Los Patriots lo han vuelto a hacer. Capitaneados en el campo por un legendario Tom Brady  y en la banda por el mejor entrenador de la historia, Bill Belichick, los muchachos de New England se han alzado con su quinta Super Bowl después de remontarle a los Atlanta Falcons un resultado que al descanso era de 21-3.

Después de que Luke Bryan cantara el himno, primer hombre en hacerlo en una década, los de la ciudad de la Coca-Cola se lanzaron en tromba y sorprendieron a los Patriots tanto en defensa como en ataque. El receptor Julio Jones completó una gran primera parte por aire, mientras que Devonta Freeman martilleaba la defensa vía terrestre.

La defensa de Matt Patricia, la mejor de la competición en puntos encajados, se vio en el descanso con 21 tantos en contra y sin soluciones para responder a los diseños de Kyle Shanahan, la mente tras el ataque de Atlanta. Al otro lado del balón, Brady estaba perdido ante el esquema defensivo montado por Dan Quinn.

Nadie se esperaba, eso sí, lo que deparó la segunda parte. Los Patriots se sacudieron el dominio de la primera parte y en una reacción para la historia consiguieron forzar el tiempo extra para, con una anotación del running back James White, llevarse el trofeo Vince Lombardi.

Las grandes diferencias entre ambos se pusieron de manifiesto a lo largo de todo el partido. Los Falcons brillaron hasta que su ataque, el más explosivo en muchos años, comenzó a flaquear y la defensa, plagada de novatos, tuvo que tapar demasiados huecos. Por contra, todo cambio cuando la potente defensa de New England consiguió imponerse y logró frenar a sus rivales.

Este es el quinto título para los de Tom Brady desde el año 2002, cuando el de Michigan se hizo con los mandos del ataque. Los Falcons, por su parte, han salido derrotados de la Super Bowl una vez más, algo que ya tuvieron que sufrir en el año 1999 cuando los Denver Broncos de John Elway les dieron un severo correctivo.

Espectáculo paralelo

Todo aquél que pudo ver en vivo y en directo el partido del año tendrá que rascarse el bolsillo. La entrada media para el partido rondaba los 2.000 dólares, mientras que una suite situada en una de las esquinas del estadio salía por la friolera de 172.700 dólares, más de 160.000 euros.

Las entradas, como siempre, estuvieron más que cotizadas por mucho que los precios fueran prohibitivos para el común de los mortales. Por comparar, la entrada más cara para la primera Super Bowl costaba apenas 12 dólares.

Por supuesto, una vez que uno viaja a Houston para ver el partido, acaba gastando en regalos, cenas o noches de hotel. Según un estudio de la consultora PwC, cada persona dejará en la ciudad una media de 190 dólares, más de 176 euros. La cifra es bastante inferior a los 220 dólares de media que se gastaron los asistentes al partido del año pasado, celebrado en la localidad californiana de Santa Clara y es la primera vez desde 2013 que no se superan los 200 dólares de gasto por persona.

Para todos aquellos que prefirieron la comodidad del sofá y la mantita la opción favorita fue verlo por televisión. El año pasado la audiencia media en la CBS alcanzó los 111,9 millones de espectadores, unos datos sensiblemente inferiores a los 114,4 millones de hace dos años, cuando la emisión estuvo a cargo de la NBC.

Este año, siguiendo el sistema rotativo de cadenas, le tocó el turno a la Fox, que puso al mando de las operaciones a su dupla estrella formada por Joe Buck y Troy Aikman, que ya ganó tres Super Bowl luciendo los colores de los Dallas Cowboys.

En la emisión de hace casi un año, ya que el partido siempre se disputa el primero domingo de febrero, hasta 167 millones de personas vieron al menos seis minutos del partido. Y este año las previsiones son similares.

El descanso

Por supuesto, el partido es lo importante. Pero mientras los jugadores resposaban, ya resguardados en la intimidad de los vestuarios, se pusieron en marcha los engranajes del espectáculo del descanso. Este año la batuta la llevó Lady Gaga, que se encargó del show habitual.

El espectáculo contó con un presupuesto de 10 millones de dólares, 9,2 millones de euros, y estuvo dirigido por segundo año consecutivo por Hamish Hamilton, que el año pasado ya se encargó de producir la actuación de Coldplay, si bien lo que se recuerda es el dueto de Beyonce y Bruno Mars.

Cuando todos los americanos estaban disparando el consumo de aguacates fue también es el momento perfecto para la publicidad. Este año las marcas tendrán que pagar entre cinco y 5,5 millones de dólares por una pieza de 30 segundos. Los anunciantes, con nombres habituales en estos lares, fueron Ford, Mercedes Benz, Pepsi, Wendy’s…

Destaca el gigante de la cerveza Aheuser-Busch InBev, que se gastó alrededor de 28 millones de dólares en los cuatro espacios que ha comprado, dos de ellos de 30 segundos y otros dos de un minuto de duración.

Los Patriots, favoritos

El partido, a priori, estaba muy igualado, pero los expertos de Las Vegas consideraban que la experiencia de los Patriots puede acabar siendo un factor decisivo y por eso le colgaron el cartel de favorito. La victoria de los de Tom Brady se pagaba a 1,70 euros por cada euro jugado, mientras que la rentabilidad de una victoria de Atlanta estába en el entorno de los 2,3 euros.

Por supuesto, las cantidades que van a mover las apuestas serán desorbitadas. En el partido del año pasado, en el que los Denver Broncos derrotaron a los favoritos Carolina Panthers, el volumen apostado alcanzó los 4.200 millones de dólares, casi 3.900 millones de euros, aunque el 97% de esa cantidad se movió fuera de los cauces legales. No sería una sorpresa que este año se superaran los 5.000 millones de dólares sin mucho problema.

Donde sí hay grandes diferencias entre ambos equipos es en el plano económico. Según los datos de Forbes, los Patriots son uno de los equipos con más músculo financiero, están valorados en 3.400 millones de dólares, unos 3.150 millones de euros, y sus ingresos alcanzaron los 523 millones de dólares, más de 480 millones de euros. Los Falcons, por su parte, superan a duras penas los 2.130 millones de dólares, casi 2.000 millones de euros, e ingresaron el año pasado 336 millones, más de 311 millones de euros.