Donald Trump y Marco Rubio no han aguantado más. Los excesos de Kimberly Guilfoyle, ex novia del primogénito del presidente, se han convertido en un problema para la Administración. De este modo, Donald Trump ha pedido a Kimberly Guilfoyle que renuncie como embajadora en Grecia, su puesto soñado.
La gota que ha colmado el vaso ha sido una información publicada por The Wall Street Journal, según la cual había pedido a un donante republicano y ex congresista que le abonara 100.000 dólares en su tarjeta de crédito a cambio de hacer lobby a su favor en la Casa Blanca. Lo hizo poco antes de su comparecencia en el Congreso sobre su designación como embajadora en Atenas, en julio de 2025. Guilfoyle le prometió que sería su "compañera incondicional en el mundo de Trump".
Tras días de rumores, la nueva portavoz de Trump, Katie Zacharia, ha dicho: "Hemos pedido a la embajadora Guilfoyle que dimita. Ha sido un activo maravilloso para el equipo y le deseamos lo mejor". Trump había reconocido el lunes que no estaba contento con el desempeño de Guilfoyle.
Lenta caída en desgracia
Previamente, el mismo diario reveló cómo Christos Marafatsos, de 39 años, muy cercano a la embajadora, con quien suele asistir a reuniones de trabajo, es en realidad un lobista de Aktor, una megaempresa con intereses en construcción, energía, ingeniería civil, o telecomunicaciones. Marafatsos estuvo con Guilfoyle cuando tuvo que prepararse la comparecencia en el Senado, necesaria para confirmar su nombramiento. Es decir, las sospechas sobre las prácticas dudosas de Guilfoyle apuntan en varias direcciones. Todo indica que utilizaba su puesto para hacer negocios y beneficiar también a su amigo.
La llegada de Guilfoyle a Atenas fue todo un acontecimiento. Aterrizó en jet privado, como una superstar, y así le gustaba que trataran. Kimberly Guilfoyle, de 57 años, fue periodista de televisión, y estuvo casada con el gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom, cuando fue elegido alcalde de San Francisco. Luego se divorciaron, se casó de nuevo con un empresario, y tras una nueva ruptura conoció a los Trump.
Mantuvo durante años un noviazgo con Donald Jr. y apoyó con toda su alma al padre en sus campaña. En el verano de 2024 Donald Jr. empezó a salir con una modelo de Miami y Kimberly se quedó sin su tercera boda. Aún así mantuvo buena relación con Donald Trump. Decía que al presidente le gustaba que era "leal, inteligente y eficaz". Pero se creyó por encima del bien y del mal. Hablaba como si fuera la mano derecha de Trump. "Podemos hacer lo que sea", afirmaba y ofendía a los aliados. Tanto afán de protagonismo le ha perdido.
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