Una de las inquietudes locales y regionales en Madrid durante los últimos tiempos es mejorar la calidad del aire que respiran los ciudadanos. De manera progresiva, se han ido estableciendo protocolos para limpiar la ‘boina’ que desde hace tiempo forma parte del paisaje de la capital. Las comentadísimas restricciones de vehículos a la ‘almendra central’ han sido sólo el último gran paso, con el objetivo declarado, entre otros, de reducir un 40% de las emisiones de dióxido de nitrógeno.

Madrid cuenta con un gran pulmón, el Parque del Retiro, que se antoja insuficiente para mantener el aire dentro de los márgenes de calidad exigibles e igualarse con el de otras capitales europeas. La Comunidad de Madrid se une ahora a las iniciativas del Ayuntamiento de la capital y a lo largo de 2019 pondrá en marcha el proyecto ‘1 millón de árboles’. Para ello contará con la colaboración de los ayuntamientos de la región, con el único objetivo de mejorar la calidad del aire y el entorno de las especies autóctonas.

“El primer objetivo es combatir la contaminación que sufre tanto la capital como la región”, explica el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollán, en conversación con ‘El Independiente’; “en segundo lugar hay un componente paisajístico porque cambiará la fisonomía de algunas zonas, y en tercer lugar se busca dar participación al ciudadano a través de los colegios para que puedan plantar un árbol de manera simbólica”.

El pino blanco es la estrella

La Comunidad de Madrid acometerá este plan de la mano de una empresa vinculada al servicio público, Tragsatec, que acometerá en febrero la gran plantada en terrenos forestales (no de riego controlado). Los distintos ayuntamientos se encargarán de conservar parques y zonas arboladas. “Establecimos el 30 de noviembre como el plazo para que los distintos ayuntamientos se adhiriesen al plan y son más de 70 los municipios que se han comprometidos para plantar una parte de ese millón de árboles. La respuesta ha sido brutal”, valora Rollán.

Los nuevos árboles cubrirán una superficie superior a los 20 millones de metros cuadrados. El municipio que ha hecho más peticiones es Colmenar Viejo, pues cuenta con una dehesa municipal que se convertirá en un bosque. Dentro las especies solicitadas, el pino blanco es el más demandado, por delante de cualquier tipo de conífera, con el arbolado frondoso aparece en tercer lugar”.

“El presupuesto del proyecto es de a partir de 5 millones de euros y el objetivo es que la masa forestal esté lo más agrupada posible”, explica Rollán. “No es lo mismo plantar cientos de árboles en zonas diferentes y distantes que cientos de árboles en el mismo lugar, de ahí que el presupuesto esté abierto. Está previsto que en cuatro o cinco años se haya plantado ese millón de árboles de mediano porte. No vamos a plantar ejemplares de 40 o 50 centímetros, que son más vulnerables. Lo haremos con árboles entre 1 y 2 metros de altura, que crecen una media de 30 centímetros al año. Con esta decisión, habrá bosques, como en Colmenar, desde el primer minuto”.

“Lo más importante es el compromiso ambiental y la implicación del ciudadano”, señala Rollán. “Contando con los colegios se pueden apadrinar árboles y bautizarlos con un nombre. Se establecerá así una relación duradera en el tiempo”.

Málaga, a por otro millón

Madrid no es la única provincia que se ha propuesto plantar un millón de árboles. Málaga, de hecho, se le adelantó incluso con el nombre: “Un millón de árboles” se llama su plan de colaboración ciudadana con la vista en 2020 para combatir el cambio climático mediante la reducción del CO2, el aumento del uso de las energías renovables y la lucha contra la erosión. Las principales acciones de este otro plan se enfocaron a la repoblación vegetal, la reducción del consumo de electricidad, la mejora de la movilidad y una gestión adecuada del agua y los residuos.

Málaga ha puesto el énfasis en la repoblación vegetal.

Málaga ha puesto el énfasis en la repoblación vegetal. Diputación de Málaga

“Veintidós árboles suplen la demanda de oxígeno de una persona al día pero, además, restaurar zonas forestales incendiadas es ganarle la lucha a la desertización y al cambio climático”, explica Mariola Urrea, presidenta del Consejo de Estrategia y Supervisión de Fundación Aquae. Su proyecto ‘Sembrando O2’ ya ha realizado actuaciones de restauración y repoblación en diferentes municipios de Valladolid, Alicante y Zamora. En este caso, se trata de plantar árboles en zonas que han sufrido un incendio o que sufren pérdida de masa forestal y la consecuente sequía.

En Málaga, la Diputación ha destinado 100 millones para su plan a cuatro años. Se calcula que el millón de árboles evitará la pérdida de unas 125.000 toneladas anuales de suelo y absorberá cada año 85.680 toneladas de CO2; es decir, el equivalente a los gases que emiten cinco millones de vehículos en desplazamientos de 100 kilómetros.

Ayuda para respirar

Este tipo de iniciativas llevan asociada la intención de concienciar a la sociedad del riesgo severo al que está expuesta la especie humana y de que las campañas como la plantación masiva de árboles tienen como único fin detener el deterioro progresivo al que esta abocado el planeta ante la indiferencia de otros sectores.

Muchos estudios coinciden en sus conclusiones sobre una extinción masiva que amenaza la existencia humana. Todos señalan que una de sus principales causas, junto con el cambio climático, es la pérdida de hábitat. Estos problemas asociados a la constante pérdida de masa forestal y la extinción corren parejas.

Los árboles hacen que la atmósfera sea respirable y son necesarios para la supervivencia de nueve de cada diez especies conocidas. Junto con el resto de plantas, son responsables de una quinta parte del oxígeno del planeta y pueden actuar como gigantescos sumideros de carbono.