Desde el pasado 2 de septiembre, cuando Mariano Rajoy fracasó en su intento de salir investido presidente, la mirada de los expertos se trasladó al 25 de septiembre. La concurrencia de elecciones en Galicia y, sobre todo, País Vasco era señalada como la llave que podría remediar el bloqueo político en España. Pocas horas después de estos comicios, cada vez más firmas de inversión asumen que el escenario sigue siendo igual de complejo y que el horizonte de unas terceras elecciones está cada vez más próximo.

Es cierto que, como observan desde Morgan Stanley, el PNV, vencedor en las elecciones vascas, «es posible que necesite el apoyo del PP de Mariano Rajoy para aprobar medidas políticas clave y, por lo tanto, puede que deban corresponder a nivel nacional». Esta es una de las combinaciones más sopesadas en el tablero político, ya que de recabar el apoyo del PNV -además del respaldo de Ciudadanos y Coalición Canaria, ya obtenido en la anterior votación-, Rajoy sólo precisaría de una abstención para ser elegido presidente.

Sin embargo, como la propia entidad estadounidense reconoce, esta combinación es «muy incierta y nada fácil», ya que el PNV también tiene la opción de reeditar el pacto de gobierno que mantenía hasta ahora con el PSOE, sin necesidad de variar su postura actual respecto al gobierno nacional. Además, como apunta Fabio Balboni, economista de HSBC, un acuerdo entre PP y los nacionalistas vascos podría generar «algún descontento» en Ciudadanos.

Así, las cosas, los expertos se centran más en la posibilidad de que sea el PSOE el que dé su brazo a torcer y facilite un gobierno en minoría de Mariano Rajoy. Como resalta el propio Balboni, «el pobre resultado» del partido encabezado por Pedro Sánchez en Galicia y País Vasco puede reforzar a sus críticos, como se ha visto en los últimos días, añadiendo presión para que el líder socialista varíe su estrategia y favorezca la formación de un gobierno popular.

Una visión similar defienden en Barclays, donde consideran que «la posición de Sánchez se está convirtiendo en insostenible y tendrá que dimitir o permitir que algunos (o todos) los diputados del PSOE se abstengan en una nueva ronda de votaciones para la investidura de Rajoy antes del final de octubre», según una nota a clientes citada por el diario Expansión. No obstante, los dos bancos británicos reconocen que la posibilidad de unas terceras elecciones se mantiene muy elevada, ya que no existe ninguna certeza de que Sánchez vaya a ceder a las crecientes presiones.

La pérdida de fuerza de la nueva política podría animar a los grandes partidos a forzar unas terceras elecciones»

De hecho, los grandes bancos de inversión sostienen que los resultados de los últimos comicios autonómicos podrían haber alejado la posibilidad de un acuerdo. Por un lado, porque los buenos resultados del PP, especialmente en Galicia, «hace retroceder la perspectiva de que Mariano Rajoy renuncie a su propósito de convertirse en primer ministro para facilitar las negociaciones con el PSOE», según HSBC.

Y, por otro lado, porque, según defienden en Kepler Chevreux, los grandes partidos pueden haber encontrado razones en el resultado de estos comicios para observar con más optimismo la posibilidad de unas nuevas elecciones generales. En su opinión, la fortaleza evidenciada por los partidos en el gobierno tanto en Galicia como en el País Vasco puede interpretarse como que, «dos años después del inicio de la recuperación económica, los votantes se están cansando de la parálisis de la nueva política y los mensajes populistas».

Los decepcionantes resultados de Ciudadanos serían un acicate para que el PP busque reforzar su posición en una nueva cita con las urnas. Para el PSOE las perspectivas son menos claras, ya que Podemos ha logrado sobrepasarle en ambas regiones, pero los analistas de Kepler defienden que los resultados del partido de Pablo Iglesias, muy por debajo de lo previsto en los sondeos y de lo logrado en las últimas elecciones generales, pueden representar igualmente un punto de inflexión. De este modo, Pedro Sánchez podría optar por forzar unas nuevas elecciones en busca de «una posición relativa frente a Podemos, en la oposición, más confortable».

Sin impacto

Con todo, la perspectiva de que el país se encamina hacia unas nuevas elecciones, cuando están a punto de cumplirse diez meses sin gobierno, sigue sin hacer mella en la confianza de los mercados en España. Sin ir más lejos, las rentabilidades de la deuda española se mantiene en torno a los niveles más bajos de su historia tras registrar un comportamiento en los últimos meses muy superior al de los bonos de países como Portugal o Italia. Como destacan en HSBC, la dilución de las opciones de que Podemos alcance cuotas significativas de poder ha sido fundamental en el alivio de la inquietud inversora.

Sin este riesgo en el escenario y con la economía manteniendo un ritmo sólido de crecimiento, Christopher Dembik, economista de Saxo Bank, sostiene que los inversores carecen de razones para estar preocupados. «Unas terceras elecciones no deben tener realmente un impacto decisivo en los tipos de interés ni en la economía doméstica», defiende. E incluso recuerda que «algunas veces es mejor no tener gobierno que tener uno muy involucrado en la economía y que complica a los inversores».

La dilución de las opciones de que Podemos alcance poder ha sido clave en la rebaja de la tensión en los mercados»

Más preocupados, no obstante, se muestran en HSBC, donde advierten de que si hasta la fecha la economía española ha capeado con éxito la incertidumbre política, la ausencia de avances podría empezar a tener un peso más significativo en la economía, «golpeando la confianza de consumidores e inversores y conduce a recortes de gasto considerables en términos reales si hace imposible aprobar el presupuesto de 2017 antes del 31 de diciembre».

Del mismo modo en la agencia Moody’s resaltan que «la ausencia continuada de un gobierno socava la capacidad de España de cumplir con sus objetivos fiscales y de hacer frente a las debilidades estructurales de sus finanzas públicas, como la falta de controles efectivos sobre las finanzas de los gobiernos regionales, los gastos de salud y la reforma de la seguridad social».