No hay en el planeta Tierra una especie más importante que la abeja. Así lo corroboró la Royal Geographical Society de Londres, institución británica fundada en el siglo XIX para el desarrollo de la ciencia geográfica. De la labor polinizadora de estos animales dependen 250.000 especies de plantas, muchas de ellas, cruciales para la agricultura mundial. Por eso su cuidado y conservación es una tarea esencial para el bienestar del medio ambiente. La agricultura intensiva, los contaminantes agroquímicos, las especies invasoras y el cambio climático son las principales amenazas para la abeja, cuya población se estima que desaparecerá en un 40% en los próximos cien años, según datos del Instituto de Agricultura de Sydney (Australia).

En España, la Fundación Amigos de las Abejas trabaja día a día para la su conservación, conscientes de su relevancia: «A lo largo de millones de años, las abejas y muchas plantas han coevolucionado para beneficiarse mutuamente en su desarrollo. Gracias a la polinización se producirá la formación de semillas y frutos, que sirven para la reproducción de las propias plantas así como para la alimentación de insectos, aves y mamíferos, incluido el hombre», señala Luis Pérez, presidente de esta agrupación fundada en 2007 y que cuenta con más de 17.000 seguidores en Facebook.

«Un mundo sin abejas sería un mundo de ciencia-ficción», explica Pérez. «Al margen de películas y libros apocalípticos que oportunistamente tratan el tema, la desaparición de las abejas provocará una pérdida de biodiversidad tanto de plantas como de animales así como una disminución de las cosechas de frutos y hortalizas directamente relacionadas con la polinización de las mismas».

Con la desaparición de las abejas, todos los ecosistemas se verían alterados y degradados en especies vegetales y animales, y estos hechos provocarían una creciente falta de alimentos sobre la tierra. Por poner un ejemplo apocalíptico, tal y como explica el presidente de Amigos de las Abejas, si desaparecieran de manera total en un periodo de tiempo inferior a diez años, el planeta colapsaría por una grave falta de alimentos repentina y, por ende, una reducción drástica de la población.

El mercado negro, una realidad

Al riesgo de desaparición, se junta el creciente mercado negro de tráfico de abejas. En España, el mayor sector apicultor de Europa con unos 25.000 apicultores y 2,5 millones de colmenas, el robo de abejas es uno de los delitos recurrentes que atiende la Guardia Civil, que califica de “robo fácil” la sustracción de colmenas, un negocio que, además, mueve mucho dinero. En 2016, se registraron 1.800 colmenas robadas.

Con la desaparición de las abejas, todos los ecosistemas se verían alterados.

Con la desaparición de las abejas, todos los ecosistemas se verían alterados. Fundación Amigos de las Abejas

Los ladrones no están lejos: son los propios apicultores los que se llevan colmenas ajenas para traficar con ellas. Cuando los dueños de abejas comenzaron a instalar GPS en las colmenas, los ladrones empezaron a llevarse los insectos sueltos, metidos en bolsas, con el riesgo que supone. A menudo, los apicultores pagan una cantidad irrisoria a drogadictos sin recursos para que lleven a cabo el robo, una operación que a ellos les reporta miles de euros, explicaba a ‘El País’ un portavoz de la Guardia Civil. El negocio es simple: vender las colmenas por internet a un precio superior al que se puede adquirir de forma legal para polinizar plantaciones. Menos trámites y controles y mucho dinero para los vendedores ilegales.

La conservación de las abejas, un trabajo de todos

A nivel individual, todos podemos contribuir a la conservación de la especie. Según el presidente de Amigos de las Abejas, “la solución al problema de su desaparición está ligada íntimamente a que el ser humano encuentre el equilibrio entre el desarrollo y el medio ambiente, que sea capaz de controlar su población y el consumo de materias primas, que respete y mantenga al máximo la biodiversidad de especies vegetales y animales sobre nuestros ecosistemas”, explica.