Las bajas laborales estresan las cuentas de las empresas españolas. Más aún cuando las cosas va bien y los trabajadores se atreven a quedarse en casa sin miedo a perder un empleo, en lugar de ir a trabajar con cualquier dolencia. Así, al tiempo que la economía generó más de 400.000 nuevos empleos en 2016, las bajas laborales repuntaron, con un coste de 5.500 millones para las empresas, un 42,5% más que un año antes.

Lo dice el informe El absentismo derivado de la incapacidad temporal por contingencias comunes elaborado por la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (Amat).

El absentismo en las empresas viene creciendo desde 2013, con el inicio de la recuperación, y se ha recrudecido en el período 2014-2016 (los datos del pasado año son provisionales).

Además del hecho de que el absentismo crece cuando aumentan las plantillas, Amat achaca esta tendencia a una combinación de dos factores: el menor miedo a perder el empleo en caso de enfermedad y la reducción del uso indebido de las bajas.

No obstante, la asociación suma a estos procesos la excesiva carga burocrática asociada a los procesos de incapacidad temporal, que también dilatarían los días de trabajo perdidos.

Sea como fuere, el informe estima que en 2016 se produjeron 4,5 millones de procesos de incapacidad temporal por contingencias comunes, un 16,4% más que en 2015. Además, la duración media de estos procesos ha pasado de los 88,5 días a los 90,5 días en el caso de los trabajadores asalariados y de 37,8 a 38,7 días en el de los autónomos.

Un gasto milmillonario para las empresas

Para entender el coste que tienen estos procesos para las empresas es preciso entender cómo funcionan. Y es que cuando la incapacidad temporal no está asociada a la actividad laboral, es la empresa la que se encarga de sufragar todos los gastos –se hace cargo de las cotizaciones a la Seguridad Social a lo largo de todo el proceso de baja– desde el cuarto al decimoquinto día. A  partir de ese momento, es la mutua la que empieza a abonar las prestaciones con cargo a las cotizaciones sociales que pagan empresarios y trabajadores.

En el caso de los trabajadores asalariados, estas cotizaciones alcanzan el 28,3% de la base reguladora: el 84% sufragado por la empresa y el 16% restante por el empleado. Así, el coste de estas aportaciones es proporcionalmente mayor para las compañías.

Si la baja se produce por accidente laboral o enfermedad profesional, la empresa sólo asumirá el primer día de baja, y el resto correrá a cargo de la mutua.

La cuantía de la prestación en los procesos de enfermedad o accidente comunes es del 60% de la base reguladora desde el cuarto al vigésimo día inclusive y, desde entonces, asciende al 75%. En el caso de accidentes o enfermedades profesionales, se mantiene en el 75% desde el primer momento. No obstante, en algunas empresas se incluye en el convenio colectivo complementos para alcanzar el 100% de los salarios durante la baja.

Con estos mimbres, el gasto en prestaciones económicas por las bajas laborales ascendió a 5.773 millones de euros, un 12,4% más, que recae principalmente sobre las sociedades. Pero esta cantidad se refiere únicamente al dinero desembolsado por las mutuas a partir del día 15 de la baja de los trabajadores por cuenta ajena y del cuarto en el caso de los autónomos.

Porque el coste directo a cargo de las empresas ascendió a 5.498,6 millones de euros,un 42,5% más que en 2015. Se trata de un importante varapalo a las cuentas de las empresas, superior incluso al hachazo fiscal de 4.500 millones que tendrán que asumir en 2017 aquellas de mayor tamaño afectadas por las últimas subidas en el Impuesto de Sociedades.

Otros costes asociados al absentismo

No obstante, hay otro tipo de coste del absentismo para las empresas. Se trata del coste de oportunidad, un concepto que se refiere a los bienes y servicios que se dejan de producir por la acumulación de bajas laborales.

El informe traduce los procesos de incapacidad temporal en jornadas de trabajo anuales, de lo que resulta que, en términos equivalentes, casi un millón de trabajadores no fueron ni un solo día a trabajar en 2016.

De acuerdo con estas estimaciones, y tomando como referencia el PIB de 2016, el estudio resuelve que las empresas dejaron de producir bienes y servicios por valor de 64.603 millones de euros, alrededor del 5,6% del PIB del ejercicio.

En suma, el coste total del absentismo habría alcanzado una cifra de vértigo: 75.874,8 millones de euros.