Los acusados en el caso de las tarjetas black empiezan a desfilar ante el tribunal para ser interrogados. El primero en tener que responder a las preguntas del fiscal y de las acusaciones particulares y popular –también a las de su abogado defensor- ha sido el principal encausado, el expresidente de Caja Madrid Miguel Blesa. En las próximas cinco jornadas del juicio pasarán por los interrogatorios uno por uno los otros 64 encausados por el uso de tarjetas opacas de Caja Madrid y Bankia que se sientan en un banquillo que, de tan nutrido, se asemeja más a un graderío.

Blesa, para el que el fiscal pide una pena de seis años de prisión, ha seguido a rajatabla la estrategia de defensa prevista y mantenida hasta ahora en las anteriores fases del proceso: desvincularse por completo de la creación del sistema de retribución opaco de la entidad y subrayar que se trataba de un complemento salarial del que desconocía que no estaba declarado a Hacienda. “Yo sólo continué con una práctica había habido” en Caja Madrid, ha sentenciado. “No dije ni una palabra” para la constitución de sistema de tarjetas opacas. Según él, simplemente ya existía.

Era un “complemento retributivo”

El que fuera presidente de Caja Madrid entre 1996 y 2010 insiste en que el reparto de tarjetas entre consejeros fue aprobado por la comisión ejecutiva de la caja en 1988 y la entrega a los directivos se aprobó en 1994, cuando estaba al frente de la de la entidad su antecesor, Jaime Terceiro. “Yo fui consejero con el presidente Terceiro, y yo ya tenía una tarjeta”, ha dicho. “Me entregó la tarjeta el secretario general de la entidad [se refiere al secretario del consejo de administración, Enrique de la Torre] y me dijo que se trataba de una tarjeta de libre disposición” y que no era necesaria “justificación alguna de los gastos realizados”, así que “entendí que era un complemento retributivo”, ha respondido Blesa al fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón.

El exbanquero ha admitido que, en cualquier caso, no preguntó si efectivamente se trataba de un complemento retributivo o no, por una “cuestión de confianza” en la entidad a la que se había incorporado. Blesa ha subrayado que “ni el Banco de España ni la Inspección de Hacienda pusieron tacha alguna durante 23 años”, ni tampoco lo hicieron órganos internos de la caja encargados de velar por el control de estas prácticas, como las asesorías fiscal y jurídica. “¿Nadie conocía la existencia de las tarjetas? ¿Durante 23 años? ¿Se puede ocultar su existencia a todos: al Banco de España, a las auditoras…?”

Blesa ha argumentado que Jaime Terceiro tenía como presidente un salario de 26 millones de pesetas y un complemento para gastos de otros 2 millones de pesetas distribuidos en doce meses. “A nadie se le encarga representar a una entidad por meses y con una cuantía fija. Eso no eran gastos de representación, eso era otra cosa”, ha dicho de su antecesor. “¿Era pues una retribución?”, le ha preguntado su abogado defensor. “Claro”, ha sentenciado Blesa.

Pese a que Miguel Blesa viene insistiendo en que él no ordenó la creación del sistema de tarjetas y que ya estaba vigente cuando se incorporó, el fiscal sostiene en su escrito de acusación que fue con la llegada a la presidencia de Blesa cuando las tarjetas black pasaron de ser un mero un sistema controlado para efectuar gastos de representación profesionales de la caja a convertirse en retribuciones opacas (sin retenciones fiscales, ocultadas en la contabilidad de Caja Madrid de manera subrepticia en partidas de difícil control y para las que no era necesario justificar a qué se dedicaban los gastos). Opacas y, por tanto, irregulares.

“Nadie conoce el tratamiento fiscal”

“La primera vez que he tenido conocimiento de que estas retribuciones no se incluían en el certificado [de retenciones fiscales] ha sido con los escritos de Bankia para este caso”, ha esgrimido Blesa. “Todos estábamos en la creencia de que estaban incluidos. Pero es que nadie sabe qué tratamiento fiscal tiene lo que uno recibe. Nadie está en eso”. Según el expresidente de Caja Madrid, los “responsables funcionales” de saber si se aplicaban retenciones fiscales serían el “área fiscal de la caja y el secretario general”.

Blesa ha vuelto así a cargar contra Enrique de la Torre, exsecretario del consejo, que se ha convertido en el enemigo número uno de muchos de los acusados, al haber declarado ante el juez durante la instrucción que los usuarios de las tarjetas black sólo podían utilizarlas para gastos de empresa, con la única excepción de él mismo y el exdirector financiero, Ignacio Sánchez Barcoj (ambos tenían dos Visas: una de plata para gastos de representación y otra de oro como complemento retributivo).

El fiscal le ha leído a expresidente un fragmento de un correo electrónico en el que De la Torre explicaba a varios directivos de Caja Madrid -entre ellos al propio Blesa, que aparecía en copia- que las tarjetas repartidas eran “black a efectos fiscales”. Blesa ha dicho desconocer el contenido de ese mensaje. “Yo ese mail no lo he leído nunca. Era práctica común ponerme en copia de muchos correos entre directivos y sus subordinados, y ya dije que no iba a leer ninguno. No podía leer 100 o 200 mails al día”, se ha defendido.

Blesa ha dicho que, durante su mandato, desconocía que algunos consejeros siguieron utilizando sus tarjetas opacas una vez que habían abandonado Caja Madrid. “En el momento en que se deja la caja la tarjeta debe desactivarse”, ha apuntado. “Cuando yo salí de la caja entregué mi tarjeta ese mismo día. No la utilicé ni un minuto más”.

Las “inexactitudes” del Excel

Antes de ese minuto preciso de su salida, el expresidente gastó en total 436.688 euros durante los diez años que se enjuician –de 2003 a 2012, los gastos anteriores se consideran prescritos-. Destinó más de 76.000 euros a noches de hotel (fundamentalmente de lujo), más de 6.000 euros en joyería, 13.150 euros en viajes, más de 4.000 euros en productos informáticos…

En cualquier caso, Blesa ha sostenido que el documento Excel en el que se refleja la relación de gastos realizados con las tarjetas “está lleno de inexactitudes”. “Uno no tiene el don de la ubicuidad para hacer tantas cosas en tantos sitios”, ha ironizado. Y, además, ha puesto en duda su validez misma dado que “no se trata de un documento mercantil, ni de un documento bancario con los movimientos de cuenta, y no es un documento elaborado por Visa”.

Blesa devolvió íntegramente la cantidad gastada con su tarjeta opaca tres días antes de que arrancara el juicio en la Audiencia Nacional, en un intento de que se le reconozca el atenuante de reparación del daño causado y, con ello, se le rebaje la pena. El exbanquero, en cualquier caso, no pretende reconocer ninguna culpabilidad con la restitución del dinero dilapidado con su Visa opaca y, de hecho, sigue manteniendo su inocencia.