Once semanas. Ese es el plazo que ha necesitado Donald Trump para anotarse su primer éxito bursátil desde que fue elegido presidente de Estados Unidos en las elecciones del pasado 8 de noviembre.

El Dow Jones superó este miércoles los 20.000 puntos por primera vez en su historia. El hito viene como resultado de una notable remontada que ha llevado al Dow Jones a escalar más de un 9% desde los citados comicios.

Estas cifras, representativas del buen tono con que han acogido los mercados la llegada de Trump a la Casa Blanca, resultan aún más elocuentes si se comparan con la recepción que brindaron los inversores a sus antecesores. Ni Barack Obama, en 2008; ni George W. Bush, en 2000; ni Bill Clinton, en 1992; ni George H. W. Bush, en 1988, recibieron una acogida tan cálida en las once semanas posteriores a que se impusieron en sus primeras elecciones. De hecho, salvo en el caso del último, cuando el Dow Jones registró un alza del 5,34%, el resto vivió con descensos sus primeras semanas como presidentes electos.

Así, el nuevo presidente de Estados Unidos, que alcanzó el poder bajo la promesa de hacer América grande de nuevo, lo que ha logrado sellar ya es el engrandecimiento de los mercados financieros. Desde su victoria electoral, la capitalización de las bolsas mundiales se ha elevado en más de tres billones de dólares (2,8 billones de euros), de los que alrededor de la mitad corresponden a Estados Unidos, donde el valor de la bolsa supera ya los 25,5 billones de dólares (23,75 billones de euros).

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El Dow Jones y los presidentes de EEUU

El Dow Jones y los presidentes de EEUU Luis Sevillano

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El Dow Jones y los presidentes de EEUU

El Dow Jones y los presidentes de EEUU Luis Sevillano

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Estímulo fiscal

Este brillante escenario contrasta sobremanera con los negros augurios que se asociaban al nombre de Trump en las horas posteriores a su victoria electoral. El nuevo presidente estadounidense ha logrado sobreponerse a los recelos del mercado a base de promesas. Proyectos, más o menos inconcretos, que han captado el interés inversor, generando una oleada de optimismo.

La perspectiva de un programa amplio de estímulo fiscal, con fuertes inversiones, recortes de impuestos corporativos, una política regulatoria más laxa y relocalización de producción en territorio estadounidense ha sido el cóctel ideal para impulsar a unos mercados que, tras años de dependencia de las políticas de estímulo monetario, se mostraban necesitados de un nuevo catalizador.

El Dow Jones, que acumuló una revalorización del 172% en seis años, hasta marzo de 2015, apenas logró anotarse un 0,25% en los veinte meses posteriores hasta las elecciones del pasado noviembre.

Ahora, sectores como el financiero, alentado por la perspectiva de tipos más elevados, menor presión regulatoria y mayor actividad económica, han dirigido una nueva escalada de las bolsas. Del mismo modo, el sector industrial, que prevé beneficiarse de la mayor inversión en infraestructuras en el país, o el energético, que también espera un entorno regulatorio más favorable para sus actividades, han contribuido de forma considerable a impulsar la marcha de los mercados.

Y la reciente temporada de resultados parece estar afianzando las buenas perspectivas. «El poder de fijación de precios de las empresas estadounidenses ya ha mejorado, incluso sin la combinación de políticas de Trump, y podría seguir fortaleciéndose en los próximos meses. Los primeros indicadores de la temporada de ganancias de Estados Unidos confirman los posibles efectos de un mejor poder de fijación de precios», comentan en Julius Baer.

Impulso global

El buen tono de la bolsa estadounidense ha contado con un respaldo internacional casi generalizado. Los expertos señalan que, por primera vez en muchos años, se está dando cierta sincronización en el crecimiento de las regiones mundiales, lo que ofrece una visión más favorable para la economía mundial. Con unas perspectivas de beneficios al alza -favorecidas, también, en buena medida, por los planes de Trump- casi todas las grandes plazas internacionales registran avances en las últimas semanas.

Desde las elecciones de Estados Unidos, el índice RTSI de Rusia sube más de un 18%; el Dax alemán, el Nikkei japonés y el paneuropeo EuroStoxx 50 se anotan subidas superiores al 10%; el Ibex gana en torno al 7% y el Ftse 100 británico algo más del 4%; mientras que los principales índices emergentes como el Shanghai Composite o el Bovespa brasileño registran avances algo más modestos.

Es cierto, no obstante, que los planes de Trump presentan un lado oscuro, menos favorable a los intereses financieros. Principalmente, su carácter proteccionista -dejado patente desde sus primeras medidas- es visto como una amenaza latente de guerra comercial, que podría, a la larga, suponer una amenaza a la economía mundial y, de este modo, frenar los beneficios corporativos.

Pero esta visión a más largo plazo parece ahora mismo fuera del radar de unos inversores alentados por la creencia de que el nuevo presidente de Estados Unidos hará grande de nuevo a los mercados financieros. Los primeros compases de su mandato así parecen confirmarlo. Aunque mucho tendrá que esforzarse para, al final de su mandato, poder presentar un balance como el de sus antecesores Barack Obama o Bill Clinton, que en sus ocho años en la Casa Blanca vieron expandirse al Dow Jones un 90% y un 236%, respectivamente.