La actividad resinera contribuye a reducir el riesgo de incendios forestales y a mitigar los efectos del cambio climático. Así lo asegura un estudio reciente llevado a cabo por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el que se destacan además otros efectos positivos asociados, como la protección de la biodiversidad y la contención de la despoblación rural. La investigación, publicada en Science of the total environment, recomienda asignar fondos públicos para hacer viable esta actividad económica que consideran de gran importancia para la biodiversidad en el sur de Europa.

Método artesanal de extracción de resina

Método artesanal de extracción de resina

Varios son los argumentos que sostienen esta reclamación. El primero es que en verano, cuando la amenaza de incendios forestales es mayor, los resineros están en la primera línea de lucha contra el fuego. Además de detectarlos inmediatamente, podan las ramas más débiles y secas de los árboles, eliminan los restos vegetales, que arden muy fácilmente y protegen la vegetación que rodea los árboles.

En sentido contrario, cuando la falta de rentabilidad obliga a los trabajadores a abandonar la tierra, aumenta exponencialmente la amenaza de los incendios. A la vista de cómo los recortes presupuestarios de las últimas décadas han empeorado los efectos del cambio climático en las áreas de pinares españolas y han aumentado el riego de despoblación, el informe recomienda la concesión de ayudas publicas a este sector, bien con pagos a los trabajadores, a las compañías locales o a los municipios que harían las contrataciones. “Sería muy beneficioso tanto social como medioambientalmente”, ya que la resina que se obtiene en Europa procede de bosques seminaturales gestionados de manera sostenible. En España, el 90 por ciento de este tipo de bosques es de gestión pública. “El coste para la sociedad es, sin duda, menor que lo que supone abandonar la tierra”, aseguran.

El investigador del MNCN Andrés Bravo destaca que, más allá del perjuicio económico, el abandono de esta actividad forestal pondría en peligro estos ecosistemas de alto valor cultural. “Los datos recabados confirman que estos pinares, que están rodeados por zonas agrícolas, también proporcionan hábitats que dan refugio a especies singulares y especialmente sensibles asociadas a la existencia de estos pinares”, agrega.

La extracción y tratamiento de la resina para generar con ella pinturas, plásticos y otros sintéticos contribuyó durante miles de años a la conservación de los pinares, que también se aprovechaban para obtener madera, leña, piñones o setas, así como para el pastoreo o la caza.

Este sector tiene una larga tradición en nuestro país, sobre todo en las provincias de Segovia y Teruel. En los años sesenta, España era la tercera mundial de resina y sus derivados, con producciones de hasta 60.000 toneladas anuales. Sin embargo, a partir de los años ochenta esta actividad fue abandonándose como consecuencia de la entrada en el mercado de países como China y Brasil, con costes de producción más bajos.

En 2015, el fotógrafo Diego Gómez publicó el libro La vuelta de los resineros, en la que ofrecía una visión actual de este oficio, que en los últimos años ha experimentado un cierto renacimiento en España en 20 provincias españolas, principalmente en Castilla y León y Castilla-La Mancha, pero también en Extremadura, Madrid, Valencia, Andalucía y Galicia.