El agua es un recurso natural limitado, esencial para la vida y el desarrollo de la actividad humana, y condiciona de manera decisiva el funcionamiento de las instituciones y de la sociedad en general, en especial en aquellas zonas donde escasea. Ha sido motivo de disputas e incluso de guerras entre países y, paradójicamente, también ha propiciado acuerdos entre países enfrentados, al ser un elemento esencial para todos los contendientes.
¿Cómo es la gestión del agua en un área tan convulsa como el Estado de Israel y los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania? Se trata de un espacio de superficie reducida, con alta densidad de población y donde predomina un clima árido, con escasez de recursos hídricos.
El Estado de Israel cuenta con 2.032.500 hectáreas de superficie y una población cercana a los 10 millones de habitantes. En general, las lluvias son escasas en la mayor parte del país, con una precipitación media de 435 mm al año. El consumo anual de agua de Israel se sitúa entre los 2.400 y los 2.500 hm³, a lo que hay que añadir unos 160 hm³ más, correspondientes al agua que se potabiliza y se destina a la exportación a países vecinos. El principal consumidor de agua es la agricultura de regadío, que supone entre el 50 y el 58% del consumo total, unos 1.350 hm³/año. Le sigue el abastecimiento a las poblaciones, que supone del orden del 40% del consumo total, en torno a los 990 hm³/año. El consumo medio de agua por habitante en Israel se sitúa en 280 litros por habitante y día. Finalmente, la industria no conectada a las redes de abastecimiento urbano consume unos 150 hm³/año, lo que supone un 5-6% del consumo total de agua.
A estas cifras hay que añadir el agua destinada a la exportación a países colindantes: 50 hm³/año a Jordania, entre 90 y 100 hm³/año a Cisjordania y, a Gaza, al menos antes de la tremenda agresión que ha sufrido por parte de Israel en los últimos meses, del orden de 10-15 hm³/año.
La principal fuente de recursos hídricos utilizados por Israel son los que denominamos recursos hídricos renovables, que proceden del río Jordán, del acuífero de la Montaña, situado en Cisjordania, y del denominado acuífero costero. De este último apenas se obtienen recursos, al encontrarse bastante sobreexplotado y sufrir intrusión marina. En total, los recursos hídricos renovables utilizados por Israel se sitúan en 1.160 hm³/año, lo que supone un 44% del consumo total de agua.
El río Jordán nace de la confluencia de los ríos Hasbani, Dan y Banias, que nacen a su vez en las estribaciones del monte Hermón, que actualmente marca la frontera tripartita entre Líbano, Siria y los Altos del Golán. Las aportaciones anuales de estos ríos son de 138 hm³/año, procedentes del río Hasbani; 238 hm³/año, del río Dan; y 117 hm³/año, del río Banias. Aguas abajo del mar de Galilea y antes de desembocar en el mar Muerto, los principales afluentes del río Jordán llegan por su margen izquierda. Son el río Yarmuk, que nace en Siria y tiene una aportación media de 78,0 hm³/año, y el río Zarqa, que nace en Jordania y cuya aportación media es de 63,3 hm³/año.
La población palestina cada vez dispone de menos recursos hídricos, que están siendo incautados y explotados por los colonos israelíes
Israel extrae del río Jordán una media de 500 hm³ anuales y entre 600 y 700 hm³ anuales del acuífero de la Montaña, en Cisjordania.
La segunda gran fuente de recursos hídricos aprovechados por el Estado de Israel, cuyo uso va en aumento, es la desalación, que alcanza ya los 800 hm³/año, lo que supone un 30% del consumo total de agua. La tercera fuente de agua es la reutilización de aguas residuales depuradas, que alcanza los 700 hm³ y se destina mayoritariamente a la agricultura.
Por tanto, aproximadamente el 44% de los recursos hídricos utilizados por Israel proceden del río Jordán, cuyas aportaciones provienen en su mayor parte de Líbano, Siria y Jordania, y del acuífero de la Montaña, situado mayoritariamente en Cisjordania. En definitiva, en lo que a recursos hídricos se refiere, podemos afirmar que Israel depende, en un porcentaje bastante importante, de recursos procedentes de los países de su entorno (Líbano, Siria, Jordania y Cisjordania).
El agua de Cisjordania
Cisjordania, al igual que Israel, es una región muy densamente poblada. Ocupa una superficie de 580.600 hectáreas y cuenta con una población que oscila entre 3.210.000 y 3.500.000 habitantes, de los cuales entre 2.750.000 y 3.000.000 son palestinos y entre 460.000 y 500.000 son israelíes.
Mientras que la población israelí consume una media de 300 litros por habitante y día, lo que supone un total de 54,8 hm³/año para toda la población israelí que habita en Cisjordania, esa cifra se reduce en el caso de la población palestina a 70 litros por habitante y día, lo que supone un total de 76,5 hm³/año para toda la población palestina que habita en Cisjordania.
Asimismo, se estima que las redes de abastecimiento de la población palestina tienen unas pérdidas de entre el 33 y el 50%, bastante superiores a las de los asentamientos israelíes.
Desde 1967, la Orden militar 158 establece que la población palestina no puede construir nuevas instalaciones de abastecimiento de agua sin la autorización del Ministerio de Defensa israelí. De hecho, tanto en Gaza como en Cisjordania, la gestión del agua depende de la empresa estatal israelí de aguas (Mekorot) y del Ministerio de Defensa israelí.
Los Acuerdos de Oslo II, de 1995, regularon la gestión del agua en el artículo 40 del anexo III (Protocolo de Asuntos Civiles), estableciendo disposiciones específicas para Cisjordania y Gaza. Aunque se diseñaron como un acuerdo provisional de cinco años mientras se negociaba el estatus permanente, estas disposiciones siguen vigentes.
En dichos acuerdos se establecieron cuotas de extracción y reparto del agua del acuífero de la Montaña, situado en Cisjordania y que constituye la principal fuente de agua subterránea de la región. Este acuífero se dividió en tres cuencas con asignaciones fijas.

También se estableció una previsión para las "necesidades futuras", que se estimaron en 70-80 hm³ adicionales para Palestina.
En los mismos se establece un reparto muy desigual e injusto del agua, dado que se asigna un 80% de la extracción al vecino Estado de Israel, mientras que tan solo el 20% quedaría para el uso de la población palestina, los legítimos habitantes de Cisjordania.
Y, aun así, los abusos sobre la población palestina en lo que al uso y la gestión del agua se refiere se multiplican. Actualmente, los agricultores palestinos tienen prácticamente prohibida la apertura de nuevos pozos, la instalación de conducciones de distribución o la construcción de balsas de riego sin el permiso de las autoridades militares israelíes, que los deniegan en su mayoría. Por contra, colonos israelíes se apropian de fuentes, manantiales y redes de agua, actuaciones que se han intensificado especialmente en los últimos años. De hecho, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), en lo que va de 2026 los colonos israelíes dañaron o se apropiaron de 160 infraestructuras de agua. Según activistas e investigadores locales, los palestinos han perdido el acceso al 95% de los manantiales del norte del valle del Jordán. Ante esta situación, tanto el Ministerio de Agricultura palestino como las ONG locales están incrementando la reutilización de aguas residuales para el regadío, pero lo cierto es que la población palestina cada vez dispone de menos recursos hídricos, que están siendo incautados y explotados por los colonos israelíes.
La única solución éticamente aceptable pasa porque Israel deje de consumir el agua de sus países vecinos y ajuste su actividad económica a sus recursos hídricos propios
Actualmente, de las 100.000 hectáreas cultivadas por palestinos en Cisjordania, entre 10.000 y 13.000 son de regadío. Mientras que, de las 10.000 hectáreas cultivadas por los colonos palestinos en Cisjordania, aproximadamente el 69 % son de regadío. La tendencia actual es que la superficie regada por los palestinos se reduzca, a la vez que crece la de los colonos israelíes.
No hay agua en Gaza
En lo que a la Franja de Gaza se refiere, antes de la reciente y brutal agresión recibida, el abastecimiento de agua procedía en su mayor parte de la vecina Israel y, en menor medida, del acuífero costero, aunque este se encuentra muy sobreexplotado y salinizado. Sin embargo, tras la terrible agresión israelí, todas las infraestructuras de abastecimiento y saneamiento de Gaza han sido destruidas, así como la mayor parte de los pocos cultivos de regadío que quedaban. Por ello, no tiene sentido hablar en este momento de la gestión del agua en la Franja de Gaza, porque ahora prácticamente no existe. De ello se ha encargado el Estado de Israel, además de acabar directamente con la vida de decenas de miles de palestinos.
Cerca de la mitad del agua que se consume en Israel procede de sus países vecinos, en concreto, de Líbano, Siria, Jordania y Cisjordania. Esto significa que el Estado de Israel, con su actual renta per cápita de más de 60.000 dólares anuales, se sustenta en la explotación de recursos hídricos procedentes de los países vecinos, especialmente de Cisjordania. Una circunstancia que limita el desarrollo de estos países y, por tanto, muy especialmente, el del Estado palestino, y pone en riesgo incluso su propia viabilidad.
Es una situación muy injusta que cada vez va a resultar más insostenible y que, además, incumple el derecho internacional. La única solución éticamente aceptable pasa porque Israel abandone los denominados territorios ocupados, deje de consumir el agua de sus países vecinos y ajuste su actividad económica a sus recursos hídricos propios.
Santiago Martín Barajas es ingeniero agrónomo y ecologista
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