El Ayuntamiento de Limoges (Hôtel de Ville de Limoges), famoso por ser gravemente dañado por un incendio durante los disturbios de octubre de 2026, fue en mayo de 1940 la sede provisional del parlamento y del gobierno belga en el exilio, así como el escenario de una de las mayores crisis institucionales de la historia moderna de Bélgica.
“Yo primero, señor embajador”
La Alemania nazi invadió Bélgica la madrugada del 10 de mayo de 1940 por sorpresa sin previa declaración de guerra. 4 horas después, el embajador alemán en Bruselas se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores belga, Paul-Henri Spaak, el cual no dejó al germano pronunciar palabra increpándole: “Moi d'abord, Monsieur l'Ambassadeur” (trad: “Yo primero, señor embajador”). Acto seguido, le recriminó vehementemente como el ejército alemán ya había atacado a traición a un país neutral por segunda vez en veinticinco años (Dujardin y Wijngaert, 2010).

Tras 18 sangrientos días de lucha en los que el ejército belga fue completamente desbordado, el rey Leopoldo III decidió capitular el 28 de mayo al mando del ejército. El monarca desoyó la postura de su primer ministro, Hubert Pierlot, y del resto del gabinete, de mantener la lucha en el exilio, lo que supuso una ruptura entre el rey y su gobierno. Así, el monarca decidió compartir el mismo destino que sus soldados, quedándose en su país como prisionero de guerra. El gobierno belga se negó a rendirse y huyó a Francia para continuar la lucha junto a los Aliados, estableciendo temporalmente su centro de operaciones en la ciudad francesa de Limoges.

La asamblea de un gobierno en el exilio
En esta localidad meridional, el 31 de mayo de 1940, el Ayuntamiento de Limoges alojó una reunión de urgencia en la que participaron ministros del gobierno de Hubert Pierlot y cerca de noventa parlamentarios belgas, Spaak entre ellos, que habían logrado escapar de la invasión.

En esta reunión se discutió el destino de Bélgica. En el salón del consistorio de Limoges, Pierlot pronunció un discurso en el que repudió formalmente la capitulación del rey y denunció su decisión de quedarse en territorio ocupado. Basándose en el artículo 82 de la Constitución belga (que prevé los casos en los que el rey se encuentra en la imposibilidad de reinar), los parlamentarios y ministros declararon la “imposibilidad jurídica y moral de reinar” de Leopoldo III al considerarlo un prisionero sin libertad de acción política. Así, el Consejo de Ministros asumió colegiadamente las prerrogativas de la jefatura del Estado, marginando al rey de sus decisiones (Dujardin y Wijngaert, 2010).
Consecuencias históricas
Aquella asamblea en el Hôtel de Ville de Limoges sentó las bases legales para que el gobierno belga pudiera operar legítimamente en el extranjero. Tras el posterior colapso de Francia semanas después, los principales ministros (Pierlot, Paul-Henri Spaak, Camille Gutt y Albert de Vleeschauwer) lograron llegar al Reino Unido para constituir el Gobierno belga en el exilio en Londres, manteniendo el control de las colonias (como el Congo Belga) y aportando recursos militares y económicos al esfuerzo aliado.
Los acontecimientos vividos en el consistorio de Limoges abrieron además una profunda fractura entre los partidarios de Leopoldo III y los sectores leales al gobierno en el exilio, dando origen a la “Cuestión Real” (Question royale), una grave crisis política y social que sacudió a Bélgica tras la Segunda Guerra Mundial y que culminó con la abdicación definitiva del rey Leopoldo III en 1951.
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