Han sido muchos los acusados que han querido colocarle en el origen de las tarjetas black. Han sido muchos de los que se sientan en el banquillo del macrojuicio por el uso de tarjetas presuntamente fraudulentas que han señalado a Jaime Terceiro, presidente de Caja Madrid entre 1988 y 1996, como inspirador del sistema de retribución paralelo para consejeros y directivos de la caja.

Terceiro repartió tarjetas entre los consejeros para dar más transparencia y controlar “gastos de representación exclusivamente”

Pero fue su sucesor en el cargo, Miguel Blesa –que ocupó la presidencia de la entidad entre 1996 y 2010-, el que intentó con más ahínco situarle en el ojo del huracán, señalándole como el creador mismo de la fórmula de repartir retribuciones mediante tarjetas de empresa. De hecho, es ésa una de las claves de la estrategia de defensa de Blesa.

“Yo sólo continué con una práctica que había habido”, dijo Blesa durante su interrogatorio en el juicio, “yo fui consejero con el presidente Terceiro y yo ya tenía una tarjeta. Me entregaron la tarjeta y me dijeron que se trataba de una tarjeta de libre disposición”.

Jaime Terceiro ha declarado hoy en el macrojuicio que se sigue en la Audiencia Nacional. Lo ha hecho como testigo, no en calidad de acusado como su sucesor al frente de Caja Madrid, para quien el fiscal pide seis años de prisión por crear el sistema de tarjetas opacas. Y como testigo Terceiro ha desmentido el testimonio de Blesa de cabo a rabo.

Sólo gastos de representación

El expresidente de Caja Madrid ha explicado hoy que él creó en 1988 el sistema de tarjetas para “gastos exclusivamente de representación” y lo hizo precisamente para dotarle de mayor transparencia y para modernizarlo. “En Caja Madrid había un sistema de compensación de gastos ya antiguo, presentando las facturas. Y modernizamos el sistema con las tarjetas de crédito. Porque las tarjetas de crédito era el procedimiento más transparente para este tipo de gastos, dada su enorme trazabilidad”.

“Era un sistema de compensación de gastos típicos por la función de consejero y sólo para esa función”

A finales de los ochenta, los consejeros de la caja cobraban exclusivamente 150 euros al mes por dietas (25.000 pesetas), esto es, 1.800 euros anuales. Y los que formaban parte de la comisión ejecutiva elevaban esas cuantías hasta los 9.000 euros anuales. Nada más. Terceiro ha insistido en que las tarjetas no servían para elevar esos importes para mejorar la retribución de los consejeros. “Era un sistema de compensación de gastos típicos por la función de consejero y estrictamente sólo para esa función”. No retribución, sólo gastos de representación. Y, de hecho, ha ensalzado la “severidad de control” de esos gastos, que hizo que el secretario del consejo incluso rechazara algunos gastos impropios realizados con las tarjetas.

Asimismo, ha criticado con dureza la deriva retributiva de la caja, pasando desde los 1.800 anuales en concepto de dietas a las retribuciones de cerca de 500.000 euros que acabó reconociendo la caja a algunos de los acusados. “Esas dietas se acabaron multiplicando por 277 veces” con sus sucesores en el cargo. E incluso teniendo en cuenta el efecto de la inflación, “la retribución se debería multiplicar por 1,8, pero no por 138”.

En paralelo, las tarjetas emitidas durante el mandato de Terceiro tenían un límite operativo de 600 euros al mes. “No era un límite de gasto, era un límite técnico. No puede ser un límite de gasto si son gastos de representación”, ha apuntado, subrayando que durante el juicio se han hecho “definiciones esotéricas” sobre las tarjetas, en referencia a la insistencia de muchos acusados de denominar sus Visas black como “tarjetas remunerativas”. “Eso es una invención desde el inicio, eso no se puede apoyar en nada”, ha dicho Terceiro.

“Es radicalmente incierto que se cambiara ese límite [de 600 euros] durante los nueve años de mi presidencia”, ha indicado Terceiro. “No era necesario incrementarlo porque nunca se superaron gastos de 250/300 euros de media”. Asimismo, el exejecutivo ha subrayado que esas tarjetas no tenían número pin para sacar dinero en cajeros. “En ninguna tarjeta de empresa se daba esa posibilidad como es conceptualmente razonable para tarjetas de gastos de representación. No sólo no se daba el pin, ni siquiera se emitía ese pin para las tarjetas de empresa”.

Terceiro denuncia el “intento espúreo de mezclar correctos comportamientos con los que no lo son”

Terceiro ha explicado que durante su presidencia todos los abonos realizados con las tarjetas de empresa se contabilizaban en las cuentas de la caja como gastos de representación según la normativa y según las disposiciones de la Agencia Tributaria. El expresidente ha denunciado que, en años posteriores, parte de los gastos de las tarjetas de directivos y consejeros estaban “contabilizados espúreamente” y de “manera zafia”, al incluirse parcialmente en una cuenta de quebrantos y fraudes.

Pese a que Miguel Blesa viene insistiendo en que él no ordenó la creación del sistema de tarjetas y que ya estaba vigente desde el mandato de Terceiro, el fiscal sostiene en su escrito de acusación que fue con la llegada a la presidencia de Blesa cuando las tarjetas black pasaron de ser un mero un sistema controlado para efectuar gastos de representación profesionales de la caja a convertirse en retribuciones opacas (sin retenciones fiscales, ocultadas en la contabilidad de Caja Madrid de manera subrepticia en partidas de difícil control y para las que no era necesario justificar a qué se dedicaban los gastos). Opacas y, por tanto, irregulares. Una sospecha que ahora viene avalada también por el testimonio de hoy de Terceiro.

Un sistema “envilecido totalmente”

El expresidente de Caja Madrid también ha aprovechado para afear algunos de los testimonios de los acusados con los que han tratado de dar la imagen de que el sistema de tarjetas como medio de retribución era una práctica generalizada en el sector bancario español. “Un sistema de retribución con tarjetas es inconcebible”, ha sentenciado.

“Tras mi salida de Caja Madrid el sistema de tarjetas se empezó a ‘oscurecer’. En mi época era totalmente ‘white'”

“La mayoría de entidades financieras tuvieron un comportamiento ejemplar. Hoy tres de cada cuatro españoles tiene la peor de las opiniones del sistema financiero, y la tienen por el intento espúreo de mezclar comportamientos correctos con aquellos no lo fueron”, ha denunciado Terceiro. “No puede venir uno a decir aquí que esos eran comportamientos generales en el sistema financiero. Es un mensaje falso y que trata de oscurecer el comportamiento de gente con integridad personal y que tomaron decisiones correctas”.

Terceiro ha querido subrayar que en los años posteriores a su marcha de la caja, en 1996, los gastos de las tarjetas que se repartieron “se han envilecido totalmente y se han asignado a otro tipo de gastos”. ¿Cuándo? “Necesariamente fue en una fecha posterior a mi salida de Caja Madrid”, ha dicho. “Es entonces cuando se empieza a oscurecer el sistema de tarjetas. En mi época eran totalmente blanco, totalmente white“, ha apuntado en contraposición a la denominación de tarjetas black (negras).

“Ahora se quiere decir que los acuerdos del consejo [en los que se hablaba sólo de gastos de representación] no eran claros, ¿no hubo tiempo durante los 15 años posteriores de clarificar esas dudas?”, se ha preguntado.

El consejero que contradice a Terceiro

La versión ofrecida por Terceiro sobre las características, sobre los límites y sobre la naturaleza misma de las tarjetas que se entregaban durante su mandato ha sido desmentida por otro de los testigos. José Luis Acero Benedicto, consejero de la caja entre 1988 y 2003, ha explicado que su tarjeta de empresa servía para “complementar la retribución francamente baja” que tenían todos los consejeros de la entidad con sus dietas.

Según Acero Benedicto, que gastó 10.200 euros sólo en 2003, ha calificado los gastos que se realizaban como un modo de retribución, no sólo gastos de representación. El exconsejero ha declarado que”nunca se pidió que justificáramos los gastos”, y que él entendió que la tarjeta “era un modo de retribuir la dedicación de los consejeros y, además, servía para cubrir los gastos”. No obstante, no ha explicado por qué, aún siendo retribución personal, no agotó el límite dispuesto y por qué la utilizaba “con moderación”.

Según su testimonio, inicialmente el límite cuantitativo era de 600 euros, pero fue aumentando durante el mandato de Terceiro y también posteriormente con Blesa. Sin embargo, “no había límite cualitativo sobre los gastos. Nadie nos dijo que hubiera un protocolo sobre cómo usar la tarjeta y en qué gastar o no”. De hecho, también contradice al expresidente al subrayar “estar seguro” de que las tarjetas tenían PIN y que nunca se le dijo que “estuviera prohibido extraer efectivo”.

Además, ha apuntado que el consejo de administración aprobó la creación del sistema de tarjetas en 1988, pero que fue una decisión del propio Terceiro. Y que cuando le sustituyó Blesa en 1996 “el sistema simplemente se mantiene”. “Hasta 2003, que es hasta cuando yo estoy en la caja, jamás se introdujo ningún cambio de la normativa” sobre el uso de las tarjetas.