Es muy probable que el Juan Roig de 2008 hubiera despedido al Juan Roig de 2017. Una lástima que las leyes básicas del espacio tiempo impidan que el presidente de Mercadona de hoy pudiera encontrarse con su yo pasado, porque sería interesantes verlos discutir.

El Juan Roig de hace nueve años era el que presionaba a los proveedores de su marca blanca para que redujeran hasta el gramaje de los envoltorios. El que se quitó la camisa en una reunión para explicar gráficamente a sus socios que tenían que eliminar toda la grasa. Cualquier esfuerzo era poco con tal de abaratar unos céntimos el precio de cada paquete. No toleraba ni un solo gasto superfluo.

Mercadona ha pasado página, se acabó la época de la austeridad

Aquella estrategia fue un éxito: en estos ocho años la cadena ha triplicado sus beneficios y se ha convertido en el primer supermercado del país. Sin embargo, Mercadona ha pasado página. No hay más que oír al nuevo Juan Roig presumiendo con orgullo de que en sus tiendas hay sushi fresco todos los días “y lo que no se vende, se tira”. Al comentar este último detalle frunce el ceño como con un gesto de dolor. Y es probable que sólo de pensarlo le duela de verdad.

Llega el sushi, el jamón ibérico al corte y el zumo de naranja recién exprimido. Se acabó la época de la austeridad. La cadena ya no presume de racionalizar las estanterías reduciendo las opciones, sino de haber lanzado 300 novedades y 350 mejoras en productos.

Y al que no le convenza el sushi como indicio ineludible de que Mercadona está en plena transformación puede echarle un vistazo a los objetivos financieros de la compañía. Al tiempo que ha presentado unos beneficios récord de 636 millones de euros, ha advertido que el año que viene las ganancias van a reducirse a un tercio: hasta los 200 millones de euros.

Roig no ha detallado en qué va a invertir los mil millones de euros que va a dedicar en 2017 (frente a los 685 millones de este año), pero está claro que planea una transformación profunda de la compañía. Sólo ha explicado que quiere centrarse en “el largo plazo”, renovará tiendas y apostarán por buscarle una fórmula rentable a la página web que, de momento “es una mierda”, según él mismo ha reconocido.

La gran sorpresa el año que viene podría ser precisamente la puesta en marcha de un canal online realmente competitivo (de momento le cuesta 30 millones en pérdidas al año).

Si Roig se ha dado cuenta de que el modelo basado en la austeridad que le llevó al éxito durante la crisis ya no funciona no dudará en darle la vuelta a la empresa, como ya hizo hace ocho años. Según Nielsen, las marcas blancas han perdido cuota de mercado por primera vez en su historia. Y si el consumidor quiere variedad, Mercadona necesita reinventarse. Conociéndole, no se va a conformar con poner sushi en el lineal.

La ventaja de haber asomado la patita de sus nuevos planes sin haber entrado en detalles es que cuando en 2018 presente unos beneficios mermados, ya no sabremos si las cosas le han salido bien o mal. Todo irá según lo previsto.

Si Roig está dando algún paso atrás, es para coger carrerilla

Los que deberían irse preparando son los fabricantes de productos Hacendado. Si Juan Roig está dispuesto a apretarse el cinturón para reducirse los beneficios, ya pueden los 126 interproveedores de Mercadona poner las barbas a remojo.

La competencia también debería estar alerta. Si Roig está dando algún paso atrás, es para coger carrerilla. Y la última vez que anunció algo así, en 2008, le sirvió para convertirse en líder.

A aquel Juan Roig no le gustaba el sushi. Al de hoy sí. Hace poco le convenció una de sus hijas de que lo probara porque si le gustaba el arroz y le gustaba el salmón seguro que disfrutaría de este bocado japonés. Eso sí, se lo come con cuchillo y tenedor. Por lo de los palillos no pasa. Y es que aunque Mercadona esté cambiando, Roig sigue siendo Roig. Y nadie mejor que él para llevarse la contraria cuando haga falta.