La economía española creció un 0,8% en el primer trimestre del año respecto al cierre de 2016, según ha confirmado este miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato muestra que, en contra de lo que muchos pensaban en 2016, incluido el Gobierno, la actividad no se desacelera en los primeros compases de 2017. Y es por eso que los analistas consultados por El Independiente afirman que el PIB, descontado el efecto de los precios, ya ha rebasado los niveles previos a la crisis (en términos nominales, ya lo había hecho a finales de 2016). Dicho de otro modo, el PIB ha salido al fin de la crisis.

Sin embargo, la economía es algo más que una cifra de rentas, y España es hoy diferente a cómo era en 2008, cuando empezó la década fatídica. Un país que cabalgaba a lomos de la construcción deslumbrado por unas cifras que rozaban el pleno empleo (aunque de dudosa calidad), cayó en la trampa del endeudamiento excesivo. El crédito se concedía con facilidad y casi todo se podría comprar. Cuando la alegría financiera se interrumpió, las deudas contraídas (en forma de ladrillo, sobre todo) se convirtieron en una losa para empresas, familias y, al final, para el país.

La combinación del estallido del desempleo con altos niveles de apalancamiento ha tenido graves consecuencias que han quedado como cicatrices en las estadísticas oficiales. A continuación analizamos algunas de estas marcas, junto a otros indicadores que han aprovechado la crisis para regenerarse.

Mayor desempleo

Lo primero que llama la atención cuando se hace una comparación macroeconómica con la España precrisis es el empleo. La recuperación de la actividad aún no se ha trasladado por completo al mercado laboral. La tasa de paro en el primer trimestre de 2017 era del 18,75%, alejada ya de los niveles cercanos al 27% que alcanzó al inicio de la pasada legislatura, pero aún casi el doble que la registrada en el segundo trimestre de 2018, cuando se situó en el 10,3%, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

No solo eso. Además, el número de parados que lleva más de dos años buscan un empleo es hoy de 1,6 millones, mientras que al inicio de la crisis solo 254.000 personas se encontraban en esta situación.

Es cierto que a la hora de medir la tasa de paro (proporción de desempleados sobre activos) se ha de tener en cuenta que la población activa también ha sufrido una merma, desde los 23 millones de personas a los 22,6 millones. Sin embargo, las cifras de parados son hoy superiores. En abril de 2008 el número de desempleados apuntados en las oficinas de empleo era de 2.338.517 personas. En el mismo mes de 2017, la cifra es aún de 3.573.036 personas.

Menor calidad del empleo

Al mismo tiempo, las cifras de ocupación aún ha recuperado el vigor de hace 10 años. El Gobierno sitúa la salida de la crisis en su vertiente más social en los 20 millones de trabajadores. Pues bien, la EPA correspondiente al primer trimestre arrojó una ocupación de alrededor 18,5 millones de personas, un millón y medio menos.

Además, durante los últimos años de la recuperación, el mercado laboral se ha confeccionado con un mayor peso del empleo a tiempo parcial, con un total de 2,8 millones de personas en esta situación, frente a los 2,4 millones de antes de la crisis.

La construcción no será lo que fue

Detrás de estas cifras de paro se encuentra una destrucción de empleo sin precedentes en el sector de la construcción por el efecto directo de la paralización de las grúas tras el estallido de la ‘burbuja’. Este sector se ha dejado por el camino más de un millón de trabajadores que en muchos casos se han encontrado con dificultades para volver a formarse y mejorar su empleabilidad.

Además, la economía española ha mirado hacia otro lado ante la paralización del ‘ladrillo’, cuyo peso sobre el PIB se ha reducido desde alrededor del 13% en los años de bonanza, hasta menos de la mitad. Se trata de una actividad que seguirá siendo importante para la economía, como demuestra que detrás de la aceleración del crecimiento del PIB en el primer trimestre está un aumento de la inversión en construcción del 1,1%.

Concretamente, el espacio dejado por el ‘ladrillo’ ha sido en su mayor parte por los servicios que hoy aporta más del 60% de la riqueza nacional. Otro indicador que da la medida de esta realidad es el de visados para construcción de viviendas nuevas. De acuerdo con los datos del Ministerio de Fomento correspondientes a los dos primeros meses del año, la previsión es que acumulen 76.574 de estos certificados para poder levantar viviendas, cifra muy inferior al casi un millón anual que se llegó a registrar antes de la crisis.

Y puesto que los servicios engloban actividades muy estacionales y de baja cualificación en muchos casos, es en parte por eso que la temporalidad sigue siendo alta, como recientemente ha afeado la Comisión Europea, y que los salarios medios se mantienen en cifras moderadas respecto a otros socios europeos.

Costes salariales a la baja

Por otra parte, la concentración del empleo en sectores de menor valor añadido se ha combinado con una moderación salarial en los últimos años que ha hecho que España, mientras crecía, iba ganando competitividad. Es lo que algunos analistas han denominado una devaluación en frío de la economía.

Esto se deja ver en la estadística de Costes Laborales del INE. La carga total por trabajador que soportaban las empresas pasó de los alrededor de 1.600 euros mensuales en el año 2000 a los casi 2.500 euros en 2008, es decir, 1.000 euros más al mes. Sin embargo, desde entonces, la cifra se ha mantenido bastante estable hasta 2016, cuando se situó en 2.650 euros.

Atendiendo únicamente al coste salarial total por trabajador, la cifra se situaba en unos 1.264 euros mensuales en 2000, antes de superar en 2011 los 2.000 euros, una vez llegado el climax de la crisis. Desde entonces los esfuerzos por frenar el incremento de los salarios han estabilizado también este indicador hasta 2016.

En busca mayor inversión

Con este adelgazamiento, las empresas aseguran haber ganado competitividad (también la reducción de plantillas) y haber podido mantenerse en pie en muchos casos. Sin embargo, esa circunstancia no ha evitado que la crisis se haya dejado notar en los márgenes que las empresas emplean para invertir.

La cifra alcanzaba los 63.236 millones de euros en 2016, lo que supone un 28,2% menos que en 2008. Sin embargo, los datos del PIB del primer trimestre de 2017 muestran un alentador repunte del 2% en la formación bruta de capital fijo y, dentro de ella, del 2,4% en el caso de la inversión en bienes de equipo.

El desapalancamiento

Antes de poder empezar a invertir, los sectores institucionales se han deshecho de mucha deuda contraída antes de la crisis. En este sentido, la reducción del apalancamiento de las familias ya supera el 20% y el de las empresas ronda el 24%.

Sin embargo, el Estado, tratando de aliviar las necesidades de financiación y de cubrir la mora e impagos de comunidades autónomas y ayuntamientos ha tenido que incrementar, en cambio, su deuda pública.

El gran problema de la deuda pública

Como resultado de ese proceso, la deuda pública del conjunto de las administraciones públicas ha superado los 1,1 billones de euros, cuando antes de la crisis no alcanzaba el medio billón. En términos de PIB supone más del 100% y eso, junto a la escalada del gasto en pensiones –hay unos 800.000 pensionistas más que en 2008 y el gasto mensual ha aumentado en unos 2.500 millones–, es el gran problema económico de España, según muchos economistas.

De la ‘burbuja’ a la deuda pública. Porque una vez España logre salir del brazo correctivo de la UE cuando reduzca su déficit por debajo del 3% del PIB en 2018, como es previsible, se enfrentará a un proceso de control similar al de los últimos años. La UE mandata que la deuda se sitúe en el 60% del PIB en 2020, lo que da una idea del esfuerzo pendiente, a menos que los parámetros de Bruselas se relajen dado que no solo España está en esta situación dentro de la Unión.

¿Qué ha mejorado?

Con todo, hay indicadores que hablan de una economía que crece más sana que antes de la crisis. En primer lugar las balanzas. España ha pasado de tener un déficit en su balanza comercial de 85.000 millones de euros en 2008 a reducirlo hasta los 18.754 millones en 2016. Han jugado en este terreno un papel fundamental las exportaciones de bienes y servicios que, aunque especialmente escoradas hacia el mercado nacional, han alcanzado cifras récord en los últimos trimestres.

La economía crece con un patrón más sano en el que comienza a repuntar la inversión

De acuerdo con los datos publicados este miércoles por el INE, las exportaciones aceleraron cuatro puntos su crecimiento interanual en el primer trimestre, desde el 4,4% al 8,4%, mientras que las importaciones incrementaron 4,1 puntos su avance interanual, hasta el 6,4%.

También ha mejorado notablemente la balanza por cuenta corriente, que mide lo que produce y lo que gasta la economía. España registraba en febrero de 2017 un superávit de 200 millones de euros, frente al déficit de 104.600 millones de euros de 2008.

Además, la escalada desbocada de los precios de la vivienda es hoy otra cosa. El valor de los pisos, que avanzaba mes a mes a un ritmo de dos dígitos en los años previos al estallido de la ‘burbuja’, crece hoy por hoy en tasas moderadas de entorno al 1,5%, según datos de Fomento, lo que ha permitido también que las rentas brutas que destinan las familias a la compra de una vivienda se mantenga en torno al 33% y no cerca del 50%, como en los años precrisis.