Una extraña carambola ha unido a Unidos Podemos, Ciudadanos y los dos partidos catalanes en el Congreso, ERC y CDC, en la sesión de este martes: las críticas a la visita del Rey Felipe VI a Arabia Saudí. «Debería avergonzarnos la visita como país», ha clamado Irene Montero. «En la política internacional hay que tener en cuenta con quién te relaciones y los estándares de los derechos humanos», ha criticado a su vez Albert Rivera. Los Hernandos del PP y PSOE (Rafael y Antonio) han defendido que el monarca tiene muy en cuenta las libertades.

Populares y socialistas no han dejado de recordar en el hemiciclo que el Rey acude a cerrar un contrato de Riad con el astillero Navantia (perteneciente a la Sepi), y que en el aire están en juego 2.000 millones de euros y miles de empleos en San Fernando y Ferrol. Y con todo, en sus dos años y medio de reinado los viajes de Felipe VI a la teocracia wahabita siempre han estado bajo la lupa, cuando no se han llegado a suspender. Lo que sucedió en febrero de este año.

Desde hace aproximadamente un año, a finales de 2015, se prepara la visita de Felipe VI a Riad. El Gobierno y las empresas del AVE a La Meca querían que el monarca español acudiera a limar asperezas con las siempre difíciles autoridades saudíes, que adeudaban –y todavía adeudan- muchos millones a las firmas españolas por impagos en las obras. El 12 de diciembre de 2015 el viaje real fue anunciado para el 16 de febrero pasado.

Pero todo se torció en enero, un mes antes. España estaba sin Gobierno. Podemos (entonces no existía Unidos Podemos) era una formación desatada tras obtener un magnífico resultado en las elecciones de diciembre. Pero los bombardeos a los houtíes (chiíes) de Yemen por parte de una coalición internacional liderada por Riad no fructiferaban, y la Casa de Saud tomó una decisión fatal: ejecutar el 2 de enero de este año a 47 opositores, entre ellos el clérigo chií disidente Nimr Baqr al Nimr. Un episodio internacional vergonzoso que obligó al Ejecutivo a reaccionar. En la Casa Real aconsejaron al Rey que, por prudencia, lo mejor era mantenerse al margen y no volar, para cabreo del consorcio Al Shula.

El papel de Juan Carlos I

Los contratistas españoles del tren de alta velocidad entre Medina y La Meca (Renfe, Adif, Ineco, OHL, Talgo, Cobra, Inabensa…) llevan tiempo alertando de la tensión que se palpa intramuros de la monarquía islámica. Principalmente achacan el desconcierto a la guerra en el vecino Yemen, pero también apuntan al desplome del precio del petróleo en los últimos meses, que ahora parece repuntar. Las restricciones económicas -como los recortes en los salarios de los funcionarios saudíes, por citar un ejemplo- eran algo insólito en Riad. Ya no lo son.

Desde la anulación hasta ahora el presidente del AVE a La Meca (y a la sazón de Renfe), Pablo Vázquez, ha intentado que Felipe VI acudiera numerosas veces a Arabia Saudí. En el recuerdo está la labor de intermediario de su padre Juan Carlos I, un actor clave en la obtención del mayor contrato de un consorcio español en el extranjero: 6.700 millones de euros por conectar por AVE los 500 kilómetros que separan las dos ciudades sagradas.

Antes, en enero de 2015, el actual Rey ya visitó por primera y única vez Arabia Saudí. Pero entonces no tuvo tiempo para los negocios navales y ferroviarios: la muerte del monarca saudí Abdalá bin Abdulaziz, de 90 años, congregó en la Península Arábiga a la flor y la nata de los líderes mundiales.

Se trata además del primer viaje oficial al extranjero de los recién nombrados ministros de Exteriores y Fomento, Alfonso Dastis e Íñigo de la Serna. Próximo viaje real: del 12 al 14 de noviembre.