Las últimas seis encuestas publicadas con el adelanto de elecciones generales ya sobre la mesa no detecta un incremento de la movilización del bloque progresista. Los datos de indecisión, abstención o cambio a otros partidos se mantiene estable como en las últimas semanas y meses, y la media de escaños atribuidos sigue dejando al PSOE por debajo de los 110, aunque creciendo uno o dos en algunos estudios, mientras que Sumar sigue sin traspasar la frontera de los diez y Podemos queda entre 2-3 diputados en el mejor de los casos. La media de todos esos estudios, con sus particularidades individuales, y contemplando las fugas y recepciones entre el PSOE y Sumar y Podemos –irán juntos en dos circunscripciones y no en Madrid–, sitúa al bloque de la izquierda a un tercio por debajo de los sufragios logrados en las generales del 23-J, en 2023.
Un 69% de los electores progresistas que se decantaron por estas fuerzas, repetirán u optarán por el otro partido del bloque sin contemplar terceras alternativas. Un 31% sí se moverá. Y eso dejaría a la izquierda con 3,44 millones de votos menos de los cosechados en esos últimos comicios, sin contemplar la entrada de nuevos electores. Con ese dato, los 7,82 millones de votos socialistas y los 3,04 millones de Sumar, 10,8 millones en conjunto, ahora quedarían en común en 7,42 millones. Los datos lo ofrecen la media de los sondeos de la última semana y media a cargo de Sigma Dos para El Mundo, de GESOP para El Periódico, de Sociométrica para El Español, de 40dB para el Grupo Prisa, de Target Point para El Debate y el propio CIS. Hay coincidencias notables en sus microdatos más allá de las diferencias en atribución de escaños.
El PSOE vió a principios de mes el momento idóneo para anticipar comicios y no esperar a agotar el mandato para que otros asuntos copasen la agenda. La derrota con los decretos de vivienda, el desahucio de Maricarmen Abascal –ya fallecida– y la presión y el clamor popular de la calle –y las mediciones particulares de Moncloa– hicieron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, activar la tecla del adelanto para el próximo 29 de noviembre. Tras ello, volvió a aprobarlos en Consejo de Ministros bajo el compromiso de llevarlos a la Diputación Permanente para su convalidación, que saldrá adelante con el PNV. Pero el pronóstico no termina de reflejarse en la estimación de urnas, sí un descontento social generalizado y un incremento del choque en el debate público. Sánchez, de hecho, experimentará la primera huelga general en sus ocho años de mandato antes del inicio de la campaña. Será en favor de la vivienda, aunque se plantea frente al rechazo a los decretos de la oposición. Coincide con un ambiente caldeado sobre la situación de la educación y otros servicios.
Con todo, algunos expertos demoscópicos como Iván Redondo, exjefe de Gabinete de Sánchez, prevén cambios en las próximas semanas, en próximos estudios electorales y más conforme se acerque la campaña. Incluso con una desmovilización evidente de la acampada de la Puerta del Sol, que ha pasado de estar organizada bajo los mandos del Sindicato de Inquilinos a degenerar en un asentamiento que exige otras cuestiones diversas, entre los que está la defensa de Palestina –cada vez más representación de grupos marxistas alejados de PSOE o Sumar– y empieza a generar debates de fondo como el de la seguridad o la salubridad.
Mientras se abren debates en otras materias, como el de la sostenibilidad de las pensiones, que el propio PP ha puesto sobre la mesa involuntariamente, favoreciendo la crítica dura y directa de la izquierda, o mientras intenta recuperarse la mirada a la inmigración y a la crisis de Ceuta por parte de PP y Vox, al PSOE además se le vuelve en parte en contra esa intensidad con el debate sobre la vivienda, lo que pone más en riesgo la capacidad de activar al electorado y brindan a la oposición la capacidad de abrir fuego. El abanderamiento de la causa se ha topado con casos como el de Montserrat Minguez, la portavoz nacional de los socialistas, y el del ministro de Transformación Digital y Función Pública, y candidato a la presidencia de la Comunidad Madrid, Óscar López.
Por un lado, Mínguez, que dimitió este viernes, se ha visto envuelta en la polémica por el patrimonio inmobiliario de su pareja, de 30 vivienda, algunas de lujo, y por apoyar planes urbanísticos que le favorecía, según publicó El Español, durante su etapa de concejal en Lleida. Por otro, a López se le señala por la actuación de MUFACE, dependiente de su Ministerio, en el caso de un inquilino al que no se prorrogó el contrato de alquiler y que se enfrentó a un desahucio. Defiende que se actuó conforme a los criterios jurídicos establecidos y ha negado haber dado instrucciones personales sobre el caso.
Sánchez, entre el 63-71% de retención desde 2024
Los índices de retención de voto particulares de PSOE y de los partidos de Sumar apenas se han movido –sí ha tenido algún pico– durante estos años de legislatura, especialmente después de medidas como la amnistía y la dependencia reiterada de Sánchez de los partidos independentistas o nacionalistas. En torno a mayo-junio el líder socialista superó los 70 puntos de confianza entre sus votantes en sondeos ventajosos como los del CIS. Pero incluso el centro público que dirige José Félix Tezanos, que recientemente le da algo más de voto que en 2023 y le mantiene a doce puntos del PP de Alberto Núñez Feijóo, ahora determina que el presidente queda en un 63,7% de retención.
Las mediciones respecto a Sumar (ahora Frente Amplio) vienen repitiéndose. Una media de 4 de cada 10 sufragios repetirían el apoyo al espacio, 2-3 irían a Podemos, en torno al 10% del voto se desplazaría al PSOE, pero el resto buscaría alternativas. Ambos casos, contrastan con las derechas, que pierden voto en menor grado y únicamente desplazándose entre PP y Vox sin grandes fugas a otros focos. Feijóo retiene de media el 71% de sus votos y Santiago Abascal el 81% de media, con un 92% atribuido por 40dB como el mayor pico. El 88-90% del voto de 2023 al bloque de la derecha se mantendrá en ella.
Una de las principales esperanzas de la izquierda para rebajar una hipotética pérdida de votos que se dé es que los indecisos acaben optando por el mismo partido o por el socio opuesto. Todo, considerando que el mismo voto, dependiendo del lugar y el partido puede influir en la obtención o no de escaños de forma más asequibles. No es lo mismo Madrid o Barcelona, que Ciudad Real o León, por ejemplo. ¿Cuantos votos hay en juego entre los indecisos? De media, hay un 12,8% de indecisos entre los partidos de Sumar y un 12,4% entre los del PSOE. Son 390.000 magentas y 970.000 votos socialistas. Es 1,35 de los 3,44 millones de papeletas que se perderían. A la derecha irían el 7,5% de electores socialistas en 2023, unos 600.000, y el 4,5% de los de Sumar, algo más de 137.000.
¿Las entradas de nuevo voto compensan a la izquierda?
Hay cuatro sondeos que muestran con detalle cuántos votos pasarían de la abstención a los actuales partidos de la coalición del Gobierno. Hay algo de coincidencia en tres, el de Sociométrica, el de Sigma Dos y el CIS. Detectan que en torno al 11% de media de los abstencionistas en 2023 ahora apoyarían a Sánchez. En el caso de Frente Amplio, solo un 1,5% aproximadamente. Se añade otro 1% de esos votos que iría a Podemos. Teniendo en cuenta que hubo 12,5 millones de abstencionistas el 23-J, estas cifras aportarían a Sánchez 1,37 millones de votos y a Frente Amplio 187.000 votos. Contando la indecisión y estos nuevos apoyos, la diferencia sería de medio millón de votos menos sin contar otras entradas.
Ahora bien, si se compara con algunos sondeos de 2024, meses después de las generales, apenas hay diferencias sustanciales que evoquen esa movilización. En enero de 2024, el CIS determina un 12% y un 1,8% de abstencionistas que pasarían a votar al PSOE y Sumar. Con las cifras más novedosas, también hay que tener en cuenta que pese a que se produzca un incremento de la participación, proporcionalmente los datos apuntan a trasvases similares a PP y Vox, con Abascal ligeramente por encima. Hay similitudes también en lo que se lleva cada bloque con los nuevos jóvenes votantes. Y a mayor estabilidad de las derechas y mayor recepción de votos, mayor número de votos que proporcionalmente complica a las izquierdas lograr el mismo número de escaños con los mismos votos.
Hay otros sondeos como 40dB que minimiza esos nuevos apoyos de abstencionistas a algo menos de la mitad para el PSOE, aunque dan el doble para Frente Amplio, 413.000. Teniendo en cuenta el mejor de los casos, el Gobierno reduciría con esos nuevos votantes los 3,44 millones de pérdidas a 1,9 millones de pérdidas. La división de ese bloque de izquierda alternativa complica todo mucho más.
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