, e lo largo de 126 páginas, la organización ha logrado detallar con pelos y señales cómo funciona la maquinaria de espionaje e intimidación al otro lado del Estrecho.
Durante años, Rabat ha negado el uso del software espía israelí Pegasus. Sin embargo, a través de una investigación intensiva, Amnistía Internacional ha logrado demostrar que la Dirección General de la Vigilancia del Territorio (DGST), el servicio de inteligencia interior del país, ha empleado durante años este programa para sus labores de vigilancia. También contra gobiernos extranjeros, como el español. Aunque la autoría del hackeo al teléfono de Pedro Sánchez no ha podido confirmarse, sí la de la infiltración en los móviles de Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles.
Sin embargo, pese al escándalo que provocan las brechas de seguridad entre los miembros del Ejecutivo, los ministros españoles han experimentado tan solo la punta del iceberg en lo que respecta a la vigilancia marroquí. Quienes verdaderamente han sufrido bajo el yugo del Gran Hermano alauí han sido cientos de activistas, opositores y defensores de derechos humanos, los objetivos principales de la campaña de espionaje del Estado profundo en Marruecos.
Empezaron a publicar historias falsas sobre mí, mezcladas con detalles sorprendentemente precisos sobre mi vida cotidiana
Uno de los primeros casos documentados por Amnistía Internacional es el de Maati Monjib, un historiador, profesor y activista marroquí. Entre finales de 2017 y comienzos de 2018, su teléfono fue infectado por el software espía. Según ha explicado a la organización un exagente del servicio secreto, con nombre en clave Samir –cuyas aportaciones han sido fundamentales para la elaboración del informe–, el activista fue un "conejillo de indias" para probar el programa de la empresa israelí NSO Group.
Para Monjib, se abrió un angustioso periodo de acoso y vigilancia, que tanto él como su familia acabaron pagando muy caro. "Lo que tanto había temido se acabó convirtiendo en realidad", detalla el defensor de los derechos humanos en conversación con El Independiente.
Un laboratorio de espionaje
Las evidencias recopiladas a través del testimonio de Samir, datos filtrados e informes confirman que Marruecos operó el sistema Pegasus entre 2017 y 2021, llegando a seleccionar cerca de 13.000 números de teléfono como posibles objetivos. No obstante, el uso de herramientas de alto coste como el programa israelí se reserva como una última línea de ataque. Tal y como explica el exagente: "Nunca empezamos con Pegasus. Es el arma del monstruo. Una vez que hemos llegado a Pegasus, ya hemos tomado todos los demás pasos. Viene después de las escuchas en su apartamento, en su coche".
El despliegue combina estas tecnologías de vanguardia con métodos analógicos e invasiones físicas directas. Micrófonos ocultos en las luces de los techos o en las unidades de aire acondicionado de las viviendas, dispositivos GPS y micrófonos instalados en los volantes de los vehículos, e intercepción directa de llamadas en complicidad con operadores de telecomunicaciones locales forman parte de la rutina diaria.
Así fue en el caso de Monjib. Para él, el periodo comprendido entre 2015 y 2019 fue la época en la que sintió con mayor intensidad la fuerza opresiva de la represión. "Me di cuenta de que me estaban vigilando cuando empezaron a publicar historias falsas sobre mí, mezcladas con detalles sorprendentemente precisos sobre mi vida cotidiana", señala.
Alguien me estaba vigilando muy de cerca y tenía acceso a información que debería haber permanecido en el ámbito privado
Una vez las autoridades obtienen la información que pueda comprometer la credibilidad de los disidentes, la filtran a los "medios de difamación". Es como se conoce popularmente en Marruecos a periódicos, radios y televisiones afines a los intereses del régimen, que actúan como altavoces de sus campañas contra las voces críticas.
"A veces, la información que publicaban era totalmente banal; por ejemplo, informaron de que había visitado a mi anciana madre", recuerda Monjib. Aun así, comenzó a alarmarse cuando percibió que, en medio de los relatos falsos propagados por la prensa afín al poder, se incluían pequeños pero precisos detalles sobre su vida cotidiana. "Alguien me estaba vigilando muy de cerca y tenía acceso a información que debería haber permanecido en el ámbito privado", añade.
El asesinato reputacional
En uno de los testimonios incluidos en el informe de Amnistía Internacional, Samir admite: "Buscamos ver si te gustan las mujeres, o beber, o el juego. Necesitamos conocerte realmente... para saber si hay algo oculto". Cualquier aspecto que pueda ser usado en contra de los "enemigos" del régimen sirve.
En el caso del activista Fouad Abdelmoumni, se hizo circular un vídeo íntimo junto con su pareja, con la que no estaba casado –una conducta penada con la cárcel en Marruecos–. Kholoud Mokhtari, esposa de un periodista crítico, soportó la difusión de rumores que apuntaban a sus supuestas infidelidades, hasta el punto de que la DGST envió agentes para tratar de seducirla.
Mojib también fue víctima de este tipo de campañas, basadas en falsas acusaciones relativas al dinero, el sexo o la colaboración con extranjeros. "El mismo patrón se repetía una y otra vez. Tomaban un detalle real de mi vida privada, a menudo completamente inocente, y lo combinaban con información falsa o con una interpretación difamatoria. Esto hacía que las historias resultaran más convincentes para la gente que me conocía, porque parte de los detalles eran ciertos", rememora.
La presión era tal que llegó a tener pesadillas, en las que sus difamadores le intentaban asfixiar mientras se encontraba tumbado en la cama: "Me mostró lo profundamente que me estaba afectando, cuánto estaba sufriendo, en lo más hondo, por la sensación de estar siendo constantemente observado".
El acoso a las familias
Desde el primer momento, el profesor se preocupó por las consecuencias que podría tener sobre sus seres queridos la campaña del Majzén –el Estado profundo marroquí– en su contra. "Ellos estudian el entorno y la psicología de cada activista, y saben que estoy muy unido a mi familia", asegura. Cuando comenzó la persecución, su hija tenía unos diez años, y él temía que "la parte más vulnerable de su vida" pudiese convertirse en el blanco de la policía política.
"Estaba casi seguro de que, una vez que hubieran empezado a vigilarme y a presionarme, con el tiempo terminarían atacando a mis familiares más cercanos", lamenta. Y, por desgracia, no estaba equivocado. Su hija tuvo que abandonar Marruecos a los 16 años por culpa de las presiones y en 2020 su esposa, que es francesa, perdió su empleo en una ONG.
La investigación de Amnistía Internacional emplaza todas estas prácticas de vigilancia y difamación dentro de campañas que buscan generar un profundo "efecto amedrentador". El informe detalla que las activistas o las mujeres del entorno de hombres críticas con el sistema son las víctimas principales: "Son objeto de intentos de avergonzarlas públicamente por transgresiones, reales o percibidas, de las normas sociales conservadoras".
Ellos estudian el entorno y la psicología de cada activista, y saben que estoy muy unido a mi familia
Esto hace que muchos disidentes opten por guardar silencio. Monjib referencia un viajo proverbio marroquí: "Golpea a los grandes y los pequeños tendrán miedo". Él mismo acabó cediendo a la presión de algunos amigos y familiares, que le instaron a abandonar su defensa de la democracia y las declaraciones a la prensa críticas con la monarquía y la policía política.
Sin embargo, al poco tiempo, las autoridades detuvieron y torturaron a un joven compañero, que le asistía a diario en su labor a favor de los derechos humanos. "No podía simplemente quedarme en silencio y abandonarlo; me sentí obligado a defenderlo", rememora. Por lo tanto, denunció públicamente a los líderes de la DGST, a los que responsabilizó de la agresión.
También intentó hacer pública su situación como víctima del espionaje y las campañas de difamación. La respuesta llegó a través de los medios afines al régimen, que redoblaron sus acusaciones contra él, haciendo circular historias que ponían en duda su credibilidad, para que la opinión pública marroquí lo percibiese como una persona a la que no se podía tomar en serio.
Sin cambios en el horizonte
Aunque no existe constancia de que Marruecos haya empleado Pegasus contra miembros de sus sociedad civil desde 2021, la impunidad de la DGST continúa siendo incuestionable en el país. El informe de Amnistía Internacional denuncia que los servicios secretos alauís operan "al margen" de la ley, tanto dentro como fuera de Marruecos. Así lo constata Safir, el exagente entrevistado por la organización: "Les da igual la autorización judicial, las órdenes. A veces incluso puedes redactar los documentos a posteriori, hacer las cosas al revés. Hay una impunidad total".
"La idea de que no tenemos privacidad, de que el poder interfiere en todas partes y lo escucha todo y a todos, todo el tiempo, es una idea profundamente arraigada en la mente de cada marroquí", explica Fouad Abdelmoumni, uno de los activistas víctimas de represión cuyos testimonios aparecen en la investigación.
También Monjib es consciente. Sabe que, en lugar de vigilar a delincuentes comunes, el Estado tiene puesta toda su atención en individuos como él. De hecho, dado que continúa residiendo en Marruecos, sospecha que está siendo monitoreado mediante micrófonos ocultos en su casa o cerca de ella, por lo que siempre mantiene apagado el teléfono en su propio hogar, al igual que las visitas que recibe.
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